Abogada, nueve hijos y ‘feminista según la RAE’: Pía Adriasola, la compañera de vida de Kast
Portavoz de las posturas más conservadoras de la derecha de Chile sobre las libertades individuales, debutó en la campaña de su marido conduciendo un camión y luciendo una gran bandera chilena


La infancia de María Pía Adriasola Barroilhet (58 años, Santiago) transcurrió en una zona rural del sur de Santiago de Chile, que con los años se fue urbanizando y hoy se conoce como Bajos de Mena, una de las poblaciones populares del municipio de Puente Alto. Entonces era la tercera hija y la situación económica familiar era “muy precaria”, según la describió ella en el programa de Youtube de la Iglesia Misión Carismática Internacional (MCI) en 2021. La parcela no contaba con agua potable y la extraían de un tranque con manguera para luego procesarla. La calle más cercana por la que pasaba el transporte público quedaba a seis kilómetros de la casa. Cuando tenía 10 años, su padre, agrónomo, había creado un emprendimiento de metalurgia y sufrió un accidente muy grave, que lo obligó a abandonar su negocio. Un amigo le dio trabajo y luego se dedicó a una viña que armó en el terreno. Su madre, de salud delicada, tuvo otros cinco hijos. Adriasola relató en el programa que, pese al contexto adverso, la llegada de cada niño era celebrada como una fiesta. “Eso me marcó mucho. Cada vez que nacía un hijo, traía una alegría”, sostuvo.
Abogada y madre de nueve hijos, que tiene con el candidato presidencial José Antonio Kast, de la derecha conservadora del Partido Republicano chileno, Adriasola comienza a jugar un papel en el tercer intento de su esposo de llegar a La Moneda, aunque diferente al de 2017 y 2021. Hace unos días, en el norte, llegó conduciendo un camión que tenía una gran bandera de Chile en el costado en el marco del lanzamiento de la campaña de su marido en Antofagasta, al que acompañó durante todo su discurso. A diferencia del compañero de la candidata de la izquierda, Jeannette Jara, y el esposo de Evelyn Matthei, de la derecha tradicional, Adriasola está desempeñando un rol público en esta carrera presidencial, donde Kast muy probablemente pasará a segunda vuelta con la postulante del oficialismo.
El encuentro con ‘Anton’
Cuando ella dio la prueba para ingresar a la universidad se debatía entre estudiar música, inglés o párvulo. Para entonces ya sabía que quería formar una familia y decidió aprender algo que, vaticinaba, no le iba a dar su papel de madre. Así que se inscribió en Derecho en la Universidad Católica de Chile. Un día antes del inicio de clases acudió con una amiga al centro educativo y vio a un estudiante de segundo año de la carrera muy delgado, rubio, de ojos azules, que estaba recibiendo a los novatos. El chico que llamó su atención era José Antonio Kast. Cuando éste se presentó, con profunda timidez, le dijo que era “Anton”.
Las primeras invitaciones a salir siempre fueron en grupo hasta que el joven de ascendencia alemana se atrevió a quedar solo con ella y fueron a misa. Ya en la tercera salida, un 21 de mayo de 1986, “se lanzó al abordaje” en un semáforo y se pusieron a pololear [salir]. La relación duró algo más de un año. La diferencia de personalidad era mayúscula. Ella, disfrutona, le gustaba bailar, cantar, socializar y hablar de los sentimientos. Él era hermético, frío y volcado en los estudios.
Cada uno se volvió a emparejar, pero se reencontraron en octubre de 1988. En la segunda salida, él le dijo que se quería casar con ella. Adriasola le respondió: “Yo no te conozco”, esperando un cambio en la actitud que había llevado al quiebre. Durante dos meses no se tomaron ni de la mano y solo conversaron. Luego, volvieron a tener una relación. Los problemas de comunicación y falta de tiempo juntos, sin embargo, también regresaron. Para entonces Kast ya estaba metido en el asunto político universitario y Adriasola se sentía “súper postergada e insignificante” en la vida de su pareja, como contó a la Revista Sábado. El sacerdote Horacio Rivas les sugirió el “martes de pololeo”, un espacio fijo en la agenda para compartir. Ambos pertenecen al movimiento Schoenstatt desde que eran jóvenes y tienen curas amigos que les hacen de consejeros.
