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Lulinha, talón de Aquiles de su padre, el presidente de Brasil

La oposición agita las sospechas sobre supuestos nexos del hijo mayor de Lula con el principal acusado de un caso de corrupción

Fábio Luís Lula da Silva en una imagen sin datar.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva se crio en una familia numerosa y, con la edad, creó una familia también numerosa. A los 80 años, tiene cinco hijos, siete hermanos y una decena de medio hermanos, pero nadie entre toda esa parentela tiene una presencia pública realmente destacada. Salvo, en las últimas semanas, su primogénito, Fábio Luís Lula da Silva, conocido como Lulinha, empresario de 51 años. La oposición agita las sospechas contra él por sus vínculos con el personaje central de un fraude multimillonario, aún bajo investigación, a millones de pensionistas. Aunque no está formalmente acusado de ningún delito, el presidente Lula ha reclamado a su hijo mayor que salga a defenderse y dar explicaciones.

La primera conversación fue en persona y la contó el propio mandatario a principios de febrero. Al emerger el nombre de Lulinha en la investigación, su padre lo convocó de inmediato en Brasilia. “Le miré a los ojos y le dije: ‘Solo tú sabes la verdad. Si tienes algo [irregular o ilegal], pagarás el precio. Si no lo tienes, defiéndete”. La segunda charla fue la semana pasada, por teléfono, según contaron a varios medios brasileños fuentes anónimas.

A siete meses de las elecciones, el primogénito de Lula se ha convertido en un talón de Aquiles. El veterano político busca la reelección en los comicios del próximo octubre. El presidente ha recalcado públicamente que nadie está por encima de la ley. Por el momento, el vástago niega cualquier irregularidad, a través de sus abogados, mientras mantiene silencio.

Cuando su padre conquistó por primera vez la Presidencia, Lulinha era un biólogo que trabajaba en el zoo de São Paulo. No tardó en cambiar ese empleo por los negocios en el ramo de la tecnología. Posee varias empresas.

El escándalo que le salpica atañe al llamado caso INSS, por el Instituto Nacional de la Seguridad Social. Durante seis años, ese organismo público descontó, sin consentimiento de los jubilados, parte de la pensión como aportación a una docena de sindicatos. El Gobierno ya ha devuelto más de 2.000 millones de reales (350 millones de euros) a tres millones de jubilados afectados. Pero la oposición ha encontrado en el escándalo un filón para desgastar a Lula.

El principal acusado, Antônio Carlos Camilo Antunes, conocido como careca do INSS, el calvo del INSS, está en prisión. Informaciones periodísticas apuntan a que un empleado de Antunes declaró ante la policía que este realizaba pagos irregulares a Lulinha. La defensa del hijo del presidente ha dicho que se conocen, pero que su relación no tenía ninguna relación con el fraude.

Como parte de la comisión parlamentaria que investiga el fraude, la justicia ordenó levantar el secreto bancario de Lula hijo. Los primeros datos indican que el hijo del presidente movió en cuatro años 3,8 millones de dólares, incluidos pagos y créditos. Sus abogados sostienen que es todo legal.

Según informaciones del diario Estadão, Lulinha viajó con el encarcelado Antunes a Portugal, con gastos pagados, para echar un ojo a un negocio de cannabis medicinal, que no cuajó.

Las encuestas electorales más recientes apuntan a un técnico entre Lula y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente. El Partido de los Trabajadores intenta colocar un cortafuegos entre el candidato a la presidencia y las sospechas sobre su hijo. “Nadie está por encima de la ley. Si existe alguna duda sobre el cargo o la conducta de Fábio, hijo del presidente, que sea investigado como cualquier otro ciudadano brasileño”, afirmó hace unos días el presidente del PT, Edinho Silva.

Cuando estalló el escándalo por los descuentos irregulares a los tres millones de jubilados, las sospechas salpicaron primero al hermano mayor de Lula, José Ferreira da Silva, un veterano sindicalista conocido como Frei Chico. Pero estas amainaron hasta desaparecer.

Años atrás, Lulinha ya se vio salpicado por otro escándalo, el de la Lava Jato, sin que nunca fuera hallada ninguna ilicitud. En cambio, su padre fue condenado y encarcelado por aquel caso, que después fue archivado, lo que abrió el caminó a su resurrección política.

Al hilo de la polémica más reciente, el columnista Elio Gaspari escribía en Folha de S.Pauloque el vástago se ha convertido en radiactivo para la campaña. “Si Lulinha quiere deshacerse de su imagen de blanco privilegiado para la difusión de noticias falsas, lo mejor que puede hacer es deshacerse de todos sus secretos”.

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