Delcy Rodríguez aparta de su gabinete a Alex Saab, acusado de ser el testaferro de Maduro
La presidenta de Venezuela se rodea de fieles en algunos ministerios clave del área económica, seguridad y comunicaciones


Delcy Rodríguez ha empezado a mover las piezas de su gabinete principalmente en sectores clave como la economía, su seguridad personal y las comunicaciones, en un momento en el que busca estabilidad en su nueva relación con los Estados Unidos. El complejo equilibrio de factores de poder que mantenía al chavismo cohesionado se ha roto luego de la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores durante una intervención militar de las fuerzas especiales estadounidenses el pasado 3 de enero. Entre los cambios de más calado está la destitución del empresario colombiano Alex Saab, una de las figuras clave del Gobierno, considerado por el Departamento del Tesoro testaferro de Maduro, como ministro de Industrias y Producción Nacional.
La salida de Saab del poder es muy significativa. Por años se mantuvo como un operador financiero clave del chavismo en las sombras. Involucrado en negocios que van desde la compra de comida para los CLAP (el programa de alimentos subsidiado, bandera de Maduro), del trasiego de buques de crudo en medio de las sanciones, a los trueques de barriles de petróleo por maíz o camiones cisterna para el reparto de agua, como reveló una investigación de EL PAÍS.
Saab fue arrestado en junio de 2020 en Cabo Verde, donde el avión privado en el que viajaba hizo una escala para repostar cuando se dirigía a Caracas desde Teherán, país que dio auxilio a Venezuela durante la escasez de combustible de ese año, en plena pandemia por el covid. Entonces, Saab estaba acusado, entre otros delitos, de lavado de dinero, pero además era señalado no solo por Estados Unidos, sino también por otros países, incluido Colombia, de ser uno de los principales testaferros de distintos entramados de corrupción dentro del gobierno venezolano.
Pese a que forcejeó por todos los caminos legales para evitar su extradición, incluida su designación como diplomático luego de su captura, en 2021 fue presentado en una corte de Miami para enfrentar un juicio. No cumplió dos años detenido cuando a finales de 2023 fue parte de un intercambio de prisioneros que negoció Maduro con la Administración de Joe Biden, como parte de los Acuerdos de Barbados con la oposición, que también incluyó un levantamiento amplio de las sanciones petroleras, una medida que a menudo el presidente Donald Trump recuerda y critica con su habitual sorna.
Su regreso estuvo precedido de una intensa campaña en la que se le señalaba como un secuestrado y que posicionó a su esposa, la modelo Camila Fabri, también solicitada por la justicia de su país, al frente de la causa de la liberación. También estuvo marcada por la detención del segundo hombre de Maduro, el ministro de Petróleo Tareck El Aissami, que dejó al descubierto un deslave de corrupción relacionada con la venta de petróleo así como la del socio más cercano de Saab, el también colombiano Álvaro Pulido (alias de Germán Rubio Salas), ambos sancionados por Estados Unidos y vinculados a delitos de lavado de dinero y narcotráfico. E
En uno de los libros que se escribieron para promover la causa de la liberación, que recoge supuestas cartas escritas por Saab durante su detención, se refiere a El Aissami y a Delcy Rodríguez, entonces vicepresidenta, como los Cristiano Ronaldo y Lionel Messi de la economía. A su regreso se convirtió oficialmente en parte del gabinete de Maduro, primero al frente de las importaciones y exportaciones, lo que siempre hizo como empresario, y luego en el ministerio de Industria Nacional y Producción.
Rodríguez ha dicho que Saab pasará a tener nuevas responsabilidades, sin indicar detalles. El ministerio que ocupaba fue fusionado con el de Comercio, donde mantuvo a Luis Antonio Villegas Ramírez, militar nombrado por Maduro en 2024 y quien viene de una carrera de bajo perfil en organismos relacionados con la propiedad intelectual y las aduanas. La economía ha sido el centro de la gestión de Rodríguez.
El chavismo sin Maduro es ahora una mesa de tres patas. La conforman los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez y el ministro Diosdado Cabello, el trío que ha aparecido frecuentemente en las declaraciones oficiales del Gobierno interino. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, con una década en el cargo, se mantiene, pero ha bajado su perfil dentro de los actos de Gobierno y se ha concentrado en lo militar, como los homenajes y ascensos a los militares asesinados durante los ataques de Estados Unidos. Pero las consecuencias de este remezón empiezan a tener expresión en los movimientos que ha hecho la sucesora de Maduro esta semana.
Otros de los cambios en el gabinete de Delcy Rodríguez ha sido la incorporación de Gustavo González López, el general que estuvo por años frente al Servicio Bolivariano de Inteligencia, como el jefe de la Casa Militar y de la Dirección de Contrainteligencia Militar, que estos días se le ve siempre cuidando las espaldas de Rodríguez. Sancionado y señalado por graves violaciones de derechos humanos, González salió del poder tras las elecciones presidenciales de 2024, cuando Maduro tuvo que mover piezas de su equipo para asegurar estabilidad. Entonces el líder chavista sumó a Diosdado Cabello, por años dedicado a tareas políticas del partido, al frente del Ministerio de Interior, de todas las policías del país y de la vigilancia de la oposición.
La presidenta encargada también nombró al asistente de Maduro, el capitán Juan Escalona, edecán de Hugo Chávez, como su ministro del Despacho de la Presidencia. Se le vio a principios de semana recibiendo a los embajadores europeos en Miraflores. El otro militar que ocupaba ese cargo, Aníbal Coronado, fue nombrado ministro de Ecosocialismo y en menos de una semana asumió la cartera de Transporte. El despacho dedicado al tema ambiental quedó ahora a cargo de Freddy Ñáñez, quien era el ministro de Comunicaciones, una persona muy cercana a Jorge Rodríguez. Lo sustituye el comentarista y filósofo Miguel Pérez Pirela con la difícil tarea de intentar calibrar la narrativa de Trump sobre la tutela de Venezuela y al mismo tiempo mantener unido al chavismo, herido en su núcleo luego del ataque de Estados Unidos.
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