Las rentas bajas ganaron más poder adquisitivo que las altas durante la última crisis inflacionaria
El 10% más pobre vio incrementados sus ingresos reales en un 50% entre 2017 y 2023, según el Instituto de Estudios Fiscales. Pese a ello, España mantiene niveles de desigualdad muy elevados


La evolución de la renta disponible de los hogares españoles entre 2017 y 2023 evidencia un cambio relevante de tendencia en un periodo marcado por el impacto de la pandemia y por la posterior crisis energética, en la que la inflación se disparó a niveles que no se habían visto en décadas. Un reciente informe del Instituto de Estudios Fiscales (IEF), dependiente del Ministerio de Hacienda, concluye que los hogares con menos recursos y los de nivel medio incrementaron su poder adquisitivo en mayor medida que los de más capacidad económica, sobre todo gracias al efecto de las políticas públicas desplegadas en esos años.
En términos agregados, la capacidad económica de todas las familias creció por encima de la inflación a lo largo del periodo analizado. Sin embargo, el informe subraya que el dato medio oculta diferencias significativas cuando se desciende al detalle de la distribución por niveles de renta. Es precisamente al analizar la evolución por perfiles donde se aprecia con mayor claridad el carácter desigual de ese crecimiento y la intensidad con la que las mejoras beneficiaron a unos hogares frente a otros.
El documento, elaborado por los investigadores María Joaquina Barroso Pérez y Miguel Gómez-Antonio, divide a los hogares en diez grupos iguales según su nivel de ingresos, del 10% más pobre al 10% más rico. A partir de ahí, los expertos comparan la evolución de su capacidad adquisitiva con la inflación acumulada —medida a través del IPC de diciembre de cada año— para calcular la renta disponible equivalente, un indicador que tiene en cuenta el tamaño y la composición de cada hogar. Este enfoque permite observar con detalle cómo evolucionaron los recursos en cada tramo y constatar que el crecimiento fue claramente desigual según la posición en la distribución, con avances mucho más intensos en los niveles más bajos que en los superiores.
El 10% más pobre, por ejemplo, vio incrementada su renta disponible un 43,4% entre 2017 y 2023, porcentaje que asciende al 50,7% si se mira la renta disponible equivalente, un indicador técnicamente más exacto. El siguiente grupo, que conforma el segundo decil, mejoró un 17,8% y un 21,5%, respectivamente. El 10% más acaudalado, sin embargo, lo hizo solo en un 5%.
Este comportamiento dispar responde a una combinación de factores que actuaron con especial intensidad sobre los hogares menos pudientes. Entre ellos, destaca el papel de las prestaciones sociales, que constituyen el principal soporte económico en los grupos inferiores. En los dos primeros deciles, estas transferencias superan el 60% de los ingresos brutos, lo que evidencia hasta qué punto estos hogares dependen del sistema de protección social.
Junto a ello, los investigadores destacan la evolución al alza del salario mínimo interprofesional (SMI), que también ha desempeñado un papel determinante. En el periodo analizado, el mínimo salarial acumuló un incremento superior al 46%, lo que tuvo un impacto directo sobre los trabajadores con remuneraciones más bajas y contribuyó a reforzar su poder de compra en un contexto de fuerte encarecimiento de los precios.
También fue clave la revalorización de las pensiones, especialmente en los tramos inferiores, donde se concentra una parte importante de los hogares de mayor edad. Las pensiones no contributivas aumentaron un 46,5% en el periodo, mientras que las contributivas lo hicieron un 18,8%, lo que permitió sostener la capacidad económica de estos colectivos en los años de mayor presión inflacionista. El informe destaca, además, el papel del ingreso mínimo vital (IMV), con un alcance mucho menor en términos agregados, pero con impacto directo en los grupos de población más pobres.
En el ámbito fiscal, según destacan los investigadores, varias reformas en el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) ayudaron a mejorar la situación de los contribuyentes con menores ingresos. La elevación de la reducción por rendimientos del trabajo, por un lado, benefició a cerca de una cuarta parte de los declarantes, reduciendo su carga fiscal y reforzando la progresividad del sistema. Por su parte, los límites a la reducción por aportaciones a planes de pensiones y el endurecimiento de los tipos marginales en las ganancias más abultadas de las rentas del capital perjudicaron a los hogares de más ingresos. El alivio a las rentas bajas y el castigo a las altas se produjo, además, en un contexto de progresividad en frío, ya que Hacienda nunca deflactó la tarifa del IRPF.
El resultado de este conjunto de medidas es un crecimiento claramente asimétrico. Mientras que el grupo con menor nivel de ingresos experimentó un aumento de su renta de aproximadamente el 50%, en el grupo más alto el incremento apenas superó el 5%. Como consecuencia, resalta el IEF, la distancia entre los extremos de la distribución se ha reducido de forma apreciable. La ratio entre el 10% más rico y el 10% más pobre pasó de 33 a 1 en 2017 a 23 a 1 en 2023, reflejando un estrechamiento de las brechas más acusadas. Pese a ello, la desigualdad en España muestra una marcada rigidez estructural, ya que el 10% más rico aún percibe 23,1 veces más renta que el 10% más pobre. Esta falta de movilidad social se refleja en un ascensor social bloqueado, donde aproximadamente el 80% de los hogares más ricos y el 65% de los más pobres mantienen su estatus año tras año.
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