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Las familias del chavismo se reparten la presidencia de la nueva Venezuela

Los pragmáticos que negocian con Estados Unidos tras la caída de Maduro lidian ahora con los chavistas más fieles y militaristas

Mujeres de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en Caracas, el 6 de enero.Foto: Matias Delacroix (AP) | Vídeo: Reuters

El chavismo es un movimiento de imágenes, iconos y fotos que el lunes no dejó pasar una nueva oportunidad. El día de la unción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela y de Jorge Rodríguez como presidente de la Asamblea, cuando el poder ejecutivo y el legislativo quedaron en manos de los hermanos, la tercera pata en discordia, Diosdado Cabello, lucía con el ceño fruncido y aire adusto que no pasó desapercibido para los fotógrafos y las cámaras que seguían la retransmisión de la ceremonia. Diosdado Cabello, cabeza visible de la considerada ala militar, escuchó con aire circunspecto los sentidos discursos de la tribuna durante lo que parecía una ceremonia luctuosa y no la llegada de una nueva presidenta al poder.

Poco antes, el equipo de prensa de Miraflores distribuyó una fotografía del Consejo de Ministros en la que Delcy Rodríguez aparecía presidiendo una mesa junto a los hombres fuertes de su Gobierno. A la derecha, el jefe del Ejército, Vladimir Padrino López, y a la izquierda Diosdado Cabello con una gorra en la que estaba escrita una sola frase: “Dudar es traición”.

Al rosario de iconos clásicos del chavismo, la foto de Simón Bolívar y la de Hugo Chávez, se sumaba ahora uno más, la imagen del matrimonio de Nicolás Maduro y Cilia Flores tomados de la mano. Por si había sospechas del papel que jugará cada uno a partir de ahora, Cabello encabezó por la noche un recorrido por las calles acompañado por un mini ejército de uniformados que, fusil en mano, prometían defender la patria y garantizar la seguridad de su pueblo. El mensaje estaba claro: frente a los tecnócratas pactistas la fuerza de los fusiles seguía en manos de Cabello.

Durante el vídeo, Cabello omitía cualquier acuerdo de “cooperación conjunta” y calificaba cualquier negociación con Washington como una “traición a la patria” y aseguraba que las fuerzas revolucionarias y los colectivos se mantendrán en las calles para defender la soberanía territorial frente a lo que denomina la “invasión del imperio”.

En pocas horas, las diferencias entre las dos principales familias del chavismo, la que representan los hermanos Rodríguez y la que personifican Cabello y Padrino López, fueron tan obvias que, cuando a medianoche se produjeron varios tiroteos cerca del palacio presidencial contra drones no identificados, rápidamente corrió el rumor de que aquello no era un nuevo ataque de Estados Unidos sino el comienzo de un golpe de Estado de Diosdado Cabello contra la nueva presidenta encargada.

Aunque ambas corrientes del chavismo han escenificado acercamientos, las tensiones exhibidas son un resumen de un enfrentamiento que comenzó mucho antes. Igual que Hugo Chávez eligió antes de su muerte a Nicolás Maduro, y no a Cabello, como su sucesor, esta vez Estados Unidos también ha elegido a Delcy Rodríguez, y no a él, para que conduzca una extraña transición en la que todos se vigilan unos a otros. Unos por pactistas y otros por militaristas, los bloques se han definido, aunque por el momento se expresen en imágenes y gestos.

Tras la captura de Maduro, la reconfiguración del control territorial en Caracas ha venido acompañada del despliegue de grupos de paramilitares, los famosos “motorizados”, que han asumido un papel central en el control de la capital. Armados y encapuchados se han desplegado en barrios populares de la capital como Petare y Catia para impedir cualquier movimiento en las calles.

