Entre bastidores de ‘Megalópolis’, de Francis Ford Coppola, una obra maestra del desastre
Un documental proyectado en el festival de Venecia muestra el material grabado durante semanas en el caótico y estrafalario rodaje de la película


Cuando Francis Ford Coppola anunció que al fin realizaría Megalópolis, su filme soñado durante cuatro décadas, hubo celebraciones y temblores. Júbilo, porque la leyenda capaz de crear El Padrino o Apocalypse Now cumpliría su mayor deseo. Preocupación, por si la película no estaba a la altura de sus sueños. O de sus obras maestras. Entre tantas reacciones, el director Mike Figgis, simplemente, le mandó un correo. Le felicitaba y se ofrecía como “mosca desde la pared”. Es decir, para filmar el rodaje, sin interferir. El maestro no contestó durante un tiempo. Hasta que un día envió un escueto mensaje.
―¿Tienes visado? Empezamos la semana próxima.
“Con Coppola las cosas en algún momento irán mal. Así que pensé que mi único deber era plantarme ahí con la batería cargada y el mínimo equipo”, contaba ayer miércoles Higgis, en el festival de Venecia, antes de la proyección de Megadoc. Porque ahí fue, y se quedó durante varias semanas grabando entre bastidores cómo se fraguaba uno de los mayores desastres de la historia reciente del cine. O una genialidad, como sigue sosteniendo una minoría de críticos. La previsión de Higgis, eso sí, se quedó corta: más que mal, las cosas fueron peor. Y él pudo registrarlo. Aunque, a la vez, el documental sirve como homenaje a un visionario, capaz de navegar los mares más tormentosos gracias a una brújula siempre certera: su pasión. Un entusiasta de 86 años dispuesto a seguir arriesgándolo todo con tal de cambiar el cine. Incluidas sus cuotas en varios viñedos, que vendió para alcanzar el presupuesto estimado, de 120 millones.
“Estoy un poco asustado, pero es bueno. Significa que es algo que no sé cómo hacer”, relata Coppola al principio de Megadoc. El propio documental, a continuación, lo demuestra. En los castings, Coppola pedía a los actores decir sus frases como las pronunciaría Hamlet. O Rapunzel. O como si tuvieran “a un hijo que se acabara de marchar a la guerra”. Y muchas más. Colgó en la entrada de los ensayos un cartel que parafraseaba la Divina Comedia de Dante: “Dejad toda preocupación quienes entréis”. Y estableció que tampoco podían entrar las identidades verdaderas: ahí dentro cada uno sería todo el tiempo su personaje. “Estrafalario”, le define su amigo George Lucas. Distinto, sin duda. Único, casi seguramente.

Cada día el plató ofrecía cambios constantes de visión, incomprensiones con algunos intérpretes, extrañezas, gastos abultados seguidos de recortes, despidos y abandonos. Y Figgis seguía filmando. “Como director está más interesado en lo que es vivo”, lo resume Adam Driver, protagonista de Megalópolis. “Desconocía qué había aceptado, y sigo sin saberlo después”, afirma Dustin Hoffman.
A priori, se trata de la historia de un arquitecto que descubre una sustancia con la que pretende levantar una nueva ciudad futurista. Y de sus conflictos con el alcalde de la urbe, de visiones distintas. Pero Megalópolis contiene paralelismos entre Nueva York y la Antigua Roma, reflexiones sobre la ambición y el riesgo creativo, y un enredo que muchos aún no tienen claro a día de hoy si entendieron. Muchos críticos solo vieron grandilocuencia fallida y vacía. Algunos, en cambio, detectaron arte. La actriz Aubrey Plaza, cuando leyó el guion, le dijo a Coppola que era “una pesadilla”. A lo que el cineasta contestó que confiaba en que su filme pudiera “cambiar el mundo”. “Nadie se da cuenta de lo rara que es esta película”, agrega el director. Tal vez por eso tardara tanto en sacarla adelante: Megadoc recupera ensayos de hace décadas donde Uma Thurman, Ryan Gosling o Robert de Niro se preparaban para interpretar Megalópolis.
A lo largo del documental, en realidad, el cineasta insiste en que tiene claro lo que quiere. Y lo cierto es que no para de perseguirlo. Pese a las dificultades técnicas que surgen; a que las pruebas a veces no dan el resultado que esperaba; a las constantes dudas que le plantea otro intérprete, Shia LeBeouf; a su propio agotamiento y cansancio. Pese, básicamente, a todo. “Irá siempre en la dirección contraria a los demás”, apuntó para Megadoc su esposa Eleanor, fallecida mientras tanto.
De entre tantos conflictos, el filme no aborda uno de los más sonados. Coppola fue denunciado por una extra por presunto acoso sexual, y demandó a su vez a la revista Variety por difamación, para desmentir que el rodaje no tuviera los habituales controles y protocolos para evitar precisamente el acoso. Megadoc, por otro lado, tuvo sus propios conflictos. Higgis pactó finalmente con Driver entrevistarle a cambio de no seguir grabándole en el plató, algo que el actor encontraba molesto. Y el agente de la actriz Nathalie Emmanuel puso límites a cómo podía ser filmada su asistida.
El documental sigue al equipo hasta la primera proyección oficial, en el festival de Cannes de 2024. Al fin en la pantalla, después de 40 años, muchos más millones gastados y un periplo accidentado. Aunque Coppola subraya, en el filme, que no importan costes y dificultades, cuando alguien puede lograr una película que le encante. “¿Sabes por qué hago todo esto?”, le inquiere el maestro a LeBeouf, en una de sus múltiples disputas. El actor no da con la respuesta correcta, de ahí que el propio director se la ofrezca: “Por diversión”. En eso Megalópolis pone a todos de acuerdo: se la ha regalado hasta a sus críticos.
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