Se casaron en 1991 y se fueron a vivir a Paine. Él se comprometió a dejar la política y a dedicarse al negocio de su padre, dueño de la empresa de cecinas y cadena gastronómica Bavaria. El suegro de Adriasola le pasó una oficina donde ésta, junto a una amiga, armó un estudio. El matrimonio tuvo dos hijos con un año y un mes de diferencia y las labores domésticas con las responsabilidades profesionales empezaron a generarle intranquilidad a la abogada. “Tenía el dolor de no poder estar con mis hijos y cuando estaba con ellos tenía el dolor de no poder estar haciendo mi trabajo, entonces era una tensión que no me permitía conciliar y estar en paz”, afirmó el año pasado en el podcast español Aladetres, en el que participó el matrimonio.

Adriasola quería parar un momento antes de tener su tercer hijo, así que fue al doctor, quien le dio pastillas anticonceptivas. Kast le respondió que no se podían usar y nuevamente acudieron donde un cura, quien les dijo que estaban prohibidas y les habló de métodos naturales para evitar un embarazo. En la misma entrevista a Revista Sábado, ella contó que ahí “entendió” que los hombres “son fértiles siempre y que las mujeres a veces”.
En 1996, esperando el cuarto hijo, su marido le pidió permiso para presentarse a alcalde de Buin. Para entonces ya vivían en una parcela de 5.000 metros cuadrados junto a la fábrica de cecinas Bavaria y eran vecinos de los padres de Kast. Ella aceptó, con la condición de que la involucrara en la campaña. Salían a las tantas de la noche a tocar puertas y Adriasola conectó con el trabajo en terreno y la conversación tú a tú en las casas, juntas de vecinos e iglesias. Kast perdió, pero quedó de concejal y nunca más abandonó la política. Los desajustes de horario y los problemas de comunicación volvieron, lo mismo que los martes de pololeo para solucionar la situación. Hoy llevan 34 años de matrimonio y tienen nueve hijos. A ella, sin embargo, le hubiese gustado tener dos más, según ha confesado.
Para lograr conectar con sus nueve hijos, Adriasola los iba a buscar al colegio -salían en diferentes horarios- y se sentaba a tomar la leche con cada uno para que le contaran de sus vidas. En los desayunos participa toda la familia y en las noches, muchas veces, come solo ella con los que están en la casa. No permite que se use la lavadora de platos porque le gusta la instancia que se produce cuando sus hijos recogen y limpian la cocina.
Su interés por la guitarra, la composición de canciones litúrgicas y la música en general es algo que ha logrado traspasarle a varios del clan familiar. Incluso, para las navidades, es una tradición ir a cantar villancicos al hospital antes de acudir a misa. Ha participado en varios coros y, coincidente con la muerte de su padre en 2003, se quedó temporalmente sin voz. Como relató en el programa de MCI, ahí se dio cuenta, en medio del silencio que había en su hogar, que no era necesario gritar para dar las órdenes. Si no acuden a la mesa por estar viendo televisión, por ejemplo, simplemente va y la apaga. Se define como dulce y firme a la hora de criar.
Para la campaña presidencial de 2017, la primera de su marido, Adriasola se involucró mucho en las salidas a terreno y visitas a ciudades en distintas regiones por el día, para llegar a dormir a la casa. En el segundo intento de su marido por ocupar La Moneda, en 2021, separaron aguas. Ella se encargaría de la casa y él, de la campaña. “Yo soy el ministro de Relaciones Exteriores y ella ministra del Interior”, explicó Kast entre risas en el podcast español Aladetres.
