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Crítica de cine
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘Los Rose’: la cruel guerra matrimonial de Douglas y Turner es ahora una anodina batallita

La versión de Jay Roach no es una película molesta o terrible. Es, simplemente, olvidable, incapaz de aportar nada en el aspecto artístico

Benedict Cumberbatch y Olivia Colman, en 'Los Rose'.
Javier Ocaña

Con los remakes no se sabe qué es peor: si sablear un éxito del pasado calcando situaciones, diálogos, tono y estilo en la puesta en escena, dando a entender tanto el juicio de inmejorable de lo compuesto anteriormente como la inutilidad de la nueva propuesta; o cambiarlo prácticamente todo para fulminar la esencia de aquello que se convirtió en célebre, y arriesgarse a la inevitable comparación. Los Rose pertenece al segundo grupo, y eso que, en esencia, no se trata de una nueva versión de la formidable La guerra de los Rose, dirigida por Danny DeVito en 1989, sino, según los créditos, de una relectura de la novela de la que partía aquella, publicada por Warren Adler en 1981.

La guerra de los Rose, en versión de DeVito con guion de Michael Leeson, era una comedia negra de poso amargo en la que subyacía una espeluznante visión del matrimonio, de la familia y del divorcio, y una descacharrante utilización de la comedia física, del slapstick como martillo pilón con el que destruir una institución venerable. Los Rose, dirigida por Jay Roach y escrita por Tony McNamara, es una comedia familiar con ínfulas de gamberrismo ligero, en la que el caso del matrimonio en cuestión nunca da la impresión de trascender a la colectividad, ni de mostrar el lado oscuro, complejo y perturbador de innumerables vidas en común con una nueva generación a la que educar.

Olivia Colman. contra Cumberbatch en 'Los Rose'.

Para empezar, McNamara, coguionista de las vigorosas La favorita y Pobres criaturas junto con Yorgos Lanthimos, ha eliminado la magnífica estructura de la primera versión, asentada en la narración del abogado que interpretaba el propio DeVito, casi a la manera de cuento cruel para adultos, y con ello los desternillantes textos que acompañaban aquellas secuencias. Con posterioridad, se han cambiado los trabajos de ellos, la inmensa mayoría de las situaciones y prácticamente todos los diálogos. En línea con buena parte del cine contemporáneo, se han permutado los papeles entre hombre y mujer (ahora es ella la triunfadora, la que lleva el dinero a casa, mientras él es un arquitecto fracasado dedicado al hogar), y el tono políticamente incorrecto de ciertos personajes se ha suavizado hasta convertir una de sus chanzas en la apoteosis de lo inocuo: en aquella, los dos críos adictos a las chucherías por culpa de la libertad que les da la madre, y visiblemente gordos (decir aquí obesos iría en contra del espíritu de la película de DeVito), acaban siendo unos adolescentes esbeltos; mientras, en esta nueva versión, el padre les quita los dulces, se hacen chistes sobre ello y se llega al mismo desenlace cuando crecen un poco, pero lo más sorprendente es que, en aras de la corrección, los intérpretes de los chavales nada tienen de corpulentos. O haces el chiste y te arriesgas, o no lo haces, pero no lo hagas a medias.

Benedict Cumberbatch, contra Olivia Colman en 'Los Rose'.

Para sustituir a los inmensos Michael Douglas y Kathleen Turner de la primera adaptación, plenos de la necesaria sensualidad que contenía el guion, el nuevo reparto lo encabezan dos magníficos intérpretes, Olivia Colman y Benedict Cumberbatch, que sin embargo carecen de química en común, al menos en el apartado erótico. Algo que parecen haber tenido en cuenta los responsables de Los Rose, eliminando casi todas las secuencias de sexo, aunque añadiendo numerosos textos que revelen su complicidad en la cama: “Quiero follarte” y frases parecidas cada dos por tres.

Los Rose no es una película molesta o terrible. Es simplemente anodina. E incapaz de aportar nada en el aspecto artístico. Roach, jornalero de la comedia de Hollywood sin demasiada personalidad (Austin Powers, Los padres de ella), no ha entendido que, con independencia de la ácida crítica familiar, lo que convirtió a La guerra de los Rose en un clásico fue la creatividad de DeVito en la puesta en escena y el montaje durante la segunda mitad (la de la lucha por la casa, aquí muy reducida en metraje). La nueva versión parece destinada a un olvido más o menos inmediato mientras su predecesora engordará aún más su estatus de clásico con aquella frase reveladora de tantas cosas, del preciso instante del fin, en boca de Turner y aquí desaparecida en combate: “Cuando te veo comer, cuando te veo dormir, cuando te tengo delante, me dan ganas de partirte la cara”.

Los Rose

Dirección: Jay Roach.

Intérpretes: Olivia Colman, Benedict Cumberbatch, Kate McKinnon, Andy Samberg.

Género: comedia. Reino Unido, EE UU, 2025.

Duración: 105 minutos.

Estreno: 29 de agosto.

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Sobre la firma

Javier Ocaña
Crítico de cine de EL PAÍS desde 2003. Profesor de cine para la Junta de Colegios Mayores de Madrid. Colaborador de 'Hoy por hoy', en la SER y de 'Historia de nuestro cine', en La2 de TVE. Autor de 'De Blancanieves a Kurosawa: La aventura de ver cine con los hijos'. Una vida disfrutando de las películas; media vida intentando desentrañar su arte.
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