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Sheinbaum, Lula y Petro cierran filas en Barcelona para revertir el giro a la derecha de América Latina

Los líderes latinoamericanos apuestan en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia por consolidar una alternativa progresista a los desafíos que entraña Trump y formar un frente común en un año electoral clave para la región

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Sánchez, ante los “ataques” a la democracia: “No basta con resistir, tenemos que proponer”
El presidente de Uruguay, Yamandú Orsi; el de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, durante la IV Reunión en Defensa de la Democracia este sábado en Barcelona.Foto: Alberto Paredes (Europa Press)

Los principales líderes de izquierda de América Latina se han vuelto a ver las caras este sábado en Barcelona. La mexicana Claudia Sheinbaum, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el colombiano Gustavo Petro han acudido al llamamiento del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, para participar en la IV Reunión en Defensa de la Democracia, centrada en formar un frente común y plantear una alternativa al mundo de Donald Trump. Lo han hecho, además, en un momento crítico para el progresismo en América Latina, una región en la que el conservadurismo y la extrema derecha avanzan y ocupan cada vez más posiciones bajo el impulso de la Casa Blanca. Lula y Petro, de hecho, pondrán a prueba este año la supervivencia de sus proyectos políticos: los colombianos saldrán a las urnas en mayo y los brasileños, el próximo noviembre.

Lula ha sido el más crítico al hablar de las amenazas de Trump a la estabilidad internacional. “Tenemos que ir en contra de este señor de la guerra”, ha advertido en la clausura de la cumbre oficial. “Me molesta el regreso de los emperadores que se creen los dueños del mundo”, ha agregado en alusión al mandatario estadounidense. El presidente brasileño ha recordado el impacto económico de la campaña bélica lanzada contra Irán: “Es el pobre el que va a pagar el precio de una guerra que nadie quiere”. También ha reprobado la intervención militar en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y ha admitido estar “preocupado” por la asfixia impuesta a Cuba: “Hay que parar este bloqueo y dejar que los cubanos sigan sus vidas”. “Ningún presidente de cualquier país que sea, por más grande que sea”, ha concluido, “tiene derecho a imponer reglas a otro”.

Sheinbaum, por su parte, ha subrayado, en alusión a la presión sobre Cuba: “Ningún pueblo es pequeño, sino grande y estoico cuando defiende su soberanía y el derecho a la vida plena”. La mandataria mexicana ha propuesto adoptar una declaración común entre los participantes de la cumbre en condena a una posible intervención militar en la isla. “Que el diálogo y la paz prevalezcan”, ha instado.

La visita de la presidenta mexicana provocó una enorme expectación desde que se anunció la semana pasada por las tensiones de los últimos siete años con España y ha sido un paso determinante para normalizar las relaciones con el Gobierno de Pedro Sánchez tras una crisis que ambas Administraciones dan por superada. En su primera visita a Europa, Sheinbaum intenta recuperar protagonismo más allá de sus fronteras, siempre evitando un choque directo con Estados Unidos, país vecino y principal socio comercial.

Petro, a su vez, ha aterrizado en Barcelona en horas decisivas para la campaña presidencial en Colombia y ha mostrado su repudio a la ocupación israelí en Gaza y el negacionismo climático enarbolado por gobiernos ultraconservadores. Sobre la última escalada bélica en Oriente Próximo, el mandatario colombiano ha asegurado que “es uno de los peores pasos n el mundo en el último tiempo, fuera del genocidio en Gaza” y ha llamado a buscar alternativas a los combustibles fósiles en medio de la crisis mundial del petróleo por los bloqueos en el estrecho de Ormuz.

Más allá de las circunstancias particulares y sus convicciones, los protagonistas de la cumbre han reconocido la necesidad de formar un frente común para plantear soluciones a la crisis de las instituciones y el cuestionamiento de las reglas del orden internacional. “Individualmente no tenemos salida de este problema”, ha remarcado Lula, quien ha hecho autocrítica ante el avance del conservadurismo y los autoritarismos: “La democracia está perdiendo credibilidad por no dar respuesta a los anhelos de la sociedad”.

