Castilla y León ignoró peticiones de agentes forestales para volver de vacaciones al principio de la emergencia
El Gobierno de Alfonso Fernández Mañueco consideró que había “suficientes medios” y no permitió a efectivos que cancelaran su descanso


La Junta de Castilla y León ignoró al principio de la emergencia por los incendios al menos seis propuestas de agentes forestales que se ofrecieron a cancelar sus vacaciones y colaborar en la extinción de los incendios, según una de las solicitudes que han mostrado a EL PAÍS. Los ofrecimientos, según los guardas, no recibieron respuesta. “Había personal que estaba con la familia en pueblos viendo todo arder”, señala uno de ellos.
Uno de los agentes explica que quiso desplazarse desde su provincia a León para colaborar. Por eso, registró una petición formal, a la que no obtuvo respuesta. Otros compañeros lo hicieron verbalmente, pero tampoco los llamaron para trabajar. Varios días después, el 17 de agosto, según publicó eldiario.es, la Dirección General de Patrimonio Natural y Política Forestal, envió un mensaje a los jefes de servicio reclamando de forma “urgente” que se llamara al personal de vacaciones o descanso para que se reincorporaran las bases.
El presidente castellano y leonés, Alfonso Fernández Mañueco, había asegurado esa semana que la Junta contaba con “suficientes medios” y “el problema” no era “de los operativos ni de falta de medios” sino de las “circunstancias meteorológicas excepcionales”. La consejería de Medio Ambiente ha tildado las peticiones de los guardas forestales para suspender sus vacaciones como un “bulo” pese a que constan por escrito.
Informes internos
La Unidad de Planificación y Análisis de Incendios Forestales autonómica avisó al menos desde el 1 de agosto de la inminente ola de calor y los niveles “altos” o “muy altos” de probabilidad de ignición y de propagación. Este periódico ha accedido a los boletines diarios elaborados por técnicos de la Consejería entre el 1 y el 23 de agosto donde vaticinaban el riesgo. Como ejemplo, el informe del 1 de agosto preveía un “aumento notable de las temperaturas para la próxima semana con aviso AEMET [Agencia Española de Meteorología] por ola de calor” y auguraba un riesgo de incendio “muy alto-extremo”. “Se prevén propagaciones rápidas asociadas a los vientos intensos. Se recomiendan despachos iniciales contundentes”, recogen.
Al conocer esos informes, la consejería de Medio Ambiente decidió el mismo 1 de agosto aplicar la alerta por riesgo meteorológico de incendios forestales para la semana siguiente, lo que supone la prohibición de realizar trabajos de mantenimiento en los bosques. Con los días, los informes recalcaban que aumentaba el riesgo al reducirse la humedad y elevarse el calor sobre una crecidísima vegetación tras la primavera lluviosa. A pesar del riesgo, algunos bomberos denuncian que hubo “cuadrillas que pertenecen a subcontratas” que mantuvieron esos trabajos en los montes.
El informe del 8 de agosto, fecha en la que se declaró el primer fuego en El Bierzo (León) —un día después se declaró el incendio de Yeres, que quemó el Patrimonio de la Humanidad de Las Médulas—, afirmaba: “La probabilidad de ignición estará en niveles muy altos y el índice de propagación en niveles muy altos”. También vaticinaron “humedades extremadamente bajas” y nulas precipitaciones sobre combustible (vegetación) seco. Las previsiones acertaron y ese fin de semana estalló la crisis, con grandes incendios en León y Zamora.
En los boletines, de unas 10 páginas cada uno, se recopila el número de incendios activos cada día, los focos declarados, la jornada previa, un resumen de la meteorología esperada y del peligro de incendios para las próximas horas, además de la situación atmosférica o radiosondeos. También incluyen varios mapas sobre las masas de aire y sus movimientos, las rachas de viento, las temperaturas y las humedades máximas y mínimas, las anomalías de temperaturas, las precipitaciones acumuladas y previstas, la probabilidad de ignición y varios parámetros sobre incendios. A pesar de los riesgos que avisaban los informes conocidos por la Junta desde el 1 de agosto, numerosos retenes de bomberos han criticado que apenas hubo medios al inicio de muchos de los incendios declarados en Castilla y León.
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