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El ciudadano español olvidado por todos en un centro del ICE: “Estoy literalmente abandonado, como que no existo”

Miguel Barreno López lleva seis meses en un centro de detención en Estados Unidos. Denuncia que el Consulado no se ha ocupado de su caso y que solo quiere volver a España

Miguel Barreno López en una imagen sin datar.Cedida

En el centro de detención Kenton County, en el Estado sureño de Kentucky, hay un migrante que pasa como un fantasma entre las decenas de detenidos, como si el mundo se hubiese olvidado de su presencia. “Estoy literalmente abandonado, como que no existo”, dijo a EL PAÍS en una llamada telefónica esta semana. Se trata del ciudadano español Miguel Barreno López, de 39 años, que lleva seis meses en manos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) a pesar de que un juez aprobó su salida voluntaria del país el 17 de noviembre de 2025 ante su deseo de regresar a España. Pero ninguna autoridad le informa o le dice nada desde entonces. “Es como si hubieran dicho: ¿Eres el único español aquí? Pues vas a estar hasta que nosotros lo decidamos”.

Del centro de detención entran y salen a diario, cuenta, migrantes mexicanos, nicaragüenses, venezolanos, otros de nacionalidades que ni sospecha, pero Barreno López permanece como si fuera el hombre no solo que el ICE dio por descartado, sino también el propio consulado español en Chicago, al que su familia acudió para solicitar ayuda. No ve el día de subirse a un avión, aterrizar en España, comer bien. Lleva medio año alimentándose con lo poco que le dan en la detención y con los potes de sopa Maruchan que puede comprar en el centro con el dinero que le envían.

Barreno López llegó a Estados Unidos desde España el 4 de noviembre de 2017. Decidió cruzar al otro lado del mundo, primero, porque hacía más de un año que había perdido su trabajo en un locutorio. “Había muchos paros, me habían despedido”, relata. Segundo, porque se enamoró de Leticia Centeno, una nicaragüense de paso por Madrid. Cuando Centeno regresó a su país y luego se fue a Estados Unidos, Barreno López le siguió los pasos. Entró con un visado de turista que dejó vencer, y la estancia se convirtió en casi 10 años en los que el español ha vivido como inmigrante en el país que hoy está persiguiendo con fuerza a todo el indocumentado que ronde sus calles.

Barreno López no encaja en el perfil racial que busca el ICE cuando sus agentes patrullan los vecindarios de migrantes o acechan en las cortes de inmigración de ciudades como Nueva York o Miami. Es blanco, no tiene el típico rostro de un latinoamericano. En realidad, nunca imaginó que le iba a tocar a él: “Aunque con este presidente estaba un poco alerta, no pensé que saliendo de mi apartamento iba a ser arrestado así. Me pilló por sorpresa”.

El 18 de octubre de 2025, a las 6.30 de la mañana, Barreno López se dirigía a la fábrica de comida hindú en la que trabajaba cerca de la ciudad de Carol Stream, al oeste de Chicago, en el Estado de Illinois, donde vivía con Centeno. Como Barreno López era de los pocos que tenía coche entre los trabajadores del complejo de apartamentos, siempre llevaba en el suyo al esposo de la hija de Centeno y a dos hermanos más, todos nicaragüenses. A unos cinco minutos de la casa, les hicieron, según Centeno, “una emboscada”.

Un vehículo de los agentes federales los siguió y los detuvo. Los cuatro hombres fueron trasladados, en un primer momento, al centro de detención Clay County, en Indiana. Los tres ciudadanos nicaragüenses pidieron su salida voluntaria de Estados Unidos y, al tiempo, fueron retornados a su país. En noviembre, frente a un juez de inmigración, Barreno López también pidió su salida voluntaria. Quería volver a España.

Miguel Barreno López

“Dice que esto para él es demasiada humillación, que en su vida nadie le había hecho esto”, dice su pareja, Centeno.

Luego, Barreno López fue transferido a Kentucky. “Hasta el día de hoy estoy aquí sin saber nada”, cuenta por teléfono, notablemente desesperado. “Me tienen aquí a ver hasta dónde aguanto, pero lo que quiero es irme ya a mi país. Siento que, siendo español, me tienen como olvidado. Y el consulado debería ser el primero en ayudarme”.

