La Habana se llena de jazz en medio de apagones y las amenazas de Trump
Los organizadores del Festival Jazz Plaza señalan que mantener el nivel del evento es cada vez más difícil por la crisis económica y una menor presencia de artistas internacionales

Cuba lleva ya tiempo bajo los efectos de una tormenta perfecta que no da señales de alivio. A los constantes apagones, el alto costo de la vida, la persistente insalubridad en las calles y la enmarañada crisis económica, que las autoridades cubanas parecen incapaces de resolver, se suman ahora las amenazas directas de la administración de Donald Trump, que apuntan a la supervivencia del castrismo tras casi 70 años en el poder. En medio de este panorama, un festival de jazz que pretende iluminar la ciudad suscita curiosidad y entusiasmo.
El Festival Jazz Plaza, que tiene como epicentro a La Habana, celebra cuatro décadas convocando a buena parte de lo más significativo del género en distintas épocas. Figuras legendarias como Dizzy Gillespie, Max Roach o Roy Hargrove, y la imponente presencia de Chucho Valdés, se cuentan entre los hitos de su historia. Por eso, cada año, muchos cubanos esperan los días del festival para ver en vivo a artistas internacionales y a compatriotas que viven en el extranjero. Durante esos días, algunas zonas de la ciudad parecen más amables, como si la música suavizara el día a día.

Este año, del 25 de enero al 1 de febrero, alrededor de 286 artistas internacionales coincidirán en La Habana con cientos de músicos cubanos. Están programadas más de 100 presentaciones en 16 sedes repartidas por la ciudad: teatros, centros culturales como la Fábrica de Arte Cubano, basílicas y locales privados. Los organizadores han advertido que mantener el nivel del festival resulta cada vez más difícil, sobre todo por la disminuida presencia de artistas estadounidenses, afectada por las restricciones de viaje impuestas por Estados Unidos.
Víctor Rodríguez, presidente del comité organizador, reconoció en conferencia de prensa: “Cada año el festival se desarrolla en condiciones muy complejas, pero creo que nunca habían sido tan complejas como ahora”. Aun así, destacó como logro que el evento se celebre, por primera vez, de manera simultánea en tres provincias —Villa Clara, Holguín y Santiago de Cuba— además de La Habana.
Un país de música
Más allá de su valor cultural, el Jazz Plaza representa también una oportunidad económica para trabajadores y emprendedores en un momento en que el turismo está de capa caída. “Hemos sufrido cancelaciones por clientes asustados con la situación en Cuba y la cuestión geopolítica, pero no han sido tantas como para que alguien se quedara sin trabajo”, comenta una guía turística que prefirió no ser identificada. Su agencia esperaba atender a 80 clientes durante el festival; finalmente, el número se redujo a entre 60 y 70. “Hay cierta paranoia entre los visitantes. Nos vemos obligados a darles atención diaria, enviarles fotos y videos para que vean que el cielo en La Habana no se está cayendo”, agrega.
Entre público y artistas surge la pregunta: ¿habrá electricidad suficiente para un festival que este año parece un despliegue organizativo más ambicioso que nunca? Ernán López-Nussa, referente del jazz cubano y participante del Jazz Plaza desde sus inicios, recuerda los años en que escuchar jazz o rock era “música del enemigo” para las autoridades. Hoy, el jazz se ha consolidado como un símbolo cultural que atrae interés internacional.

“Cuba es un país de música”, asegura López-Nussa. A pesar de la crisis interna y las restricciones de viaje, artistas como los pianistas estadounidenses Aaron Goldberg y Arturo O’Farrill, o cubanos radicados en otros países como Dayramir González y Harold López-Nussa, mantienen su interés por acudir al festival.
Maru Gutiérrez, cantante española de 39 años con raíces africanas de Guinea Ecuatorial, estrenará su primer disco con músicos cubanos en uno de los conciertos del festival. “Quería venir, a pesar de que muchos conocidos cubanos me aconsejaban no hacerlo”, confiesa. Valora la oportunidad para su carrera y se emociona por compartir escenario con artistas cubanos de renombre.
En los días previos al festival, músicos como Maru ensayan en los estudios Abdala, en Miramar, uno de los mejor equipados de la isla. Pero incluso allí se enfrentan a apagones diarios que afectan a gran parte del país. Solo en La Habana, en la semana previa, se reportaron cortes eléctricos de hasta 12 horas en varias zonas. La empresa Tulip Power, patrocinadora del festival, proveyó plantas eléctricas que permiten mantener la electricidad para los ensayos.
“Llevo cinco días sin poder bombear agua y solo como spaghetti y pizzas. No puedo más”, comenta un músico durante un ensayo, aludiendo a la precariedad en su hogar. La situación es tan intensa que incluso en el microcosmos del ensayo la conversación inevitablemente recae en las necesidades que los afectan. Solo tocando música logran abstraerse y, por un momento, olvidar la crisis que los rodea.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.








































