Sectores católicos se revuelven contra Trump, que insiste en asociarse con Jesucristo y en sus críticas al Papa
Días después de atacar a León XIV y de publicar una imagen de IA como el Mesías, que luego borró, el presidente reproduce un nuevo meme y renueva sus ataques al Pontífice


Con las ascuas del escándalo por la publicación y posterior borrado de una imagen suya a la manera de Jesucristo aún calientes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, jugó de nuevo este miércoles a la provocación de tintes blasfemos. Fue en su red social, Truth, en la que reprodujo el mensaje de un usuario de X con un dibujo de Jesús abrazado al presidente, que luce una expresión trascendental. Provenía de una cuenta llamada Irish for Trump (irlandeses con Trump), aparentemente propiedad de un candidato republicano de Massachusetts que no pasó en 2024 de las primarias, y Trump lo acompañó del siguiente mensaje: “¡¡¡Tal vez no les guste a los Locos de la Izquierda Radical, pero me parece que [el meme] es bastante bonito!!!”.
Lo cierto es que desde que este atacó el domingo pasado al papa León XIV por sus críticas a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y luego difundió una creación de inteligencia artificial en la que sanaba a un enfermo vestido con una túnica blanca, tocado por un aura y rodeado de ángeles y aviones de combate, el disgusto ha ido mucho más allá de esa “Izquierda Radical” a la que disfruta culpando.
Las críticas le han llegado estos días a Trump ―que, raro en él, borró el post al día siguiente y dijo que lo había publicado porque en él se veía como un “médico” y no como el hijo de Dios― desde su propio bando. Y eso incluye a destacados políticos republicanos, poco dados a enfrentarse con él, a importantes líderes de la fe y a parte de la base de sus seguidores cristianos y, especialmente, a los católicos.
Fueron varios los obispos que, dese Oklahoma a Chicago o Las Vegas, hablaron públicamente contra los ataques del presidente de Estados Unidos. El arzobispo Paul Coakley, presidente de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos, recordó en un comunicado que el “Papa no es rival [de Trump], sino el vicario de Cristo, que habla desde la verdad del Evangelio y se preocupa por el cuidado de las almas”.
“No estoy diciendo que Trump sea el Anticristo, pero no hay duda de que está irradiando el espíritu del Anticristo”, declaró Rod Dreher, comentarista conservador y cristiano ortodoxo, a The Wall Street Journal. El comentario hacía referencia a una retórica que ha cobrado una fuerza inusitada en Estados Unidos gracias a la obsesión por el enviado de Satanás de Peter Thiel, fundador de PayPal o Palantir y mentor del vicepresidente, J. D. Vance, a cuya conversión al catolicismo contribuyó. Mientras, la exnadadora universitaria y activista antitrans Riley Gaines advirtió en las redes sociales que “Dios no debe ser burlado”.
Con su agenda conservadora y su guerra sin cuartel contra la agenda progresista woke, así como contra el derecho al aborto o las conquistas del colectivo trans, Trump ha cosechado el favor de ambos electorados en las tres últimas elecciones. En 2024, le apoyaron un 62% de los protestantes y un 55% de los católicos, según el Pew Center.
El primer Papa estadounidense
Eso fue meses antes de la elección de León XIV. Nacido en Chicago, es el primer Papa estadounidense de la historia, y resulta más popular entre los católicos conservadores de este país que su antecesor, Francisco, cuyo pontificado estuvo marcado por los enfrentamientos con una Iglesia estadounidense en crisis por los escándalos de pederastia en su seno. Trump también arremetió contra Jorge Mario Bergoglio durante su primera presidencia, pero ninguno de esos ataques puede compararse al lanzado el pasado fin de semana por el presidente de Estados Unidos contra su compatriota León XIV.
Dijo que no es “un gran fan” del Pontífice, al que criticó por ser “blando con el crimen” y por hacerle el juego a la izquierda. León XVI, de viaje papal por África, contestó el lunes con contundencia: “No tengo miedo a la Administración de Trump”, declaró. El martes por la noche, el republicano volvió a la carga en Truth con este mensaje: “¿Alguien puede hacer el favor de decirle al papa León que Irán ha matado al menos a 42.000 manifestantes inocentes, completamente desarmados, en los últimos dos meses, y que es absolutamente inaceptable que Irán tenga una Bomba Nuclear?”.
Poco antes de la publicación de ese nuevo mensaje, Vance, el católico con más poder político del país, participó en un acto de Turning Point USA, la organización de proselitismo MAGA (siglas del lema trumpista Make America Great Again), fundada sobre fervorosos valores cristianos por Charlie Kirk, asesinado el pasado septiembre. Vance estaba hablando sobre el Papa, al que recomendó que “tenga cuidado al hablar de asuntos teológicos”, cuando un asistente entre el público lo interrumpió dos veces a gritos. Ese argumento, el de que el sumo pontífice mejor haría en no inmiscuirse en los asuntos ajenos o hacer política, lo han repetido estos días varios políticos republicanos, con el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, ferviente evangélico, a la cabeza.
No es la primera vez que el vicepresidente se enfrenta a Robert Prevost, nombre de bautismo del Papa, que figura en los registros públicos como votante republicano. Vance, que fue una de las últimas personas en ver con vida a Francisco, al que visitó en el Vaticano, aseguró el año pasado en X que la fe católica es compatible con la deportación de inmigrantes. León XIV le respondió rebotando un artículo que contradecía esa teoría con la advertencia de que su interpretación del amor en el cristianismo, en concreto, del concepto ordo amoris, era “errónea”.

Pocos meses después de aquello, Trump, cuyo escaso conocimiento de los asuntos de la fe ha quedado de nuevo probado con este escándalo, recurrió a la inteligencia artificial para representarse como el Papa. Y cualquiera que esté familiarizado con el salvajemente inventivo y a menudo soez y blasfemo mundo del merchandising MAGA ―uno de cuyos eslóganes más repetidos dice “Jesús es mi salvador, y Trump, mi presidente”― sabrá que es común la imaginería que representa al líder republicano como a un mártir o como a una figura divina.
Trump, que en su segundo mandato ha creado una Oficina para la Fe pese a su pasado poco piadoso, es protestante, como la mayoría de sus predecesores. Es la norma en Estados Unidos, salvo contados casos, como los de Joe Biden, que fue el primer presidente católico desde John F. Kennedy.
Una tercera parte de los miembros del actual gabinete son católicos, al igual que un 27% de los diputados de la Cámara de Representantes y seis de los nueve magistrados del Tribunal Supremo (que, además, son los seis conservadores del lote). Esos tres porcentajes están lejos de reflejar fielmente la tarta general de las creencias de un país: los estadounidenses que se definen como católicos representan el 20% de la población.
Sería aventurado decir, pese a las críticas cosechadas en estos días, que el escándalo vaya a pasarle factura a Trump en el largo plazo entre ellos. Su historia está llena de episodios con capacidad para acabar con la carrera política de cualquier otro político, que no hicieron mella en la suya. Esta pasa, eso sí, por los peores momentos de aprobación popular de su segunda presidencia.
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