Muchos venezolanos que votaron masivamente contra Maduro en 2024 ni siquiera han podido celebrar la noticia que llevaban esperando muchos años. Los vídeos publicados muestran a cientos de hombres vestidos de negro, armados con pistolas, escopetas y fusiles, apostados en esquinas, recorriendo calles en moto y levantando controles informales sobre residentes y comercios, hasta el punto de imponer horarios de cierre y restringir la circulación nocturna. Todos ellos operan bajo el puño de hierro de Cabello. Cuentan para ello con un artículo incluido a última hora en el decreto de conmoción, que ordena “de manera inmediata la búsqueda y captura en todo el territorio nacional de toda persona involucrada en la promoción o apoyo del ataque armado de los Estados Unidos”, lo que ha provocado la inquietud de las organizaciones de derechos humanos y entra en abierta contradicción con el anuncio de Delcy Rodríguez de “trabajar conjuntamente con Estados Unidos”.

Pero las diferencias entre las familias alcanzan no solo lo que pasa en casa, sino también a lo que ocurre fuera de sus fronteras. Tras la captura de Maduro, cuando Venezuela y el mundo se despertaron con la noticia de que Maduro estaba en un buque militar rumbo a una corte de Nueva York, la diplomacia bolivariana guardó silencio a la espera de instrucciones sobre lo que había o no que decir. Solo una persona, Glenna del Valle Cabello, hermana de Diosdado y cónsul en Bilbao, dio un mitin en las calles. “No aceptamos lo que ha dicho Trump, al que no quiero llamar presidente, sino asesino. Nosotros nos gobernamos a nosotros mismos. Venezuela les pertenece a los venezolanos, tanto sus recursos como su pueblo”, dijo.

El pulso interno entre los que aceptan la injerencia de Trump y el bloque militarista se cerró a favor de los primeros durante la ceremonia en la Asamblea Nacional, en la que Delcy juramentó junto a su hermano el cargo sobre la Biblia. Cabello deseaba regresar a la primera línea, pero Washington lo hubiera interpretado como un desafío que el ministro de Interior, cuya recompensa es de 25 millones de dólares y al que vincula al Cartel de los Soles, tomara las riendas del legislativo. La decisión de Trump de darle a Stephen Miller, subjefe de Gabinete y asesor de Seguridad Nacional, un papel destacado en la supervisión de las operaciones pos-Maduro contribuye a apuntalar el poder de los hermanos Rodríguez.

Miller, considerado uno de los halcones entre los halcones, ha dedicado palabras positivas a los hermanos al decir que hasta el momento la Casa Blanca está recibiendo una “cooperación plena, completa y total” por parte del Gobierno en Caracas liderado por ella. A estas declaraciones, Cabello respondió con ataques personales contra el equipo de transición designado por Trump, señalando específicamente a Stephen Miller y Marco Rubio como “piratas del siglo XXI” cuyo único interés es el saqueo de los recursos petroleros y minerales del país.

Con un tono desafiante, advirtió de que el control militar que ejerce Estados Unidos sobre las costas es un “acto de guerra criminal” y llamó a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a no rendirse, aunque hayan capturado al presidente Maduro. En esa cooperación que irrita a Cabello se enmarca otro de los anuncios de Trump y que tiene que ver con los presos políticos. Trump anunció este martes que Delcy Rodríguez está procediendo al cierre de un centro de torturas en el corazón de Caracas. Durante un acto de su partido, aseguró que el chavismo en Venezuela “tenía una cámara de tortura en medio de Caracas, que ahora está siendo clausurada”, en referencia a las instalaciones en las que son detenidos los presos políticos, aunque no hizo mención directa al Helicoide, una cárcel bajo el control de Cabello.

Las palabras de Nicolás Maduro Guerra, Nicolasito, contribuyen a añadir más sal en la herida de la desconfianza que se ha instalado en el chavismo y las familias que lo componen, en las que unas miran de reojo a las otras. El hijo de Nicolás Maduro fue, entre sollozos, el primero en hablar de traidores tras la captura de su padre cuando dijo: “La historia dirá quiénes fueron los traidores, la historia lo desvelará. Lo veremos”.

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Sobre la firma

Jacobo García
Antes de llegar a la redacción de EL PAÍS en Madrid fue corresponsal en México, Centroamérica y Caribe durante más de 20 años. Ha trabajado en El Mundo y la agencia Associated Press en Colombia. Editor Premio Gabo’17 en Innovación y Premio Gabo’21 a la mejor cobertura. Ganador True Story Award 20/21.
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