De la cautela a la denuncia: el primer año de León XIV en la escena global
El Pontífice perfila una línea propia en el gobierno de la Iglesia y da los primeros pasos para configurar su equipo en la Curia


Los papas de Roma se mueven tradicionalmente entre la denuncia de las injusticias y una posición de neutralidad para conservar su capacidad de mediación en conflictos globales. León XIV ha procurado mantener ese equilibrio en su primer año de papado —fue elegido a inicios de mayo tras el fallecimiento de Francisco el 21 de abril del año pasado—, pero la presión para pronunciarse sobre el desorden internacional crece. El Papa ha empezado a dejar atrás su cautela inicial, a hablar claro y mostrar un estilo más definido en sus mensajes.
León XIV exhibe ahora una voz cada vez más firme en el plano internacional, con mensajes contra la guerra, la desigualdad, la tiranía del poder y el uso inapropiado de la religión para justificar la violencia, al tiempo que su gira por África lo termina de proyectar como un actor global de primer orden.
En discursos pronunciados esta semana en Argelia y Camerún ha advertido de que los impulsos de los más ricos del mundo amenazan la paz y ha denunciado las violaciones del derecho internacional por parte de potencias con “tentaciones neocoloniales”. En Camerún, ha resaltado que el mundo “está siendo devastado por un puñado de tiranos”, sin nombrar a nadie en particular.
El primer Papa estadounidense de la historia, conocido por elegir cuidadosamente sus palabras, evitó en gran medida hacer comentarios sobre Estados Unidos hasta marzo, cuando se convirtió en un crítico declarado de la guerra contra Irán, lo que le ha acarreado un choque directo con el presidente Donald Trump. El desencuentro comenzó a escalar en enero tras un discurso del Papa en defensa de la ONU y el multilateralismo, que provocó una tensa reunión del nuncio vaticano en Estados Unidos con el Pentágono. Además, el Vaticano ha rechazado de forma sutil el uso del lenguaje cristiano por parte de la Administración de Trump para justificar la guerra como una lucha entre el bien y el mal.
Las insólitas descalificaciones de Trump hacia el Pontífice, al que ha tachado de “débil” y “nefasto” en política exterior, han tenido un efecto bumerán. Al republicano le han llovido las críticas por sus ataques dentro y fuera de EE UU. Y sobre todo, después de que el Papa le respondiera que no le tenía miedo. “Seguiré hablando claro contra la guerra. Demasiadas personas inocentes han sido asesinadas. Alguien debe alzar la voz”, zanjó Robert Prevost.
Piero Schiavazzi, profesor de Geopolítica Vaticana de la Universidad Link de Roma, cree que León XIV ha culminado su fase de “rodaje geopolítico” tras el impacto de las críticas de Trump, un episodio que, según su análisis, ha contribuido a perfilar su posición y a consolidar su proyección internacional. “Ahora el león ha comenzado a rugir”, resume el estudioso, también consejero científico de la revista especializada Limes. “Para responder a las exigencias de la Iglesia, un Papa está listo desde el principio, pero también es un líder geopolítico y para eso debe haber una especie de rodaje, debe ir aprendiendo sobre la marcha. Ahora León XIV ha acabado ese rodaje; el mundo lo reconoce como un líder moral global. Trump lo ha reforzado”, señala Schiavazzi a este diario.
Hay pan para todos si se da a todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da. De este modo, el alimento abunda: no se raciona por emergencia, no se roba, no se disputa ni es desperdiciado por quienes se atiborran ante quienes no…
— Papa León XIV (@Pontifex_es) April 17, 2026
“Al inicio se pensaba que León XIV no tenía carisma comunicativo, se percibía en él una cierta debilidad en este sentido, pero después de la polémica con Trump, a ojos del mundo se ha convertido en un personaje con mucha fuerza y un gran líder en la escena política mundial. Diciendo que era débil, Trump lo ha hecho muy fuerte”, estima Piero Schiavazzi.
