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La ranita descubierta por Charles Darwin en Chile busca salvarse de la extinción

La especie, endémica de los bosques templados del sur chileno y argentino, aparece después de 30 años en una nueva reserva de la región de Los Ríos y en un punto clave del norte de la isla de Chiloé, en Los Lagos

Ejemplar de ranita de Darwin.Andrés Valenzuela

En 1834, Charles Darwin descubrió en Chile un diminuto anfibio de nariz puntiaguda que lo asombró por su sorprendente parecido con una hoja, gracias a su coloración verde o marrón. Siete años más tarde, fue bautizada Rhinoderma darwinii —o ranita de Darwin— en honor al naturalista inglés. Pero lo más extraordinario de este animal es su singular estrategia reproductiva: entre las más de 9.000 especies de anfibios conocidas, es la única en la que el macho incuba a los renacuajos en su saco vocal hasta completar su desarrollo.

Durante siglos fue habitual en los bosques templados del sur de Chile y en Argentina. Hoy, en cambio, figura en las listas de especies en peligro de extinción, aunque recientes hallazgos de nuevas poblaciones están devolviendo la esperanza a los conservacionistas. En la reserva nacional Mocho Choshuenco fue confirmada su existencia, el 17 de febrero, después de 30 años sin contarse con registros en esta superficie boscosa de más de 7.530 hectáreas en la región de Los Ríos. Una guardabosques, Carla Llanos, identificó su particular silbido –similar al piar de un pollito– el 6 octubre, justo el día que comenzó a trabajar en esta reserva, y esa fue una de las primeras pistas que llevó a su descubrimiento en enero. “Al principio, no pensé que se iba a desarrollar todo un movimiento para buscarla. Y, al verla, sentí mucha felicidad”, comenta.

Arnoldo Shibar, director regional de de Los Ríos de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) –la entidad chilena a cargo de administrar las áreas silvestres y la política forestal–, destaca que, con este registro, la reserva Mocho Choshuenco se incorpora como una nueva área de protección estatal para la ranita de Darwin. “Lo que viene es identificar la población en este lugar y esa es otra investigación que pretendemos desarrollar pronto”, asegura.

En la búsqueda participó la oenegé chilena Ranita de Darwin, que se encarga de la investigación y la conservación de este anfibio y de otros más. Su presidente, el veterinario Andrés Valenzuela, que también es académico permanente de la Sociedad Zoológica de Londres (una institución en la que participó Darwin hace casi 200 años), indica que oficialmente hay 56 poblaciones del animal en Chile y una decena en Argentina, países de donde es endémica. Una de estas últimas fue descubierta a fines de 2025 en un predio privado del norte de la Isla Grande de Chiloé, a unos 1.050 kilómetros al sur de Santiago, y a diferencia de la encontrada en la reserva nacional, su preservación en ese lugar no estaría segura. “Lamentablemente, el sitio donde habita coincide con el trazado de una línea de transmisión eléctrica ya aprobada, cuyos estudios ambientales no consideraron a la especie ni contemplan medidas para su protección”, dijo la oenegé en un comunicado divulgado el viernes. El documento agrega que, para el trazado se planifica la tala de un bosque nativo a menos de 100 metros de la nueva población, lo que “afectaría de forma irreversible el sistema hidrológico del área e impedirá el movimiento de las ranitas”.

En julio de 2025, el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y el Cambio Climático, presidido por la cartera del Medio Ambiente, aprobó un Plan de Recuperación, Conservación y Gestión (RECOGE) de las ranitas de Darwin, en sus dos especies nativas de Chile: la del sur o Rhinoderma darwinii y la del norte o sapito vaquero (Rhinoderma rufum), que están clasificadas en peligro y en peligro crítico, respectivamente. También hay una estrategia binacional para su conservación, conformada por instituciones públicas y privadas de Chile y Argentina.

De Chiloé a Londres

“Charles Darwin escribió en sus apuntes que eran los anfibios más abundantes en los bosques del sur de Chile y hasta los años setenta fue así, incluso tenían presencia en parques naturales cercano a las ciudades de Valdivia [Los Ríos] y Temuco [La Araucanía]. Pero desde la década de los ochentas comienza a desaparecer de muchos de los lugares donde se distribuía y eso es lo que lleva a que la especie sea considerada en peligro de extinción”, explica Andrés Valenzuela.

El veterinario lideró un estudio internacional, publicado en la revista Nature Ecology & Evolution en enero, que dilucida cómo el hongo microscópico quitridiomicosis, que ataca la piel de los anfibios, probablemente invadió Chile desde Asia en la década de 1970 y se transmitió con facilidad en las ranitas de Darwin, generando brotes epidémicos y una disminución acelerada de sus poblaciones. En la investigación participaron científicos de diversas instituciones; entre ellas, las universidades chilenas Andrés Bello y la Austral; y las universidades de Zúrich (la más grande de Suiza), y la francesa Marie y Louis Pasteur.

Este hongo, junto con la pérdida de hábitat, constituye una de las principales amenazas. Por eso, algunos ejemplares son reproducidos en cautiverio en el Zoológico de Londres (dependiente de la ZSL) desde octubre de 2025, cuando 54 individuos fueron rescatados de emergencia, con ayuda de la oenegé liderada por Valenzuela y la Universidad Andrés Bello, desde el parque Tantauco, en la Isla Grande de Chiloé, debido a que casi un 90% de su población (más de 1.300) murió en dos años tras enfermar masivamente de quitridiomicosis. Valenzuela dice que el objetivo es reinsertarlas en su hábitat, cuando sea seguro, y que vuelvan a ser liberadas en su tierra: los bosques del sur de Chile.

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