Óscar Mulero, DJ y productor: “Ahora se usa la electrónica hasta para musicar un ascensor”
El artista, referente de la escena ‘techno’ mundial, explorador de varios géneros y fundador de dos sellos discográficos, ha sido distinguido con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, que concede el Ministerio de Cultura

Óscar Mulero (Madrid, 55 años) es una de las grandes referencias de la música electrónica mundial, y por ello ha sido distinguido con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, que otorga el Ministerio de Cultura. Comenzó en el underground, en 1989, y ahora le premian entre personajes variopintos, de Christina Rosenvinge a Karina, de Suso33 a María del Monte, de Los Chichos a Manuel Vicent.
Además de su faceta como DJ, ha fundado los sellos PoleGroup y Warm Up, y produce su propia música, donde, además del techno transita por otros estilos como el ambient. Su último trabajo, Il poema, un disco a medias con el italiano Pyramidal Decode, y que toma como hilo conductor La divina comedia de Dante Alighieri.
Vive en Gijón, donde, hace 16 años, se mudó en busca de tranquilidad y tiempo. Desde allí responde. Eso no quita que su profesión le haga viajar mucho: viene de pinchar en Tiflis, Georgia, y el anuncio de su medalla le cogió en Los Ángeles. “Ni se me pasaba por la cabeza algo así”, dice por videollamada desde Gijón. “La que más se emocionó fue mi madre”.
Pregunta. ¿Es el techno una de las Bellas Artes?
Respuesta. Creo que esta medalla muestra que por fin hemos hecho hueco en el mapa cultural. No lo recibo como un premio personal, prefiero interpretarlo como un premio a la electrónica de este país. Es bueno que se reconozca como cultura. Espero que siente precedente y que yo solo sea el primero.
P. ¿Se ha visto el techno tradicionalmente como algo marginal?
R. No sé si marginal, pero desde luego no con los ojos con los que se mira otras actividades culturales. Y también me parece importante lo que esto representa de cara al extranjero: hay compañeros y compañeras que me dicen que les parece guay que en España se nos reconozca, cuando en algunos de sus países todavía no les ven como cultura.
P. La electrónica, como dice Javier Blánquez en su clásico libro Loops (Reservoir Books), se ha ido infiltrando en otras músicas. Los estilos urbanos son electrónicos, la electrónica suena en anuncios, tiendas de ropa o recepciones de hotel. Está por todas partes.
R. Yo creo que una razón es que te permite compaginar de forma rápida, en diferentes pinceladas, muchos estilos. Se pueden dar muchos matices. También es la revolución más cercana, nació en los 90. Pero es cierto que ahora se usa para cualquier cosa, desde publicidad hasta para musicar un ascensor. Se recurre mucho a la electrónica, porque es muy versátil.
P. Pero usted viene del rock.
R. Sí, yo vengo concretamente de la escena del post punk, es el tipo de locales por los que empecé a salir y en los que empecé a pinchar. Me fascinaban Joy Division, Bauhaus o The Chameleons. Mi aproximación a la electrónica viene luego con el Electronic Body Music (EBM) y el industrial. Y siempre he escuchado rock. Por ejemplo, escucho muchísimo a PJ Harvey [tiene el rostro de la música británica como imagen de WhatsApp].
P. Siempre ha transitado por el lado oscuro.
R. Eso es casi un estigma que me han ido colocando, igual es por el look que he llevado. Pero a mí me gusta escuchar de todo. En el post punk, por ejemplo, también se encuentran cosas bastante luminosas. Aunque es cierto que no me genera ninguna reticencia la oscuridad, y disfruto escuchando música con tintes melancólicos.
P. Hasta las fotos que cuelga en Instagram tienen esa oscuridad…
R. Lo de hacer fotos es una mera afición. Me dicen que exponga, que haga algo, pero cuanta más fotografía veo, porque siempre he ido a exposiciones, menos ganas tengo. Solo quiero mostrar donde me lleva la música. Y lo de la oscuridad… ¡al final la gente va a pensar que no tengo luz en casa!
P. Por lo que veo, al menos tiene las paredes blancas. Oiga, el techno es música, pero también algo más que música. Le apela a uno de otra manera. El ritmo, los graves… tiene algo místico.
R. En la pista de baile, con poca luz y el sonido adecuado, incita a un viaje interior. Tiene una parte mental especial, fomenta la imaginación. De hecho, los DJ de la vieja escuela trabajamos mucho con sesiones largas que sean precisamente eso, un viaje musical, que tenga como un guion. Si fuera solo algo físico, te bastaría con ir al gimnasio.
