Delcy Rodríguez se reúne con el empresariado y abre nuevas expectativas sobre la economía venezolana
El incremento de los ingresos petroleros con la palanca estadounidense redibuja los pronósticos hacia una mejora de los indicadores del país


El panorama económico en Venezuela está cambiando en un parpadeo. Los malos pronósticos del 2026 se han redibujado luego del ataque de Estados Unidos que condujo a la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Las expectativas se han disparado ante el posible levantamiento de sanciones, las intenciones de hacer inversiones estadounidenses en la industria petrolera y lo que podría ser una gestión de la economía sin Maduro y tutelada por Washington.
Lo que podría ser ya ha tenido un impacto tangible. Se ha achicado drásticamente la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, un marcador que gobierna el bolsillo —y el estado de ánimo— de gran parte de los venezolanos. La corrección de las distorsiones es una buena noticia que ocurre mientras Estados Unidos concreta la primera venta de petróleo venezolano luego de los ataques, lo que supone el ingreso de divisas para estabilizar el mercado cambiario.
La presidenta encargada Delcy Rodríguez ha dado los primeros esbozos de lo que se propone. “Queremos crecer con inclusión y con visión de futuro, fortaleciendo nuestra industria de los hidrocarburos; administrando y ahorrando responsablemente nuestras divisas; importando solo lo necesario para impulsar con fuerza la producción nacional”, expresó a través de su canal de Telegram este domingo.
Para esto, ha anunciado una reforma de la ley de hidrocarburos, ya encargada a la Asamblea Nacional, que tiene como objetivo incorporar figuras de la llamada ley antibloqueo, como los Contratos de Participación Productiva que viene firmando con empresas privadas, cuyas condiciones se mantienen bajo reserva pues son considerados de carácter confidencial. Con este esquema, el Gobierno ha navegado con socios poco conocidos la recuperación de algunos sectores y empresas estatales. Lo califican como un “modelo de autosuficiencia de éxito frente a las presiones externas”.
La mandataria ha centrado sus esfuerzos en pilotar la maltrecha economía venezolana en esta nueva etapa en la que parece contar con el apoyo —o la tutela— del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que una y otra vez ha manifestado el total interés en entrar en el negocio del petróleo en Venezuela. Así como también ha hecho ver su intención de ser un socio exclusivo de Venezuela en este sector, dejando por fuera a Rusia y China, hasta el momento los principales aliados políticos y comerciales del chavismo.
Para esto, Trump organizó un encuentro entre representantes de petroleras estadounidenses con resultados por ahora tímidos. La incertidumbre política y jurídica de un país que está en default desde hace ocho años y la caída de los precios del crudo han empujado a la cautela ante el ofrecimiento del republicano. Rodríguez, por su lado, ha maniobrado con las intenciones intervencionistas de Trump en la política petrolera asegurando que apuesta por la diversidad económica y de socios.
La presidenta encargada anunció la creación de dos nuevos fondos, uno centrado en la mejora de los ingresos de los trabajadores y otro para los servicios públicos. A estos sectores, aseguró Rodríguez, se dirigirán las nuevas divisas que se generarán por la renta petrolera. Las cuentas del chavismo tendrán un alivio porque, en teoría, ahora podrán vender el crudo sin descuentos por las sanciones y con pleno acceso al mercado estadounidense. “Para acelerar nuestras metas, instruimos la creación de dos fondos soberanos gestionados con la máxima transparencia, destinados a equilibrar las condiciones de vida de nuestro pueblo y a transformar la infraestructura del país, otro paso fundamental en este camino”, dijo durante la presentación de la memoria de gestión ante el Parlamento.
El incremento de los ingresos salariales es una de las grandes deudas del Gobierno. Desde 2022 no se hace un incremento del salario mínimo. Quedó congelado en 130 bolívares —menos de 50 centavos de dólar— y se complementa con bonificaciones a algunos grupos que van de entre 90 y 120 dólares, insuficientes para cubrir la canasta básica. El Gobierno ha sacrificado el salario y el acceso al crédito bancario para contener la espiral inflacionaria. Mientras, por otro lado, el grave deterioro de los servicios públicos, en particular el suministro eléctrico y de agua, ha sido uno de los principales lastres para reactivar la industria nacional, incluida la petrolera.
En la semana pasada, Rodríguez condujo como presidenta encargada la primera sesión del año del Consejo Nacional de Economía Productiva, la instancia a través de la cual el Gobierno chavista ha gestionado los últimos años cierta apertura con el sector privado, luego de años de controles y hostilidades con el empresariado venezolano. Representantes del sector bancario, de las patronales como Fedecámaras y otras agrupaciones de industriales y de comerciantes, fueron parte de una sesión especialmente concurrida en donde Rodríguez ha informado la hoja de ruta de las reformas que planea hacer en la nueva economía sin Maduro.
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