Trump exhibe su control petrolero sobre Venezuela, pero el mercado impone límites
El presidente de Estados Unidos promete un crecimiento económico veloz, pero el precio y la demanda de crudo pondrán a prueba sus planes

El presidente Donald Trump envió una señal de cambio de juego al anunciar que el Gobierno interino de Delcy Rodríguez enviará hasta 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos. Será él mismo, dijo el republicano, quien venderá esos barriles en el mercado internacional, en una primera muestra de cómo operará su tutelaje sobre la industria venezolana de hidrocarburos. El escenario se completa con la decisión de Washington de interceptar en alta mar los buques petroleros sancionados que Venezuela utilizaba para exportar crudo a países como China.
Sin duda, el movimiento será criticado por los detractores del Trump, quien, en cambio, ha exhibido la operación como una victoria simbólica y una señal de la recuperación económica que ha prometido. Más allá de la retórica, la operación será una prueba en caliente de la capacidad de ambas partes para conciliar el día a día operativo de un sector derruido.
La tarea de reconstrucción exigirá ingentes recursos, un elevado apetito de riesgo por parte de las petroleras privadas y pericia para navegar el andamiaje politizado y poco eficiente construido por el chavismo durante casi tres décadas. Todo ello en un contexto de bajos precios del petróleo, sanciones diseñadas por el propio Gobierno de Estados Unidos para frenar el rédito económico del sector y la complejidad técnica de bombear y procesar crudo pesado y extrapesado, como el que produce Venezuela.
“Los asesores de la Casa Blanca han sugerido que pretenden mantener una fuerte presencia militar en la región para mantener la presión. De hecho, discuten planes de ‘tomar el petróleo’ si los nuevos líderes de Venezuela se muestran recalcitrantes”, advirtió la firma Eurasia en su informe de riesgos globales para 2026. “Aun así, a medida que el presidente Trump clama más posesión de la situación, también se hace más dueño de lo que salga mal”, agregó.

Estados Unidos ha dibujado una recuperación fácil y expedita de la abatida industria petrolera venezolana, anticipando que se convertirá en una inversión positiva para venezolanos y estadounidenses. El republicano repitió el martes, en una entrevista con NBC News, que “habrá que gastar una enorme cantidad de dinero, y las compañías petroleras lo gastarán (...) y luego recibirán un reembolso de nosotros o a través de ingresos”, aunque sin detallar cómo funcionaría un esquema público-privado. Simplificando los monumentales obstáculos de un negocio que ha recibido mínimo mantenimiento en 20 años, el mandatario calculó que en 18 meses las compañías estarán “up and running”, es decir, operando en el país caribeño.
Una inversión inicial de 53.000 millones de dólares
La consultora noruega Rystad Energy calculó que se necesitarán unos 53.000 millones de dólares en exploración, producción e infraestructura de petróleo y gas, únicamente para mantener estable el bombeo venezolano en torno a 1,1 millones de barriles por día (bpd). Para superar los 1,4 millones de bpd, la firma estima que serían necesarios al menos 8.000 millones de dólares adicionales por año. Alcanzar niveles máximos históricos de producción, cercanos a los 3 millones de bpd, requeriría un horizonte de 15 años y gasto de capital de unos 183.000 millones de dólares, incluyendo 156.000 millones destinados al pago de servicios clave.
Rystad destaca los “años de atrofia y limitada disponibilidad de mano de obra calificada” como barreras cualitativas. También, lista los segmentos que demandarán mayores inyecciones de capital, desde construcción, mantenimiento y logística hasta la adquisición de plataformas de perforación y estudios de ingeniería. “Si bien enfatizamos que es probable que no ocurra nada de inmediato, los principales proveedores de servicios, sin duda, estarán monitoreando la percepción de exploración y producción en Venezuela”, señaló en un estudio difundido tras la ofensiva militar de Estados Unidos en Caracas.
El país petrolero, sumido en la confusión y la incertidumbre política, también deberá hacerse cargo de sus compromisos derivados de litigios internacionales antes de poder atraer nuevamente el interés de las empresas extranjeras, especialmente las estadounidenses. En enero, el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), del Banco Mundial, rechazó la solicitud de Venezuela de anular un laudo arbitral de 8.500 millones de dólares a favor de ConocoPhillips. El largo proceso se deriva de la expropiación de tres proyectos petroleros impulsada en 2007 por el Gobierno de Hugo Chávez, que experimentaba un boom petrolero con precios superiores a los 100 dólares por barril.

El Secretario de Energía, Chris Wright, dijo que estaba explorando con las petroleras estadounidenses las condiciones que les permitirían a ConocoPhillips o Exxon —todas familiarizadas con operaciones en Venezuela en el pasado—entrar a operar al país. Hablando en un evento del sector en Miami el miércoles, agregó que abrirán el “flujo” de petróleo venezolano bajo su administración.
Actualmente, Chevron es la única estadounidense que opera en Venezuela, con una producción limitada de unos 150.000 bpd destinados a sus refinerías en casa. Una parte importante del crudo venezolano se envía a China. Otra porción es más difícil de rastrear, ya que se comercializa a través de intermediarios irregulares y en cargueros que cambian de rutas y banderas en altamar. La española Repsol y la italiana Eni, por su parte, participan en una empresa mixta de gas.
Economía y seguridad
Estados Unidos sostiene que su interés en el crudo venezolano se concentra en dos frentes: el económico y el de seguridad. Aunque el país norteamericano es exportador neto de petróleo, sigue importando crudo pesado como el venezolano para alimentar refinerías del Golfo, diseñadas para ese tipo de mezclas, que además son más baratas. A ello se suma el valor geopolítico de tener influencia sobre un miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), lo que podría facilitar un mayor acceso al grupo y, por extensión, al precio del commodity. Washington también ha reiterado su intención de ejercer su rol de potencia hemisférica para frenar el flujo de crudo a adversarios como China, Irán y Rusia.
No obstante, Venezuela representa cerca del 1% de la oferta global de hidrocarburos, lo que limita su impacto en los precios y la demanda, al menos en el corto plazo. El mundo enfrenta una sobreoferta cercana a los 3 millones de barriles diarios, subrayó la banca de inversión Bradesco BBI, que además dimensiona el deterioro económico del país: “Medida en dólares, la economía venezolana tiene hoy el mismo tamaño que hace 45 años, frente a un crecimiento de ocho veces en América Latina”.

Los futuros del Brent cayeron el martes un 1,7% a cerca de 60,70 dólares el barril, mientras el WTI de Texas culminó la jornada también con pérdidas, en 57,13 dólares por barril. Ante el exceso de existencias, el mercado anticipa que los precios del crudo seguirán bajo presión, un factor que también podría desincentivar el interés de las petroleras occidentales por embarcarse en la nueva épica promovida por Trump.
“En su momento, Venezuela desempeñó un papel importante en los flujos petroleros mundiales, pero décadas de bajo rendimiento significan que su influencia ahora es mucho menor”, resumió Jack Reid, economista de Oxford Economics en Londres. “Incluso con cambios políticos, las restricciones estructurales limitarán la velocidad con la que se puede aumentar la producción”.
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