Su palabra contra la del consulado

“¿Cómo Miguel va a estar encerrado si no ha hecho nada malo y ya pidió su salida voluntaria?”, se ha preguntado Centeno todos estos meses. Su pareja, dice, nunca “se mete en problemas, no busca pleitos, ni anda tomando”.

Hace unos años, cuando comenzaron una nueva vida en Estados Unidos, Barreno López se compró un auto y un policía lo detuvo cuando regresaban a medianoche del trabajo por no tener una licencia de conducir. “Esa fue la única infracción que Miguel tuvo en todos estos años en que ha estado en este país”, asegura Centeno. En esa ocasión, lo mandaron a presentarse a la corte, y de inmediato obtuvo su licencia.

La pareja había considerado en el pasado cuál podía ser la forma de regularizar su estatus en Estados Unidos, pero, en el caso de Barreno López, al ser un ciudadano español, le habían advertido que era casi imposible solicitar asilo político. “Nos dijeron que, siendo un europeo, no tenía una situación como la que hay en Nicaragua, o como la que tienen los venezolanos. Por eso nunca lo solicitamos”, asegura la mujer.

Para finales del pasado año, Barreno López ya contaba los días para poder salir del centro de detención. La angustia se lo estaba comiendo vivo. Su pareja, sin saber cómo o dónde solicitar ayuda, pensó que la solución podía encontrarla en el Consulado General de España en Chicago: “Llamé y me dijeron que no podían hacer nada. Les dije: ‘¿Pero cómo así? Me imagino que si los tienen aquí como consulado español es para que velen por el bienestar de los ciudadanos españoles”.

Volvió a comunicarse con las autoridades consulares españolas en otra ocasión. “Lo siento mucho, pero no podemos hacer nada porque lo tiene el ICE”, le dijeron, asegura Centeno. “¿Y entonces ustedes, qué hacen ustedes aquí?”, les respondió ella. En un tercer intento, la atendió un señor de manera “muy grosera”, según Centeno. Le dijo: “Si usted no es su esposa, no le puedo dar la información sobre él. Lo siento mucho, pero si no eres su esposa, no tienes por qué llamarnos”.

EL PAÍS se comunicó con el consulado español en Chicago para un esclarecimiento del caso. La Subdirección General de la Oficina de Información Diplomática (OID) del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España aseguró en un correo electrónico este sábado que “el Consulado ha estado en contacto con el afectado, al que se le ha ofrecido la asistencia consular pertinente”. Fuentes diplomáticas españolas en Estados Unidos también informaron de que en noviembre de 2025 a Barreno López se le ofreció un salvoconducto para trasladarse a España, pero desde entonces no volvió a contactar con el consulado. Con este documento que acredita su identidad y nacionalidad, el español, cuyo pasaporte está caducado, podría viajar a su país.

Barreno López dice que “nunca” nadie le ha dado la opción de un salvoconducto. “En ningún momento he recibido un correo, ni una carta. En ningún momento he tenido contacto con el consulado, ni ellos se han puesto en contacto conmigo, ni nada parecido”, aseguró desde el centro de detención. “Ya son seis meses y nadie ha movido un dedo por mí, ya es mucho, medio año detenido ilegalmente aquí. Es algo muy frustrante”.

Centeno, quien incluso ha enviado mensajes sin respuestas a las autoridades de migración con su disposición de costear el pasaje de regreso a España, también niega que desde el consulado a su pareja le hayan propuesto una alternativa al arresto. “Si le hubiesen ofrecido un salvoconducto, él inmediatamente se hubiera ido; él lo que quiere es irse”, insiste la mujer. “Todos los días me pide que lo ayude a salir de ahí, y ya no sé ni qué decirle, está desesperado”.

Desde el centro de detención Kenton County, la voz de Barreno López llega como un pedido de auxilio. “Esto es una injusticia, yo no he cometido ningún delito, yo no me he metido con nadie, ni he tenido problemas, ellos saben perfectamente que estoy limpio”, dice. A veces siente que, entre la soledad de todos los migrantes a su alrededor, él es el más solo de todos. “Aquí nadie viene a hablar conmigo, estoy todos los días esperando a ver cuándo me llaman”.

Hace poco telefoneó a Centeno: “Ahorita estaría llegando del trabajo y viendo una película”, le dijo. Centeno se hace añicos cuando lo oye tan frágil, tan deshecho. Más de una vez ha imaginado el día en que lo suelten, llegue a España y empiece de nuevo en el país que es suyo.

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