Después del primer intento fallido y de la agresión que sufrió su marido en Iquique en marzo de 2018, Adriasola decidió crear la Fundación Cuide Chile, cuyo lema es Cuidando derechos fundamentales de los chilenos. La página web está inactiva y no funciona ni el botón para hacer donaciones, pero enumera que sus valores son: Promover el valor de la familia, Creemos en la vida y Derecho de los padres a educar a sus hijos.
En una carta publicada en 2018 en La Tercera, Adriasola se definía como “feminista” -de acuerdo a la acepción de la RAE, aclaraba- pero criticaba las banderas que levanta la tercera ola del movimiento, muy fuerte ese año en Chile. Decía representar a las que no marcharán en manifestaciones “donde se ofendan los valores y creencias de millones de mujeres” y aseguraba que no medía la “liberación de la mujer” por el número de gerentas, diputadas o ministras, “como si ser profesora o dueña de casa fuera algo menor”. El escrito lo firmaba como Abogada, fundadora de Cuide Chile en Acción Republicana, el movimiento “de formación político social” que Kast tenía antes de formar el Partido Republicano y que continúa vigente.
En el programa de Youtube Mujer atrévete y opina, Adriasola explicó que la fundación empezó a trabajar en el Congreso haciendo lobby mientras se discutían leyes que, según ella, afectaban a la libertad de culto, a los niños y jóvenes respecto a su identidad sexual y a la educación sexual temprana. En 2020 asistió, como directora general de la fundación, a la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados para abordar el proyecto de ley de educación sexual. “El sexo es verdaderamente seguro cuando no se ejerce. Ahí usted previene. Cuando usted no tiene relaciones sexuales, no tiene ninguna posibilidad de que se quede esperando guagua, ni que tenga enfermedades de transmisión sexual”, planteó.

Contraria al matrimonio homosexual -”la familia está en esa fuerza que se produce en la unión complementaria entre un hombre y una mujer”-, al aborto en tres causales (malformación del feto, riesgo de vida de la madre y violación) y defensora de la actual Constitución chilena -”es muy buena y defiende los derechos de todas las personas en un equilibrio que es bastante cercano a lo ideal”-, la abogada asegura no ser homofóbica ni “ninguna de las etiquetas” que se le han colgado por sus posturas ultraconservadoras. En Mujer atrévete y opina planteó algo que, según ella, siempre ha dicho: “Los hombres tienen una necesidad muy particular de la mujer para llegar a ser plenamente hombres, porque somos las mujeres las que los llevamos a entender lo que es el amor personal, a verdaderamente enamorarse, a no tener la necesidad de tener que satisfacer una pasión momentánea y querer establecerse en un hogar. Eso lo hace una mujer que tiene plena conciencia de los dones que tiene y los aprovecha para poder cautivar al hombre que ama para llevarlo a una plenitud que solo la va a poder alcanzar en un hogar, el hogar que le hace la mujer”.
Hace unas semanas, Adriasola apareció en un vídeo de campaña de Kast conduciendo el camión. “Quiero presentarles mi carnet oficial de camionera”, decía sonriente a la cámara mientras enseñaba su licencia de conducir. “El camión es una herramienta extraordinaria. Sirve para transportar tantas cosas, para conectarnos entre nosotros y, sobre todo, para lograr un sueño que es el que tanto nos motiva: poder servir”, narraba mientras se trasladaba por el extremo norte del país. Se la ha visto recorrer también distintas zonas de la Región Metropolitana de Santiago, con una agenda activa, acompañada de parlamentarios de su sector y candidatos al Congreso, aunque La Tercera este fin de semana informaba que Adriasola tendrá un papel menos protagónico que en los intentos anteriores, no dará entrevistas y evitará abordar asuntos relativos a las libertades individuales, que han resultado controversiales en el Chile de 2025 y que dificultaron los intentos previos de su marido por llegar a La Moneda. Con el republicano liderando los sondeos presidenciales a menos de tres meses de las elecciones, no es improbable, por el momento, que Pía Adriasola deje de ser la ministra del Interior de su hogar y se convierta en Primera Dama...un cargo que, por cierto, la Administración del presidente Gabriel Boric eliminó.
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