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Lemus, el rapero charro que regenera la música tradicional de Salamanca: “El folclore no es un fósil”

El artista salmantino mezcla cante popular con bases electrónicas, flamenco y rap y pide evitar el purismo

Parte de la joyería tradicional que Lemus utiliza en sus espectáculos.Emilio Fraile

Traje charro tradicional sobre tatuajes transgresores y sonidos modernizados con techno y rap. Letras de canciones sobre el campo salmantino donde se cuelan alusiones a Dolce&Gabbana. El rapero charro Ángel Rodríguez García Lemus Hernández, de 25 años y más conocido en Salamanca y en la esfera musical como Lemus, combina lo convencional y lo rompedor en una mirada a su pasado: está regenerando el folclore provincial, durante décadas denostado, mediante ritmos urbanos, electrónicos y flamencos. “El folclore no es un fósil”, reivindica Lemus, apreciado por los jóvenes y con más discrepancias en los mayores o puristas, que no siempre entienden la constante evolución de la cultura y la adaptación a estos tiempos. Los sonidos, y su aspecto, recuerdan a C.Tangana, a quien admira y a quien frontea: “Él es más rico pero yo soy más guapo”.

El creador nació en Ciudad Rodrigo (Salamanca, 12.000 habitantes), donde desde chaval empezó a rapear con los colegas en un parque y a cacharrear en casa con los programas de edición de vídeo que ahora, autodidacta, usa para componer sus mimados videoclips, cargados de imaginería charra en lo textil, paisajístico y hasta gastronómico, son hornazos de categoría. Lemus reside en la capital de la provincia (146.000), en cuya plaza Mayor churrigueresca cita para explicar su proyecto y ensalzar ese legado musical que está tratando de revitalizar. Varios grupos de universitarios y de inquietos turistas con guía y todo pululan por el conjunto renacentista al que entra por una bocana un joven vestido de negro, con alguno de sus 17 tatuajes asomando entre sus mangas, la perilla y el bigotín perfilados como su peinado. Lemus saluda y conduce a unos míticos almacenes textiles para comprar una de las camisetas blancas, interiores, sin mangas, sobre las que se pone el lustroso traje de charro y las cadenas doradas que le cede su abuela, a quien le encanta que el nieto se implique con los bailes y cantares de toda la vida. “Una S o una M para ir petado, se me ven las entrañas”, bromea el veinteañero, alto y fibroso, a quien las dependientas reconocen cuando les confiesa su tercer apellido y nombre artístico.

Lemus, también autoproclamado Berrako en honor a los míticos verracos de siglos atrás, acaba de publicar un nuevo tema: No te veré morir, con vídeo a juego, junto a la voz de la también salmantina Bego Salazar. Sus canciones evidencian sus temáticas: La Clara, una versión moderna de una vieja canción charra, o Las panaderas, Doña Dolores, Los ojos de mi charra, Vetonia o La primera cena charra, un proyecto folclórico y musical donde plasma la estética y la sonoridad de su tradición. “El joven está más acostumbrado a fusionar, a la música urbana… visual y musicalmente a los mayores les cuesta más comprenderlo, les cuesta más entrar pero es todo para divulgar el folclore y nuestras tradiciones más allá de que te gusten las canciones o los vídeos”, desgrana el músico, quien ha desarrollado su ojo y su oído a base simplemente del ensayo y el error, sin una formación específica aunque ahora le van dando ganas de estudiar más sobre el mundillo musical. “Yo desde pequeño imaginaba movidas”, sintetiza, movidas que ha ido traduciendo en sus composiciones y que aspira a seguir proyectando, discográfica y mánagers mediante, algo inusitado cuando empezó con esta aventura hace solo dos años y pico.

El charro ha bebido del gusto familiar por las costumbres de su tierra, con su abuela, madre o tío habitualmente vestidos con los trajes típicos que él mismo ha ido heredando y que lucía de chaval junto a sus dos hermanos con todo el orgullo. Ángela Hernández, de 82 años, enseña henchida el recorte de prensa y rememora su consejo cuando el chaval le confesó sus planes: “Es tu sueño, persíguelo”. Poco a poco fue cultivando este acervo y, aunque el principio sorprendiera más de lo que sus parientes ahora admiten, renovándolo y adaptándolo a los usos y sonidos de su generación. Tanto que sus amigos, inicialmente poco interesados en las tradiciones que Lemus refrescaba, le han ido cogiendo ganas e investigan por su cuenta en aquello que les han transmitido sus mayores aunque antes no le hicieran tanto caso. Varias veces le ha pasado, asegura sobre las dificultades de los más veteranos para comprender su línea, que espectadores que no terminan de asimilar su rollo han acudido a charlas o ponencias donde ha participado y después lo han felicitado por su implicación y sabiduría acerca de este recorrido charro que generaciones previas habían olvidado. “No puedes juzgar el libro por su portada”, sostiene, sobre ese potencial público a quien le puedan intimidar sus pintas o, en cambio, verse atraídos por su flow C. Tangana, también renovador de sonidos convencionales y mencionado como Pucho III en un tema de Lemus y nombrado de soslayo en alguna de las canciones.

El protagonista, algo avergonzado al confesar que la gente de Salamanca ya lo va conociendo por la calle o en los bares, lamenta una “brecha”, en forma de la Guerra Civil y del franquismo, por la cual el folclore de territorios como el salmantino o el vinculado a Castilla se vieron teñidos de una pátina vetusta y engullidos por lo andaluz como reflejo ficticio de la tan rica y diversa tradición española. Lemus exhibe esta mezcolanza hasta en lo estético: sí, viste de charro, pero con matices. Luce dos collares dorados, uno al cuello y otro colgado de la cintura, retira su aro y su brillante de las orejas y se pone dos pendientes de su abuela Ángela, mantiene el clásico botón charro que lleva colgado del lóbulo, se arremanga la pernera del pantalón y muestra un tatuaje del verraco de Ciudad Rodrigo. El creador reitera que su gran afán consiste en la divulgación de lo que ha recibido de su provincia y que luego ya habrá tiempo de que el público lo compre o no, le guste o no, pero que al menos tenga constancia de ese legado que sigue latiendo en 2026: “No entiendo al purista que dice que lo suyo es la verdad, todo está mezclado, es imposible llegar al origen, a la primera música charra. Lo popular es un teléfono escacharrao”.

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