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‘Veneno’, el lince que caza gatos callejeros en un pueblo toledano

La captura de felinos, que ha generado alarma social en Cabañas de Yepes, es un comportamiento natural del animal para evitar competencia en su territorio

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El lince que pasea a menudo por Cabañas de Yepes (Toledo)
Un lince llamado Veneno, que se pasea desde hace unas semanas por Cabañas de Yepes (Toledo), mientras intenta dar caza a un gato.Foto: CEDIDA

Encima de un muro, a la sombra de una higuera, dando una vuelta con tranquilidad por las calles… Veneno, un lince ibérico, se ha convertido en un inesperado vecino más de Cabañas de Yepes, un pequeño municipio toledano de 316 habitantes. Desde hace un mes, entra en el pueblo casi a diario. Llega desde el valle cercano en el que vive y sigue una ruta que parece haber aprendido hasta que atraviesa el pueblo, sin inmutarse ante la presencia humana. Como si lo hubieran domesticado.

Todos lo conocen, también su afición por capturar gatos de la colonia felina del municipio ―controlada por una asociación―, lo que le ha catapultado a la fama en las redes sociales y ha generado alarma social. Un comportamiento que responde a su ecología: el felino actúa como en la naturaleza, donde controla a mamíferos de tamaño pequeño y mediano, para evitar la competencia en su territorio. Los técnicos de la Junta de Castilla-La Mancha del programa del lince no tienen constancia de que Veneno se coma a los gatos, algo que no sería habitual, y tampoco han recuperado ningún cadáver, pero no dudan de la veracidad de las imágenes que muestran cómo los captura.

“Aparece casi todas las noches por los alrededores de mi casa y el otro día estuvo durmiendo en una rotonda, donde le podrían haber atropellado”, cuenta Almudena Díaz, responsable de la asociación de gatos comunitarios Almas Felinas de Cabañas de Yepes, sentada este jueves en el bar de la plaza del pueblo. Aclara que no está en contra de los linces, pero le preocupa su seguridad y también quiere proteger a los gatos que quedan. “Ha matado a unos 20 gatos, calculo, y deben quedar ocho″, comenta. En una mesa cercana, Epifanio Platero recuerda cómo lo vio “anoche en una pared, porque pega unos saltos impresionantes”. “Aunque había gente mirándolo, estuvo un rato tranquilo, hasta que decidió marcharse”, rememora.

Veneno nació en 2024 en la población de los Montes de Toledo y llegó al municipio en otoño del año pasado. Se afincó en un valle colindante rico en conejos ―base de su dieta―, con abundante matorral, cuevas para esconderse y agua. Allí encontró a Tara, una hembra, dos años mayor que él, asentada en la zona desde 2023. Este año probablemente ha criado, aunque los cachorros son todavía demasiado pequeños para que los agentes de medioambiente los hayan detectado.

A pesar de que la mayor parte de los ciudadanos de Cabañas están encantados con la presencia del lince, son conscientes de que no es sostenible que un animal salvaje continúe así. Tiene que regresar a su hábitat. Francisco Sánchez, coordinador de los programas de lince ibérico en la comunidad autónoma, explica que les preocupa, además de la alarma social que está generando por los ataques a los gatos, el riesgo de transmisión de enfermedades de los gatos a los linces. “También existe el peligro de que el ejemplar sea atropellado, la principal causa de mortalidad no natural a la que se enfrenta la especie”, añade.

La situación se ha desbordado tras la publicación en redes sociales de vídeos en los que aparece el lince capturando o persiguiendo a algún gato. “Viene gente de otros pueblos para intentar verlo y hacerse selfies, y no se puede acosar a un animal así”, explica el alcalde Jorge Ignacio Ors.

Este miércoles, el Ayuntamiento convocó una reunión con vecinos y responsables del programa de introducción del lince de la Junta de Castilla-La Mancha para explicar cómo comportarse ante la presencia del animal. Veneno, como si supiera que aquello tenía que ver con él, decidió pasar por delante de la Casa de Cultura donde celebraba el encuentro. “Fue surrealista, estábamos con las recomendaciones, cuando alguien gritó: ‘¡Qué está el lince!’, y se fue todo el mundo a verlo; nos quedamos cuatro en el salón de actos”, recuerda el coordinador del programa lince. Tampoco le extraña lo ocurrido por la atracción que genera la especie, pero “no puede ser que le veamos salir por una esquina con 12 personas detrás con perros, carritos…”.

Sánchez no conoce ningún caso de un ataque de un lince a una persona, excepto algún accidente ocurrido al manejarlos en los centros de cría. “Pero si se le acosa por delante y por detrás o hay personas que se acerquen con perros, podría sentirse acorralado”, advierte.

Para intentar convertir el espacio en “menos acogedor” para Veneno, han pedido que no se deposite comida o agua en la calle para los gatos. En caso de que sea necesario, debe hacerse a una hora concreta y retirando el sobrante. Tratan a la vez de ahuyentarlo con palmas, voces u otros ruidos, hasta que regresa al campo, de forma que asocie ese espacio con un lugar tranquilo, donde no será molestado. “Pero eso solo lo pueden hacer los técnicos, porque podría provocar que saliera corriendo y lo atropellaran”, explica. En cualquier caso, “va a ser un trabajo a medio plazo”.

El alcalde, por su parte, ha puesto a disposición de la asociación felina un local para resguardar a los gatos que han sobrevivido. “Los tendremos aquí hasta que el lince deje de frecuentar la zona e intentaremos dar en adopción a los que podamos”, responde Díaz, consciente de la dificultad de mantener encerrados a unos gatos acostumbrados a ser libres.

Miguel Clavero, investigador de la Estación Biológica de Doñana, y otros científicos señalan en un artículo publicado hoy en The Conversation que es previsible que esta situación se repita ante la notable recuperación de la especie. “Que un lince ibérico mate gatos domésticos no deja de ser su comportamiento natural como superdepredador en ecosistemas mediterráneos”, aclaran. Los linces cazan a zorros, meloncillos, ginetas o tejones cuando se encuentran dentro de los límites de sus áreas de campeo.

Por lo tanto, “un lince no distingue entre un carnívoro silvestre y un gato doméstico y, si hay gatos viviendo en su territorio, intentará eliminarlos”. Este comportamiento, añaden, puede generar rechazo en los colectivos que cuidan a los gatos que viven en colonias. Pero recuerdan que estos gatos viven, en general, en malas condiciones. Y, además, matan muchísimos animales. La solución para este grupo de científicos no es “limitar al lince, sino entender que, por su seguridad, por la salud pública y por la integridad de la fauna, el lugar de los gatos domésticos no es la calle, sino el hogar, o, cuando esto no sea posible, recintos confinados”.

El alcalde, Jorge Ignacio Ors, explica que han pedido este año una subvención junto con otros municipios de la zona para cumplir con la ley de bienestar animal que obliga a los ayuntamientos a gestionar las colonias felinas. Los gatos deben ser esterilizados, se deben establecer programas de control sanitario y contar con cuidadores autorizados. El objetivo es reducir la población de gatos callejeros.

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