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José Gabriel Espinoza: “Seremos pragmáticos y haremos negocios con todos”

El ministro de Economía de Bolivia explica en esta entrevista con EL PAÍS cómo ha logrado restablecer el suministro de combustible en su país y evitar una disparada de la inflación

José Gabriel Espinoza, ministro de Economía de Bolivia

El economista José Gabriel Espinoza (La Paz, 44 años) fue director del Banco Central de Bolivia en 2020, durante el Gobierno interino de Jeanine Añez. Su trabajo como consultor de empresas y sindicatos en su país, Argentina y Perú le dio una visión regional de la economía. Crítico de la gestión del MAS, el presidente, Rodrigo Paz, lo eligió como ministro de Economía con el desafío de bajar la inflación, normalizar el sistema cambiario y atraer inversiones. En su primer día de trabajo se encontró con un país con falta de divisas, inflación del 20% anual, pesados subsidios y desabastecimiento de combustibles.

Pregunta. ¿Qué tan grave era el escenario con el que se encontró?

Respuesta. Teníamos un problema de balanza de pagos, cuatro trimestres consecutivos de contracción económica y un proceso inflacionario en marcha con un desorden cambiario. A eso hay que agregar que se había vuelto normal que alguien tuviese que pasar entre 10 y 12 horas esperando por gasolina y hasta siete días por el diésel en algunas regiones. El primer desafío fue proveer combustible a la economía boliviana. Desde el primer día comenzó a fluir, con ayuda de otros países y los proveedores que nos dieron líneas de crédito.

P. ¿Eso fue suficiente para resolver la provisión?

R. El problema de fondo era que el precio de la gasolina y el diésel estaba alrededor de 22 centavos de dólar al tipo de cambio no oficial. Esto provocaba que entre el 30% y el 40% del combustible que importábamos se iba de contrabando a Argentina, Perú o Brasil. Tuvimos que ordenar el mercado cambiario para que el tipo paralelo baje y nos abriese espacio para ordenar los precios de los combustibles. Cuando asumimos el Gobierno teníamos un tipo de cambio paralelo de 14 bolivianos por dólar y lo logramos hacer bajar hasta 9,5 bolivianos.

P. ¿Cómo fue ese proceso?

R. Introducimos regla de mercado a los mercados paralelos. Permitimos que los bancos publiquen los precios a los que compraban y vendían, dejamos de intervenir desde el Banco Central, liberamos restricciones y esto permitió que todos los mercados se unifiquen y la cotización baje.

P. ¿El tipo de cambio oficial se mantuvo estable?

R. El oficial sigue a 6,97 bolivianos por dólar. Se mueve en bandas, pero en la práctica es un tipo de cambio fijo que no se está utilizando más que para las operaciones del sector público.

P. ¿Qué impacto tuvo en el precio en los surtidores la eliminación del subsidio a los combustibles?

R. Teníamos claro el paso que teníamos que hacer. Cuando metes transparencia, las fuerzas del mercado empujan los precios hacia abajo y eso ha sucedido. Eso nos permitió anclar el precio de los combustibles a un precio menor al que esperábamos al principio. Mucha gente pensaba que iba a estar a entre 14 y 15 bolivianos por litro, un dólar y medio. Y hoy está a un dólar al tipo de cambio referencial, unos nueve bolivianos.

P. ¿Qué peso tuvo en la reducción del déficit público el fin de los subsidios?

R. Hemos ahorrado entre 3 y 4% del PIB, unos 2.800 millones de dólares. En 2025 cerramos con un déficit de 12,5%.

P. Queda mucho por hacer…

R. Hemos reducido planillas en algunos ministerios en cerca del 30% y estamos reordenando el gasto público en parte del Poder Ejecutivo. En líneas generales, bajamos 1,5 puntos el gasto proyectado para 2026 y si sumamos la baja de los subsidios la baja es de 5,5 puntos y medio del PIB.

P. ¿Definiría su modelo como ortodoxo o heterodoxo?

R. Es un modelo pragmático. La reducción del gasto público podría tener efectos en la economía, pero estamos mitigando esos efectos facilitando el desarrollo del sector privado a partir de la eliminación de las restricciones. Estamos dando certidumbre y facilitando la inversión con la eliminación del costo regulatorio. Faltan medidas estructurales, como modificaciones en leyes, hidrocarburos, minería e inversiones.

P. Hubo un intento por modificar por decreto la ley de hidrocarburos, pero debieron dar marcha atrás.

R. Era evidente que íbamos a tener resistencia social. Lo que hicimos con la primera versión en la que restablecimos el orden en los precios de mercado energético fue poner una serie de medidas adicionales que no fueron rechazadas del todo. Por una pugna política se tuvieron que eliminar, pero es lo que la gente quiere. Hoy se está pidiendo que avancemos en esa dirección.

P. Han tenido que matizar algunos puntos, sobre todo los referidos al modelo de explotación energética, que otorgaba más presencia del sector privado.

R. Habrá que matizar algunas cosas, porque evidentemente este tipo de medidas suelen tener resistencias políticas. Pero hemos encontrado una buena comprensión de la necesidad de estabilizar la economía. La gente entiende que la estabilidad económica es un patrimonio.

P. ¿Qué matriz productiva está pensando? Bolivia lleva décadas dependiendo de los hidrocarburos.

R. Hay que reconstruir la base exportadora y los hidrocarburos y la minería están en esa base. Pero también está la agricultura, que este año tendrá una muy buena cosecha. Eso se tiene que acompañar con otra lógica, porque no podemos pensar la minería solo como un sector extractivo. Tenemos que generar infraestructura alrededor y para ello debemos acceder a mercados que nos permitan desarrollar toda la cadena. El objetivo ya no es pensar solo, por ejemplo, en el estaño y la plata, sino en ser socios de los inversores extranjeros.

P. ¿El escenario internacional no se presenta como un obstáculo?

R. Hay una pugna entre potencias que está desordenando el orden que conocíamos. El principal riesgo para 2026 no es un riesgo económico, sino geopolítico. Las decisiones se toman de una manera personalizada y, en ese contexto, nuestra región es otra vez relevante. Primero por los recursos, pero también por la posibilidad de dejar de ser solo proveedores de materias primas, sino también de canales logísticos, de energía, de capital humano, de centro financiero como resguardo de valor. Bolivia, por estar en el centro de Sudamérica, tiene aun más potencial.

P. ¿Por eso el presidente, Rodrigo Paz, ofreció las fronteras como puertos terrestres?

R. En los últimos cinco años se han construido dos corredores bioceánicos que bordean Bolivia, porque éramos un país muy riesgoso. Ahora estamos ofreciendo ahorrarles tiempo y dinero a estos países permitiendo, por ejemplo, reducir el recorrido 700 kilómetros por el norte y 350 kilómetros en el sur.

P. ¿El acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur puede ayudar en este proceso?

R. Hemos sido muy claros. Seremos pragmáticos y haremos negocios con todos, obviamente basados en principios. Nadie se puede quedar atrás; necesitamos que la economía tenga justicia social y sea estable. Y que sea parte de las cadenas de valor para que la gente sienta que genera recursos para su bienestar. Esperamos tener socios que entiendan esto.

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