El escándalo financiero que sacude Brasil, hunde la confianza en el Supremo y amenaza al poderoso Moraes
Las sospechas en torno al fraude del liquidado Banco Máster reavivan el debate sobre los conflictos de interés familiares y empresariales en la corte


A punto estaba de tomar un avión privado para poner tierra de por medio y huir a Dubái cuando la policía detuvo en un aeropuerto de São Paulo al empresario metido a banquero Daniel Vorcaro, de 42 años, socio mayoritario del Banco Master. Al día siguiente, la entidad, conocida por ofrecer rentabilidades estratosféricas, fue liquidada por las autoridades. Ya entonces, en noviembre pasado, quedó claro que era uno de los mayores fraudes bancarios de Brasil. El agujero ronda los 10.000 millones de dólares, en parte devueltos ya por el fondo de garantía oficial. Pronto resultó evidente que Vorcaro, aficionado al lujo y la desmesura, tenía una agenda impresionante. Sabía moverse por los pasillos del poder.
Su primera detención duró 12 días, pero esta semana acaba de volver a prisión. La filtración de jugosas informaciones obtenidas de su teléfono móvil han tenido el efecto de una bomba atómica en la judicatura y la política. La onda expansiva ha alcanzado de lleno al poderoso Tribunal Supremo. Las sospechas sobre dos magistrados, incluido el mundialmente famoso Alexandre de Moraes, han hundido la confianza de los brasileños en la corte. Este caso, que es una enorme maraña que salpica a derecha e izquierda, ha intensificado el debate sobre los conflictos de interés y los privilegios de los togados en el poder judicial más caro del mundo.
Nunca antes tantos brasileños (43%) desconfiaron de la máxima corte, según la encuesta más reciente de Datafolha. La insatisfacción, que cala especialmente entre los hombres y los más formados, viene impulsada por los bolsonaristas, que lo ven como la madre de todos los males e instigador de la supuesta persecución de su líder, Jair Bolsonaro, al que condenó. El Tribunal Supremo tiene en los últimos años un gran protagonismo político, primero con la Lava Jato —incluido encarcelar y excarcelar a Lula— y después cómo bloque de contención ante los ataques antidemocráticos.
La carrera por el Senado, que será parcialmente renovado en las elecciones generales de octubre, ha cobrado especial relevancia porque la Cámara alta puede destituir a los jueces del Supremo, que pueden seguir con la toga hasta los 75 años.

Aunque medio Brasil considera que Moraes y la corte salvaron la democracia, su imagen sufre de erosión hace tiempo. Y resulta que el bufete de abogados de la esposa de Moraes tenía un contrato de tres años con el Banco Master por 24 millones, una tarifa que sorprende incluso al gremio. Viviane Barci de Moraes tardó en pronunciarse, pero esta semana reveló que su despachó realizó más de 90 reuniones con el directivos del banco y elaboró casi 40 pareceres además de elaborar el código ético de la entidad. Niega cualquier irregularidad y enfatiza que no pleitea para el banco ante el Supremo.
Pero al hilo de esas revelaciones, el diario Estadão informó de que ocho de los diez jueces de la corte tienen esposas, exesposas, hermanas, hijos o hermanos litigando en más de 1.800 casos ante la corte. El 70% de ellos les llegaron tras el nombramiento de su familiar. Los dos jueces que no tienen parientes mezclados en sus asuntos laborales son la única mujer y el único evangélico.
A eso se suma una revelación de O Globo con enorme potencial dañino para Moraes. A lo largo del día de su primera detención, el banquero supuestamente envió varios mensajes de WhatsApp a Moraes, localizados por la policía y que el diario ha publicado. “¿Has conseguido bloquearlo?”, le preguntó al juez. La policía no ha logrado recuperar las respuestas porque usaban un sistema para que los mensajes desaparecieran. Moraes ha negado que recibiera aquellos mensajes.
Las sospechas por los conflictos de interés rondan al Supremo hace tiempo. Uno de los casos más controvertidos es un evento anual apodado con ironía Gilmarpalooza, por el festival de música. Es un foro organizado por el juez del Supremo Gilmar Mendes que cada año reúne lejos de Brasil a destacados magistrados, políticos y empresarios brasileños.
Poco después de que estallara el caso Máster, un tercer magistrado del Supremo, el que dirigía la instrucción, José Antonio Dias Toffoli, viajó a la final de la Libertadores en el jet privado de uno de los abogados del banco. Cuando más adelante se supo que Vorcaro había invertido en un resort de lujo de los hermanos del juez, este dejó el caso pero no sin resistencia.
El liquidado Banco Máster organizó hace casi dos años un foro jurídico en Londres con decenas de personalidades llegadas desde Brasil. Unos 40 de los presentes —gentes poderosas que por cuestiones de trabajo se cruzan a diario en Brasilia— compartieron una velada en un selecto club en uno los barrios más exclusivos de Londres, el George, en Mayfair. El encuentro, una degustación de whisky Macallan para sibaritas, contó con los jueces Moraes y Toffoli, el fiscal general de la Unión, el jefe de la Policia Federal, el presidente de la Cámara de Diputados y el entonces ministro de Justicia (un juez retirado). Aquella degustación tan bien acompañado a 9.000 kilómetros de casa le costó al banquero 600.000 dólares.

Vorcaro tenía dos topos en el Banco Central. En su afán por proteger un negocio que, según la policía, era más bien una estafa piramidal, llegó hasta el despacho del mismísimo presidente de la república. En 2024, once meses antes de ser detenido, el banquero logró que Lula lo recibiera en el Palacio de Planalto en un encuentro fuera de la agenda. Al trascender, el propio Lula contó que el empresario, en presencia del presidente del Banco Central, y de varios ministros, le narró que él y su banco estaban siendo perseguidos. El presidente escuchó y le prometió que una investigación con criterios estrictamente técnicos.
Liquidado el banco, más de 600.000 acreedores han sido indemnizados por el fondo de garantía bancaria. Entre los estafados, fondos de pensiones de varios estados.
Mientras prosiguen las investigaciones y el goteo de noticias sobre el caso —supuestas ilegalidades, inmoralidades o las fiestas de película que organizaba el banquero—, el Brasil de los poderosos contiene el aliento mientras se pregunta qué más sorpresas esconde el teléfono móvil de Vorcaro y si, en la soledad de su celda, decidirá tirar de la manta y confesar.
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