Según varios expertos, el cambio en la retórica papal refleja la creciente preocupación del Pontífice por la deriva del liderazgo mundial. “Estamos asistiendo a un segundo comienzo del pontificado, porque las circunstancias eran tales que el Papa tenía que responder, tenía que decir ciertas cosas; era imposible permanecer en silencio, y eso nos ha mostrado una faceta diferente de León XIV que aún no habíamos visto, aunque se ha visto obligado por las circunstancias”, apunta Massimo Faggioli, historiador del catolicismo y profesor de teología del Trinity College de Dublín.
En opinión del experto, el papel del pontífice trasciende lo estrictamente religioso y se proyecta sobre cuestiones de alcance global. “Es una voz que se pronuncia sobre muchos temas, no solo en beneficio de los católicos, sino de la humanidad en general. Ya no hay muchas organizaciones que hagan esto hoy en día. Por eso es relevante en ese sentido: es una voz alternativa que goza de cierta libertad de expresión y que ofrece perspectivas distintas de las dominantes. Su fuerza no es la militar ni la de los tratados comerciales”, apunta Faggioli.
Al mismo tiempo, a nivel interno, tras la conclusión del Jubileo de 2025, año santo para la Iglesia católica que tenía fijado ya una agenda, León XIV ha comenzado a alinear la Curia romana con su visión.
Con calma y sin sobresaltos, el Papa está configurando el gobierno de la Iglesia con un equipo propio, formado por nombres de su total confianza y figuras que no implican una ruptura. Es el caso del nuevo número tres del Vaticano, el sustituto de los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, el italiano Paolo Rudelli, con funciones clave en la coordinación interna y la gestión de la Santa Sede. Es el primer cambio de relevancia en la cúpula vaticana.
Rudelli ha sido nuncio apostólico [embajador] en Colombia y conoce bien los entresijos de la diplomacia vaticana. Además, este nombramiento sugiere un relevo generacional en la sala de mandos de la Curia, ya que Rudelli tiene 55 años.
Casi un año después de su elección, León XIV mantiene a Pietro Parolin como secretario de Estado, o número dos del Vaticano. Fue nombrado por Francisco poco después de su elección.
Hasta el momento, el Papa solo ha cambiado a tres de sus ministros: ha nombrado al agustino español Luis Marín de San Martín como prefecto del Dicasterio de la Caridad o limosnero papal, en el lugar del cardenal Konrad Krajewski, muy vinculado a Francisco.
También ha elegido al australiano Antonio Randazzo para el Dicasterio para los Textos Legislativos, en sustitución de Filippo Iannone, nombrado el 26 de septiembre prefecto para los Obispos, cargo que ocupó Robert Prevost hasta su elección. Por ahora se trata de un reajuste de carteras, sin connotaciones revolucionarias.
Además, se ha rodeado gradualmente de colaboradores cercanos como el agustino nigeriano Edward Daniang Daleng, nombrado vicerregente de la Casa Pontificia, el encargado de gestionar la agenda del Papa. Y su secretario particular, el sacerdote peruano Edgard Rimaycuna Inga, a quien trasladó desde Chiclayo para que le acompañara cuando el ahora Papa era prefecto de los Obispos.
“León XIV cree en un gobierno basado en las instituciones y no en un liderazgo personalista o populista. Según esta visión, está logrando reunir a más obispos y cardenales a su alrededor. Para ello, evita pronunciarse sobre cuestiones que fueron centrales en el pontificado de Francisco, como el papel de las mujeres o los homosexuales, temas divisivos en la Iglesia. Su silencio no responde a desinterés, sino a una estrategia de cohesión y a la búsqueda de una línea de gobierno más unitaria”, opina Massimo Faggioli. Y agrega: “Es diferente, en mi opinión, a sus predecesores Francisco, Benedicto XVI y Juan Pablo II, que, por distintos motivos, fueron algo como estrellas del rock, mientras que Prevost no lo es ni busca serlo”.
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