León XIV: ahora sí se le escuchó la voz
El conflicto entre el Papa y Trump puede ser el inicio de una tensión entre el catolicismo y los populismos de derecha


El entredicho que se desplegó durante la última semana entre el papa León XIV y Donald Trump ha tenido una repercusión inevitable en la escena internacional, pero también dentro de las filas del catolicismo. Habría que prestar atención a ese impacto interno, porque puede ser el punto de partida de una tensión más duradera, ya no con Trump sino con el populismo de derecha que ejerce el poder en varias democracias de Occidente.
El origen del conflicto fue agresivo pero, si se quiere, anecdótico. Trump descalificó las posiciones del Papa en favor de la paz y de un orden internacional gobernado por reglas. Lo hizo con su estilo inconfundible, es decir, casi insultante. Dijo que León XIV está a favor del crimen y cultiva una diplomacia terrorífica. El contexto discursivo de estas declaraciones no fue el más adecuado: Trump posteó en su red Truth Social, y luego eliminó, imágenes de sí mismo, generadas por inteligencia artificial, en las que apareció con el aspecto de Cristo.
Cuando el pontífice insistió con su mensaje habitual, el presidente de los Estados Unidos elevó todavía más el tono, acusándole de favorecer ataques nucleares de Irán y de alentar el delito en las ciudades de los Estados Unidos. León afirmó después que el mundo está siendo llevado por el camino de la violencia por un grupo de tiranos. Se entendió que estaba redoblando la apuesta. Pero él aclaró que ese sermón, uno más de los que pronunció en su viaje por África, había sido preparado antes de que se desatara la querella.
El enfrentamiento tiene consecuencias políticas de distinto alcance. Una de ellas es que, en plena campaña electoral, levantó a todos los obispos norteamericanos en contra del presidente. Inclusive a aquellos más cercanos a la Casa Blanca, como Robert Barron, diocesano de Winona-Rochester, que integra una Comisión sobre Libertad Religiosa creada por Trump. Elegir al Papa como blanco puede haber sido una mala operación proselitista, ya que muchísimos votantes de Trump son católicos. Más aún, algunos le han votado en tanto católicos, identificándose con sus posiciones en contra del aborto. Organizaciones como CatholicVote, que reúnen a ese electorado, censuraron las expresiones de Trump.
En el campo de las relaciones internacionales el choque tuvo un impacto negativo para el presidente de los Estados Unidos. El ejemplo más notorio fue el distanciamiento con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien se encolumnó detrás del Papa. Es imposible determinar si el gesto de Meloni fue espontáneo o si, en realidad, ella estaba esperando desde hacía tiempo una excusa para separarse de Trump, cuyas posiciones le resultaban cada vez más indefendibles ante su propio electorado. Meloni había sido, hasta ahora, la principal aliada de Trump en Europa.
Más previsible era la adhesión al Vaticano de los líderes progresistas que objetan la política exterior de Trump, en especial en Medio Oriente. Reunidos en Barcelona para un nuevo encuentro de defensa de la democracia, casi todos ellos aplaudieron a León XIV. El más enfático fue el brasileño Lula da Silva, que no sólo realizó declaraciones solidarizándose con el pontífice sino que concurrió a la catedral de la Sagrada Familia para arrodillarse ante el altar y rezar por la paz. Lula anunció durante su viaje que competirá por la reelección. Deberá vencer, entonces, a Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro. Es decir, a alguien de una familia que encarna una alianza simbiótica con Trump.
Con independencia de estas tomas de posición en el tablero global, es relevante advertir el efecto interno que tuvo el mensaje de León XIV. Hasta esta discusión con Trump, los practicantes del catolicismo y, en especial, los obispos, especularon con que el norteamericano Prevost mantendría una línea de neutral despolitización. Es decir, una estrategia que contrastaría con la militancia progresista de su antecesor, Francisco, en relación con la agenda política y social. Dicho de otro modo: León XIV llevaría adelante un papado sigiloso, que permita cerrar las heridas que abrió Jorge Bergoglio, muy desafiado por el ala conservadora de la Iglesia, sobre todo en los Estados Unidos.
Esta imagen es la que quedó desmentida durante la última semana. Prevost levantó la voz con firmeza en contra de lo que se identifica como un liderazgo populista de derecha. El de Trump. Se identificó así más de lo esperado con Francisco, quien había marcado una disidencia muy activa con la Casa Blanca, sobre todo por los ataques a la Franja de Gaza, posteriores al feroz atentado de Hamas del 7 de octubre de 2023.
¿Por qué es relevante este ajuste en el perfil del nuevo Papa? Sencillo: porque, al tratarse de una institución organizada en torno a una obediencia vertical, todas las iglesias locales se sienten ahora autorizadas a jugar un rol político. Los pronunciamientos de Prevost fueron una habilitación.
Esta lectura, que va ganando espacio en la jerarquía eclesiástica, se ve ratificada por otro detalle: el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, anunció durante el fin de semana que León XIV podría visitar este año la Argentina. Es un anuncio significativo, no sólo porque se trata de la patria de Bergoglio, a la que su antecesor se negó siempre a regresar. Es el país que gobierna Javier Milei, cuya adhesión a las políticas de Trump no sólo es enfática; bordea el fanatismo.
La política suele incurrir en armonías misteriosas. El arzobispo García Cuerva comunicó esa novedad en el marco de un acontecimiento llamativo por lo multitudinario: cientos de miles de personas concurrieron al recital de música electrónica que ofreció Guilherme Peixoto, un cura DJ llegado a Buenos Aires desde Portugal. Peixoto dedicó su presentación a la memoria de Francisco. Durante el encuentro se escuchó un mensaje de León XIV. Fue en la célebre Plaza de Mayo, frente a las puertas de la Casa Rosada, la sede del Gobierno. Pero Milei no estaba. Se encontraba en Israel, adonde viajó para expresar su alineamiento incondicional con Benjamín Netanyahu. Elocuente simetría.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.







