El pasado viernes, en la cumbre bilateral España-Brasil, el mandatario brasileño expuso la encrucijada en la que se encuentra la izquierda a nivel regional y mundial. “Los progresistas somos cada vez menos”, lamentó. Lula asumió el papel de aliado clave desde su llegada a España. Llegó con 14 ministros de su Gabinete. Se hizo eco del “no a la guerra”. Alabó los esfuerzos del Gobierno de Sánchez por plantar cara a los oligarcas tecnológicos y regular el uso de las redes sociales para los menores de edad. Se saltó el protocolo oficial un par de veces, al mascar chicle durante la entonación del himno de su país y estrechar la mano de los ministros españoles con un aura entrañable, casi paternal. Habló con vehemencia sobre sus convicciones y ventiló sus preocupaciones: la debilidad de las instituciones internacionales, las crecientes dificultades de la izquierda para llegar a ciertos sectores y la falta de socios ideológicos en el ámbito mundial.

Sánchez reconoció a Lula como un socio estratégico, sobre todo durante la cumbre bilateral, la primera que celebra España con un país latinoamericano y el acercamiento más ambicioso en la historia de ambos Gobiernos. “Nuestros países están llamados a ser los motores que acerquen a la Unión Europea y a América Latina y el Caribe”, dijo. . La cumbre también ha recuperado a figuras como el expresidente chileno Gabriel Boric, que dejó el poder en marzo tras el triunfo del ultraconservador José Antonio Kast en las presidenciales.

Del otro lado del espectro, este mismo fin de semana, la opositora venezolana María Corina Machado fue recibida en Madrid por todo lo alto por la derecha y la ultraderecha españolas. La Nobel de la Paz rechazó una invitación para reunirse con Sánchez al considerar que no era “conveniente” para su plataforma política y decidió abrazarse a Vox y el Partido Popular. Venezuela, en cualquier caso, fue protagonista de los encuentros convocados por la oposición y el Gobierno de España. “El futuro de los venezolanos tiene que ser decidido por venezolanos, sin injerencias”, afirmó Sánchez el pasado viernes, al tiempo que se disculpó en nombre de los españoles por las declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien aseguró que la de Barcelona era una cumbre de “narcoestados”.

En una de las conferencias de la Movilización Progresista Mundial, la cumbre que discurrió en paralelo a los actos convocados por el Gobierno español, el expresidente colombiano Ernesto Samper declaró: “América Latina está viviendo un peligroso proceso de derechización, que no es endógeno, sino resultado de fuerzas políticas reaccionarias en Europa”. Kevin Casas-Zamora, secretario general del IDEA Internacional, otro de los participantes en el foro, coincide: “Hay mucha evidencia de que las fuerzas políticas de derecha y ultraderecha están colaborando de forma muy ostensible, esto está buscando ser un contrapeso”.

Ese sentido de urgencia ha sido omnipresente este fin de semana en Barcelona. “Está en juego el futuro de Latinoamérica”, zanja María José Pizarro, copresidenta del Pacto Histórico, el partido de Petro, al concluir una de las charlas. “Si perdemos en Colombia, luego vienen las elecciones en Brasil y nos arriesgamos a un viraje a la derecha en la región”, señala la jefa de debate del candidato oficialista a la presidencia, Iván Cepeda, sobre la decisión de hacer el viaje a Europa en la recta final de la campaña. “Lo que suceda repercutirá en España porque Sánchez y otros líderes progresistas podrían quedarse solos en el mundo”.

Casas-Zamora subraya que, más allá del signo ideológico de la iniciativa, el esfuerzo por defender la democracia y un orden multilateral basado en reglas es crucial para América Latina. “La jungla es un lugar muy solitario para una región como la nuestra”, señala el exministro costarricense. “Que exista un sistema de normas, aunque sea imperfecto, es de un interés absolutamente existencial para nuestros países y hay una oportunidad de reformarlo, ojalá no se desperdicie”, agrega.

El futuro, sin embargo, es incierto. Las cumbres celebradas en simultáneo en Barcelona suponen un preludio de la cumbre iberoamericana de noviembre próximo en Madrid. Pero antes el tablero político de la región puede cambiar de manera drástica. En el horizonte también están el proceso para suceder a António Guterres, que termina este año su mandato al frente de la Secretaría General de la ONU, y más adelante, la celebración de una nueva cumbre de líderes progresistas el próximo año en México, a propuesta de Sheinbaum en esta edición del encuentro. Entre medias, prevalece el desafío permanente de ir más allá de las cumbres y dotar de contenido y propuestas concretas a los grandes posicionamientos.

“No podemos despertar todos los días por la mañana”, ha afirmado Lula, “e ir a dormir por la noche siempre con el tuit de un presidente de la república amenazando al mundo, declarando la guerra”. “La democracia de las Naciones Unidas depende de nosotros. Fortalecer el multilateralismo depende de nosotros. No depende de nadie más. Tenemos que actuar”, ha concluido.

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