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El histórico ‘pink panther’ tiroteado en Barcelona regresa a prisión

El Departamento de Justicia restringe el tercer grado del que gozaba el veterano ladrón de joyas, que esperaba una libertad con control telemático

Los Mossos investigan la muerte violenta de un hombre en la calle de Consell de Cent de Barcelona.
Rebeca Carranco

A Predrag Vujosevic le cambió la estrella el 2 de agosto, cuando fue tiroteado mientras paseaba a su perro por el barrio del Eixample de Barcelona. Aquella noche esquivó la muerte, pero perdió la libertad: justicia ha restringido el tercer grado flexible del que gozaba. Con 51 años, y un larguísimo historial delincuencial, su nombre inundó las hemerotecas a principios de los 2000, después de un robo en la joyería Graff, en Londres. La policía le consideró el cabecilla de aquel golpe - cometido en 2003 y valorado en más de 20 millones- del que escapó impune. Y la prensa británica lo remató cuando halló el apodo perfecto para el cómico grupo de atracadores, ataviados con peluca, traje y gafas de sol: panteras rosas (pink panthers), inspirados en las películas que protagonizó Peter Sellers, y la serie posterior de dibujos animados.

Después de espectaculares atracos, detenciones, condenas y ríos de tinta, su nombre se sumió en el olvido. En 2021 volvió a las portadas cuando Vujosevic, alias Marko, fue detenido de nuevo en Tenerife. Aunque ya no robaba diamantes de valor incalculable, ahora se dedicaba a otro negocio tan o más lucrativo que el anterior: el tráfico de cocaína. Pero fue breve: su condenado en 2022 a seis años de cárcel por los 388 paquetes que le encontraron en el maletero de un Citroën Berlingo hallado en Adeje (Tenerife) con 406 kilos de cocaína pasó desapercibida. Aquello se saldó relativamente bien: ni él ni sus dos compinches, también montenegrinos, fueron condenados por formar un grupo criminal, lo que supuso una rebaja de la pena inicial de 11 años que pedía la fiscalía, aunque sí les cayó una multa de 15 millones.

Después de un tiempo en prisión en Canarias, Vujosevic fue trasladado a Cataluña. Cuando intentaron matarle en Barcelona, gozaba de un cómodo y discreto tercer grado penitenciario: dormía en prisión de lunes a viernes, en el centro abierto del barrio de la Trinitat de la ciudad, y los fines de semana podía pasarlos fuera. Precisamente, fue tiroteado un sábado por la noche, cuando caminaba no muy lejos de la casa donde vivía, ahora que ya apenas pasaba tiempo en la cárcel.

Ocurrió en un momento. Eran las once y media, Vujosevic caminaba con su perro por la calle de Comte d’Urgell cuando hombre se acercó, le disparó y huyó. El veterano pink panther acudió por su propio pie al hospital y allí y le operaron con heridas en un brazo. Casi milagrosamente, las balas no afectaron ningún órgano vital. Ahora el Departamento de Justicia ha ordenado su reingreso en prisión. Vujosevic mantiene el tercer grado, pero solo puede salir de la cárcel -ha sido trasladado a otro centro- los fines de semana. Además, estaba pendiente de un tercer grado aún más flexible, que hubiese comportado exclusivamente un control telemático, pero finalmente se ha descartado esa opción.

La Generalitat desvincula la decisión del tiroteo y lo atribuye a “circunstancias disfuncionales” que han impedido que accediese al control telemático. Aseguran que la modalidad “más restringida” de tercer grado por la que se ha optado está vinculada a los cambios de vivienda, las pernoctaciones en hoteles y otras circunstancias que hacen necesaria la marcha atrás en los planes previstos. El Departamento sí admite que se debe a una “involución institucional” del interno. La decisión es contraria a la que se tomó inmediatamente después del intento de asesinato. Vujosevic disfrutó de un permiso extraordinario por el que, durante 15 días, no tuvo que acudir a prisión. Fuentes conocedoras de las últimas decisiones judiciales aseguran que la medida adoptada por instituciones penitenciaras de la Generalitat no se ha hecho por petición del antiguo pink panther.

Los Mossos investigan el intento de asesinato y buscan al tirador que disparó a Vujosevic sin matarlo. La principal hipótesis es que en su tiempo en prisión en Francia, donde Vujosevic fue detenido y condenado en 2005 a nueve años de cárcel por robos en joyerías en el país galo, dio el salto y pasó de ser un pink panther a formar parte del clan mafioso Skaljari, que debe su nombre al barrio de la ciudad montenegrina de Kotor. Y los Skaljari están en guerra con los Kavac, otro grupo nacido en otro barrio de la misma ciudad, después de varios asesinatos cruzados vinculados al tráfico de drogas. Uno de los últimos, el pasado 15 de julio, en Barcelona, cuando fue asesinado el sicario Filip Knežević en Barcelona, de los Kavac. Ocurrió en la calle de Consell de Cent, en mismo barrio del Eixample donde paseaba a su perro Vujosevic. “Todo nos hace pensar que está relacionado”, aseguran fuentes policiales, sobre una posible venganza.

El tiroteo en Barcelona ha devuelto la infausta fama a Vujosevic, al que un policía británico definió como “un hombre bajito... el tipo de personas en la que no fijarías por la calle”. Lo contó en un extenso reportaje The New Yorker sobre los pink panthers, en el que la madre del delincuente contó que su hijo, originario de Bijela, empezó a huir de la justicia con 25 años, después no presentarse al juicio por la muerte de otro conductor con el que chocó cuando se quedó dormido al volante de madrugada. Y el tiroteo también le ha metido el miedo en el cuerpo a las represalias, en esta nueva guerra entre clanes de la droga montenegrinos, que se libra por toda Europa. Solo cinco días después del intento de asesinato de Vujosevic en Barcelona, otro miembro cercano a los Skaljari fue tiroteado -y sobrevivió- mientras pasaba unos días de vacaciones en un hotel cerca de la ciudad costera montenegrina de Budva. Las imágenes de la víctima tomando el sol en la tumbona de una piscina y recibiendo varios disparos se han viralizado en Montenegro.

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Sobre la firma

Rebeca Carranco
Reportera especializada en temas de seguridad y sucesos. Ha trabajado en las redacciones de Madrid, Málaga y Girona, y actualmente desempeña su trabajo en Barcelona. Como colaboradora, ha contado con secciones en la SER, TV3 y en Catalunya Ràdio. Ha sido premiada por la Asociación de Dones Periodistes por su tratamiento de la violencia machista.
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