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El presidente de Perú sobre el ‘Chifagate’: “No renunciaré, porque implicaría que cometí un hecho irregular”

José Jerí está acusado de mantener reuniones fuera de agenda con empresarios chinos

Cercado por las sospechas de sus negociados fuera de Palacio con empresarios chinos, este miércoles el presidente del Perú, José Jerí, asistió a la Comisión de Fiscalización del Congreso para declarar sobre el conocido como Chifagate. Pero más que brindar las explicaciones que le exigía la ciudadanía, denunció una conspiración. En 10 minutos de intervención, repitió que no cometió “ningún acto irregular o ilícito” al reunirse fuera de agenda con el empresario chino Zhihua Yang, y presentó el escándalo como una operación política para “generar inestabilidad” y “alterar” el proceso electoral del 12 de abril.

Jerí dijo que las imágenes de sus encuentros con Yang, conocido como Jhonny en los círculos de poder —la noche del 26 de diciembre en un chifa y el 6 de enero en una tienda del empresario— fueron difundidas “progresivamente” y por una “misma fuente”, lo que, según él, permitiría presumir de una emboscada. Y que sencillamente se han satanizado dos actividades cotidianas: cenar e ir de compras. “¿Una trampa de quién? Las investigaciones lo dirán”, lanzó después de que se le descubriera encapuchado en un restaurante, al borde de la medianoche, o en un mercado clausurado.

Jerí se contradijo en sus propias versiones. Hasta ahora, el presidente ha intentado encajar el Chifagate en relatos distintos: que la cita se vinculaba a los preparativos del Día de la Amistad Perú–China; que era una actividad privada; y, ante Fiscalización, que la cena “no fue planificada u organizada”, sino un “encuentro circunstancial” al que acudió con una comitiva oficial. “Si uno quisiese hacer un acto irregular, no va a ir con su ministro y su escolta”, dijo.

Sin embargo, es que el caso ya dejó de ser solo una discusión sobre “formas”. La Comisión de Fiscalización no lo convocó únicamente por su vínculo con Zhihua Yang, sino también por los contactos del entorno del empresario con Ji Wu Xiaodong, otro ciudadano chino investigado por el Ministerio Público por presuntos vínculos con una red de tala ilegal, denominada Los Hostiles de la Amazonía, con una orden judicial de arresto domiciliario. Reportajes dominicales revelaron que Ji Wu Xiaodong ingresó tres veces a Palacio de Gobierno entre diciembre y enero pese a esa restricción. Jerí sostuvo que no lo recibió en la sede presidencial y alegó que él actuó “de buena fe” y no tiene por qué preguntar por “restricciones” de terceros.

Pero la audiencia abrió un flanco aún más nebuloso: en la víspera de su presentación en el Parlamento, Jerí relató que Ji Wu Xiaodong era quien “servía la comida” en el restaurante de comida china de Zhihua Yang y negó que le pidiera algo porque “no habla mucho español”. El empresario en cuestión está acreditado desde el 2002, por la Cancillería, como traductor público de chino-español. Si fuera cierto que no departió con el presidente Jerí, no fue por desconocer el idioma.

La fiabilidad de Zhihua Yang también se ha puesto en cuestión. En apenas unos días, ha cambiado de abogado en dos ocasiones. Ayer Elio Riera, quien ejercía su defensa, reconoció una relación de amistad entre su patrocinado y el jefe de Estado y admitió que era probable que pronto se difundieran más videos. Y recalcó que la reunión se dio por insistencia de Jerí. Esta tarde, Zhihua Yang emitió un comunicado donde desmiente a su abogado y asegura que “él no coordinó reunión alguna con el señor presidente” y que “se realizaron sin ninguna coordinación previa”. “No se han tratado temas comerciales o empresariales, por lo que niego cualquier acto ilícito”, subraya.

Mientras Jerí intentaba restarle gravedad al Chifagate, en los pasillos políticos el costo se contaba de otra manera: votos. Este miércoles ingresaron tres mociones de censura en contra suya en su condición de presidente del Congreso (y, por arrastre constitucional, jefe de Estado). Las mociones fueron impulsadas por legisladores de distintas bancadas y recogen el mismo núcleo: reuniones extraoficiales, ausencia de registros, versiones cambiantes y un deterioro de la confianza pública. Ruth Luque, una de las promotoras, catalogó a Jerí como “un presidente reiteradamente mentiroso”.

El desenlace no es automático. Para que la censura prospere se requieren 66 votos (la mitad más uno del Pleno), una cifra que hoy no está asegurada porque, aunque algunas bancadas grandes lo han criticado públicamente, no se han sumado a las mociones de censura. El caso más clamoroso es el de Somos Perú, la agrupación política a la que pertenece José Jerí. Su candidato presidencial, George Forsyth, exigió su renuncia en un video, pero su bancada ha guardado silencio. “Lo que está pasando en el país es triste y vergonzoso. Hay que recordar que fue este Congreso mafioso el que lo hizo presidente del Perú. Son ellos los que lo pusieron allí”. Regañar frente a la platea y apañar en privado.

Al final de su presentación, Jerí remarcó otra vez que todo se trata de una conspiración. “El que no la debe no la teme”, dijo, antes de repetir que quiere saber “quién está detrás” del “complot”. Fuera del hemiciclo, las dudas no se han esclarecido: qué se habló en esas reuniones y por qué el presidente cambió de versión hasta llegar, otra vez, a pedir que le crean. “No renunciaré, porque hacerlo implicaría admitir que cometí un hecho irregular, cuando no es así”, finalizó. Pronto las encuestas revelarán el impacto del Chifagate, y pronto se sabrá si efectivamente el Parlamento le soltará la mano.

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