P. ¿Cómo se relaciona su faceta de DJ con la de músico?
R. Me cuesta mucho compaginar el curro del estudio con estar girando constantemente. Es lo más difícil: estar los fines de semana haciendo bolos y crear el resto de la semana. O cuando paso mes y medio fuera… Así que intento aprovechar cualquier rato para trabajar, para apuntar ideas. Lo hago en viajes, aeropuertos, hoteles… Para mí hacer música todo el rato es importante, casi una necesidad. Es como hablar con alguien, sacar cosas de dentro. Y este método me funciona bien.
P. ¿Y artísticamente? Supongo que en el estudio puede usted pensar menos en la pista de baile, explorar ritmos más pausados, otras atmósferas…
R. Sí, aunque depende del set que vayas a realizar en la pista. Algunas sesiones largas, all night long, pinchando seis, siete u ocho horas, permiten hacer un recorrido más variado que cuando pinchas dos horas en un cartel con más artistas. Los sets largos me aportan mucho.
P. ¿No se aburre pinchando tanto rato?
R. ¡No! ¡No te da tiempo a aburrirte! Estás totalmente enfocado. También depende del ritmo que le imprima cada uno en cuestión de transiciones y mezclas. La tecnología actual me permite trabajar mucho por capas, utilizando solo determinados momentos de canciones y a partir de ahí construir cosas nuevas. Y eso exige rapidez y concentración. A veces el agotamiento es más mental que físico. Pero el tipo que trabaja ocho horas en un andamio seguro que se agota más: eso es duro y no lo nuestro.
P. Pero su trabajo tiene mucha dureza: viajar tanto, currar de noche, fines de semana...
R. Lo que más noto con los años es el cansancio de los viajes… Es exigente, de modo que hay que cuidarse, mantener la forma física, escuchar a tu cuerpo (que a cierta edad ya es inevitable). Pero la otra parte es disfrute, pasión, y eso fluye cuando estás ahí arriba.
P. ¿En qué sitios lejanos ha actuado?
R. Yo creo que lo más lejos es Australia, literalmente al otro lado del mundo. El viaje es criminal, 33 horas de vuelta, por ejemplo. Me resulta duro cruzar el charco hacia América, viajar a Asia...
P. ¿La escena techno es igual en todo el planeta?
R. Las diferencias en el público se notan muchísimo. Y he acabado entendiendo que la gente reacciona de diferente manera porque su carácter está moldeado por las costumbres o la política de su país. Ese se permea en la expresión corporal, en la manera de vibrar con la música.
P. Póngame un ejemplo.
R. Me frustraba mucho en los primeros bolos que hice en Japón. Me decía: “Esta gente no reacciona, igual no he acertado con el discurso musical”. Pero es que su cultura es poco propicia a la expresión corporal, muy respetuosa con eso, de poco contacto físico, aunque estén disfrutando muchísimo y tengan un gran nivel cultural.
P. ¿Y la gente del techno comparte el mismo aspecto?
R. En la vestimenta sí se ve más homogéneo, como suele ocurrir en las tribus del rock o de los metaleros.
P. En el techno he visto desde macarras de barrio hasta artistas contemporáneos muy esnobs. ¿Engloba mucho tipo de gente? ¿Se ha democratizado?
R. Eso está pasando en general, igual que ves al presidente del gobierno en algún festival de Benicàssim. Es normal que ocurra. Las redes han acercado al techno a mucha más gente.
P. ¿Cómo lleva todo esto a los 55 años? Supongo que la edad del público se va alejando, como les pasa a los profesores.
R. Sí, eso ocurre. La gente que va a los clubes suele estar siempre en la misma franja, entre veintena y la treintena; y hay recambio generacional, cosa que se ve menos en el rock o en el indie. En lo que hay más diversidad es entre los que actuamos, que somos de varias generaciones. Pero a pesar de las diferencias de edad, lo importante es transmitir a través de la música.
P. El techno siempre ha tenido un aire maquínico y futurista… Pero ahora el futuro no pinta bien.
R. Es cierto que el techno se ha asociado al futuro, a la ciencia ficción, y la tecnología ha permitido avanzar mucho. Y, efectivamente, el futuro no pinta muy bien, así que creo que al menos a través de la música podemos agarrarnos a algo que nos haga levantarnos por la mañana, e incluso utilizarla como vía de escape.
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