Paulino se convierte en juez por oposición a los 64 años: “Ha sido duro, he sido un verso suelto”
Felipe VI lo buscó para darle la enhorabuena entre los 121 nuevos togados de la Escuela Judicial, que promedian los 29 años. Dice que ejercerá mientras pueda una profesión que puede prorrogar hasta los 72


“Paulino, Paulino… ¿Dónde está Paulino?”. preguntaba este martes el rey Felipe VI. Se acababa de hacer una fotografía junto a los 121 nuevos jueces salidos de la 74ª promoción de la Escuela Judicial, pero preguntaba por uno en concreto. “Allí, allí”, respondían algunos. Y de repente se abrió un pasillo y, sin saber cómo, Paulino apareció frente al Monarca. Y echaron unas risas, después de que Felipe VI le dijera: “Tiene un mérito enorme, ¿cómo te metiste?”. “Pues quizás si me lo hubiera pensado mucho no me hubiera metido”, respondía ante la mirada también de la presidenta del Consejo General del Poder Judicial, Isabel Perelló, una de quienes lo aprobaron, porque presidió el tribunal que lo evaluó. Paulino Jesús Martín Alonso es un nuevo juez que llama la atención sobre todo porque dinamita una estadística, la de la edad. Su promoción promedia una edad de 29 años que él se ha encargado de elevar: la semana que viene cumplirá los 65. Dice que ejercerá mientras pueda y avisa que la jubilación obligatoria no es hasta los 70 años, dos más si se prorroga. Una advertencia de que tiene cuerda para rato.
El Rey no fue el único que lo buscaba este lunes tras el tradicional acto de entrega de despachos celebrado en Barcelona. “¡Fenómeno!”, le espetaba uno de los padres de una compañera, quizás más joven que él. Otro se acercaba para expresarle la “enhorabuena, porque te lo mereces”. Su condición de mayor no ha pasado desapercibido en el camino para cumplir un sueño que arrastraba desde hacía 20 años, pero que durante muchos años persiguió muy poco a poco, el que le permitía su vida. Tampoco para él —“ha sido duro y he sido un verso suelto”, dice acerca del último año— que, según explica, entre los dos meses que pasaron desde que aprobó para enrolarse en la Escuela Judicial y el inicio del curso “invertí dos meses en mentalizarme que iba a estar rodeado de gente con 30 o 35 años menos que yo”. Mientras llegan compañeras para saludarlo e intercambiar felicitaciones mutuas, admite que ha tenido algunas ventajas por su condición de abogado. Y algunas desventajas por su condición de canario: “Es que como los canarios, yo hablo despacio, y eso va en contra cuando estás ante el tribunal”.

Paulino, Suso en su círculo más familiar, nació en el humilde barrio de Zárate de Las Palmas de Gran Canaria —“eso, ponlo por favor”, dice señalando con el dedo la libreta—. Está divorciado y tiene un hijo que prepara unas oposiciones para tener plaza pública de maestro de Educación Infantil. Ha ejercido 30 años de su vida como abogado, pero también fue el gerente de la mancomunidad municipal de Medianías, en Canarias, y fue director nacional de Cruz Roja Juventud. “Voy a echar de menos Canarias”, se lamenta. Su próxima parada está en Amposta, donde ocupará el juzgado cuyo despacho le entregaron este lunes. No ha logrado ninguna de las cuatro plazas que estaban en juego en Canarias. Pero cumple el sueño de cambiar de tercio en el mundo del Derecho: “Estaba cansado de ser abogado. Ser abogado es partidista, favorece una parte destacando solo una parte y escondiendo la otra y, a veces, quiere decir defender lo indefendible”. Por contra, para él, ser juez supone defender esa posición del Derecho como “sistema que prevalezca la neutralidad”.
Si el nuevo juez quiere destacar el lugar donde nació y creció, Zárate, es porque representa que se puede ser juez sin ser de ninguna “casta”, tal y como poco antes defendía en su discurso Perelló y resaltan últimamente las estadísticas del CGPJ. Y lo dice aunque llegue a la carrera con casi 65 años y tras siete años —la media para sacarse la oposición son algo más de cinco— levantándose cada día “arrastrando los pies” por el cansancio acumulado y lo que le esperaba todavía de jornada. De 6 a 14 horas diarias de estudio o estudio combinado de trabajo. Explica que hace siete años dejó de ejercer como abogado porque ganó un juicio que le dio réditos para dejarlo una temporada y centrarse en los estudios. Cuando se acabaron los fondos, tuvo que compatibilizar ambas cuestiones y renunciar a lo que más le gusta del mundo: “No hacer nada”.
Conseguida la plaza no cree que mucho vaya a cambiar. “No creo que tenga mucho tiempo libre, la Administración de Justicia está saturada y los jueces se tienen que llevar casos a casa”. En apenas una hora ha asumido el discurso que ayer mismo desplegaba su jefa Isabel Perelló: “En nuestro país la media de jueces por habitante está muy por debajo de la europea, unos 11 jueces por cada 100.000 habitantes, frente a los 17 en Europa”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
























































