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Las naturalizaciones caen a la mitad en Estados Unidos por las políticas migratorias de Trump

El miedo a las deportaciones y el endurecimiento de los requisitos dejan fuera a muchos extranjeros que serían elegibles para conseguir la ciudadanía

Erik Danialian, inmigrante iraní, posa junto a su certificado de naturalización, en Los Ángeles, en 2019. Jae C. Hong (AP)

Uno de los objetivos de la política migratoria en el segundo mandato de Donald Trump es cambiar la definición de estadounidense, que el republicano considera un privilegio que quiere racionar a su criterio. Si por un lado pelea en los tribunales la eliminación del derecho a la ciudadanía por nacimiento, recogido en la Decimocuarta enmienda de la Constitución; por otro, ha restringido el proceso de naturalización, por el que las personas que han nacido en otro país consiguen la nacionalidad estadounidense. En enero de este año, el número de casos de naturalización aprobados fue de 32.862, la cifra más baja desde que el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) comenzó a registrar los datos.

“La Administración Trump ha iniciado o instituido ciertos obstáculos que hacen mucho más difícil que el USCIS resuelva su solicitud de ciudadanía”, afirma Margy O’Herron, investigadora sénior del Programa de Libertad y Seguridad Nacional del Brennan Center. “Esto forma parte de un esfuerzo más amplio por definir quién es estadounidense. Y existen muchas formas de hacerlo. Una consiste en intentar despojar a las personas de su ciudadanía —o vincularla al lugar de nacimiento—; la otra es lo que están haciendo actualmente: simplemente ralentizar el número de personas que pueden convertirse en ciudadanos”, agrega.

La Administración ha endurecido los requisitos para conseguir la ciudadanía, dejando fuera a muchos candidatos que anteriormente habrían sido aceptados; ha cancelado automaticamente las solicitudes de 39 países y ha generado un clima de miedo tal entre los extranjeros, que estos prefieren mantenerse al margen de las interacciones con las autoridades federales. De hecho, el número de solicitantes ha caído en picado. En enero se presentaron solo 46.385 solicitudes, casi la mitad que un año antes.

Las detenciones y deportaciones que la Administración está realizando indiscriminadamente a personas que se encuentran con el estatus legal de residencia e incluso a ciudadanos han extendido el temor de tal manera que quien podía optar a la ciudadanía, prefiere no hacerlo y pasar inadvertido por las autoridades el mayor tiempo posible. “El ICE está deteniendo a personas que acuden a sus entrevistas de ciudadanía. Están utilizando los datos que figuran en el sistema para perseguir a la gente. Y ha habido un impulso sumamente agresivo para ir tras cualquiera. Esto genera un clima de miedo. Incluso si alguien cumple los requisitos para obtener la ciudadanía, simplemente no quiere levantar la mano ni llamar la atención sobre sí mismo o sobre su familia”, explica O’Herron.

Paradójicamente, también el temor que generó el regreso de Trump a la Casa Blanca, con su agenda antiinmigración, desencadenó un aumento de solicitudes para tener los papeles en regla y protegerse de la expulsión, según han recogido medios y analistas.

A esos casos se sumaron los que ya se habían iniciado durante la Administración de Joe Biden, que quiso potenciar las regularizaciones. Así, en los primeros meses de gobierno de Trump, los casos de naturalización marcaron récord. Se naturalizaron más personas en cada uno de los meses de marzo, abril y mayo de 2025 que en cualquier mes de 2024, el último año de Biden en la Casa Blanca. Entre febrero y abril, 270.290 personas solicitaron convertirse en ciudadanos estadounidenses.

En los siguientes meses, sin embargo, los cambios introducidos por la Administración propiciaron un descenso de las solicitudes que aún se mantiene. En agosto, el USCIS anunció que implantaría evaluaciones más rigurosas para garantizar que todo nuevo ciudadano posea un “buen carácter moral”, lo que incluye un “mayor escrutinio de las conductas y acciones descalificatorias”. Uno de los cambios introducidos, anunciado en septiembre, incluyó una versión revisada del examen de naturalización: se incrementó el abanico de preguntas para preparar, de 100 a 128; aumentó el número de preguntas en cada examen de 10 a 20; se elevó la puntuación de aprobación de 6 a 12 respuestas correctas, y se revisaron las preguntas “para asegurar que el examen proporcione una evaluación más significativa del conocimiento y la comprensión del extranjero sobre la historia y el gobierno de los Estados Unidos”, de acuerdo al USCIS.

Además, se recuperó la investigación vecinal, una práctica en desuso desde comienzos de los noventa. Los oficiales de inmigración visitan los hogares y vecindarios de las personas que aspiran a naturalizarse para interrogarlos. “El propósito de una investigación vecinal es verificar la elegibilidad de los extranjeros para la naturalización, mediante la revisión de su residencia, su carácter moral, su lealtad a la Constitución de los Estados Unidos y su compromiso con el bienestar de la nación”, justificó la agencia.

El mayor escrutinio también ha tenido como consecuencia que aumente el tiempo que se tarda en procesar una solicitud y modifique el calendario previsto de las celebraciones que son el último paso de la naturalización. En los últimos meses, varios Estados vieron cómo se posponían o cancelaban las ceremonias del Juramento de Lealtad, requisito para obtener la nacionalidad, dejando a muchos solicitantes que ya tenían aprobada su solicitud en el limbo. En Austin, Texas, un memorando interno firmado por Lindsey Wilson, directora de Igualdad e Inclusión avisaba en enero de que “el USCIS informó a la Ciudad que, debido a una disminución significativa en la presentación de solicitudes N-400 (solicitud de naturalización), no podrán llevar a cabo ceremonias de naturalización a partir de febrero de 2026 y en el futuro previsible”. A finales de marzo informó que se retomarían en abril. En otras ciudades, como Nueva York y Washington DC, las ceremonias también se pausaron.

En Minnesota, uno de los Estados donde más impacto han tenido las operaciones del Servicio de inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés) y la Patrulla Fronteriza, las ceremonias pasaron de juntar a centenares de nuevos ciudadanos a solo unas docenas. Aunque la caída de las solicitudes puede haber influido, los criticas denuncian que la pausa se debe a la reticencia de la Administración a conceder la ciudadanía.

El juramento marca un hito importante en la vida de los nuevos ciudadanos y es el final de un largo camino que requiere varios años de dedicación. En los meses pasados muchos vieron cómo se frustraba su sueño cuando se suspendieron las ceremonias. Es el caso de los ciudadanos de 39 países que conforman una lista negra instaurada por Trump y de quienes poseían documentos de viaje emitidos por la Autoridad Palestina, a quienes su Administración canceló los trámites migratorios. La suspensión se produjo después de que un ciudadano afgano fuera acusado de disparar contra dos miembros de la Guardia Nacional en Washington D. C. a finales de noviembre, causando la muerte de uno de ellos. Después del incidente y ya entrado 2026, algunas personas se vieron sorprendidas al descubrir que se les denegaba la entrada a sus ceremonias de ciudadanía programadas.

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