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El hijo de Maduro, hombre clave en la nueva etapa

Nicolás Maduro Guerra, conocido como ‘Nicolasito’, hereda parte del poder de su padre

El perfil de Nicolás Maduro GuerraFoto: REUTERS | Vídeo: EPV

La estampa tiene el peso y la pompa de las coronaciones ante Dios. Delcy Rodríguez, con la mano izquierda en alto y la derecha sobre la Biblia, el libro posado en un cojín granate con ribetes dorados. Lleva un vestido aguamarina. Jorge Rodríguez, la izquierda en alto, corbata púrpura, gafas de montura. Un hombre que juramenta a su hermana pequeña como presidenta encargada de Venezuela, hijos ambos de un padre que fue asesinado cuando se encontraba bajo custodia de las autoridades en los años setenta y ellos eran unos niños, con toda la vida por delante. Los dos irán más tarde a visitar la tumba de su padre, pero antes se encuentran ahí, congelados, en el momento más simbólico de sus vidas. Entre los dos, con las manos apoyadas en el atril, custodiando la Biblia y con semblante grave, Nicolás Maduro Guerra.

El único hijo del presidente de Venezuela, capturado la madrugada del sábado en un espectacular operativo de las fuerzas especiales de Estados Unidos, apunta a tener un papel relevante en la nueva configuración del poder que se lleva a cabo estos días. Delcy Rodríguez, en ausencia de su anterior jefe, se encuentra al mando del país como presidenta encargada. “Va a ser alguien importante, más de lo que era, que no era poco”, cuenta alguien enterado de los movimientos en las altas esferas venezolanas. Su presencia entre los Rodríguez manda el mensaje de que pese a que Maduro se encuentra en Nueva York, a 4.000 kilómetros de Caracas, encarcelado, exhibido en público con grilletes, el madurismo no ha muerto.

Nicolasito, como a veces le llaman, tiene 35 años y se aleja de la imagen clásica del chavismo. En su teléfono móvil tiene las aplicaciones de EL PAÍS y The New York Times. Representa una nueva generación, la de los chavistas 2.0, los que no vivieron con tanta intensidad el golpe de Estado de Hugo Chávez y después su llegada al poder. Días antes de las elecciones de julio de 2024, Nicolás declaró a este periódico que si ganaba Edmundo González, el candidato opositor a su padre, no tendrían problemas en ceder el poder. Diosdado Cabello, el número dos del chavismo, pareció reprenderle al día siguiente: dijo, sin citarle directamente, que la revolución debía estar más firme que nunca y que los jóvenes no habían vivido los momentos duros, los de resistencia.

Su carrera ha estado ligada al chavismo desde muy temprano. A los 22 era jefe de inspectores de la Presidencia de la República y a los 23, coordinador de la Escuela Nacional de Cine. Ahora, es diputado de la Asamblea Nacional y encargado de asuntos religiosos del PSUV, el partido oficialista. Además, participó en los diálogos en México del chavismo con la oposición en busca de un acuerdo de entendimiento político que nunca se dio. Jorge Rodríguez llevaba la voz cantante, pero Maduro estampaba su nombre en los diálogos a través de su hijo. Maduro Guerra también ha ejercido de consejero de su padre, al que mantenía informado de los asuntos del Estado y de las intrigas palaciegas. Usuario activo de redes, le contaba lo que ocurría en Instagram y X.

Hay algo de cierto en eso que decía Diosdado, líder del chavismo más duro, el de los cuarteles ―por si queda alguna duda, conduce un programa en la televisión pública que se llama Con el mazo dando―. Maduro Guerra pertenece a otra estirpe. De adolescente, el comandante Chávez le recomendó hacer el servicio militar, pero él prefirió estudiar la carrera de Economía y música en el sistema de orquestas venezolano, que dirigía el célebre José Antonio Abreu. Su padre tampoco fue un hombre de armas, pero grande como es, resulta bromista pero al mismo tiempo intimidante. Él emite otra energía.

Maduro Guerra se ha posicionado en primera fila, junto a los Rodríguez, en un momento confuso. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dice que se encuentra al cargo de Venezuela, pero en la práctica, Delcy Rodríguez es la presidenta y la rodea la misma gente que a Maduro. Muchos creen que, bajo la amenaza de la Casa Blanca, el nuevo núcleo de poder chavista le responderá a Trump y cumplirá todas sus exigencias, pero las suposiciones en Venezuela quedan sepultadas por la realidad cambiante de cada día.

En la Asamblea, el día de la investidura, Maduro Guerra acaparó mucho protagonismo. Emocionado, al borde de las lágrimas, mandó un mensaje a su padre y a la primera dama, Cilia Flores, la segunda pareja de su padre: “Y a ti, papá, te digo, hiciste de todos nosotros, en la familia, gente fuerte. Aquí estamos cumpliendo hasta que regreses. La patria está en buenas manos, papá, y pronto nos vamos a abrazar aquí en Venezuela. Y vas a ver a los muchachos. Cilia [en referencia a sus tres hijos]. Los vas a ver, los vamos a ver. ¡Que viva Venezuela! ¡Que viva la patria!“.

Si alguien dudaba de si los Maduro pensaban que los Rodríguez los habían traicionado, ese misterio desapareció de golpe. Se dirigió con el nombre completo a la nueva presidenta, “Delcy Eloina”, en una señal de compañerismo. “Mi apoyo incondicional [dirigiéndose a ella] a la tarea tan dura que te toca. Cuenta conmigo, con mi familia. Cuenta con nuestra firmeza para tomar los pasos correctos al frente de esta responsabilidad que hoy te toca. [Estamos] en unidad absoluta para lograr los objetivos de la paz en Venezuela y sacar al país adelante. ¡Que regresen Nicolás y Cilia!“.

La oposición ha observado atónita la escena por televisión. Marco Rubio, el secretario de Estado de EE UU, ha estado meses hablando de María Corina Machado, la líder absoluta del antichavismo, como la persona que conduciría una transición en el país. Según ha trascendido en medios norteamericanos, sus asesores le dijeron a Trump que Machado no controlaba el ejército y se corría el riesgo de una rebelión. El día de la captura de Maduro, Machado escribió que ella y Edmundo González, el candidato que se presentó por la inhabilitación de ella para las elecciones presidenciales de julio de 2024, estaban “preparados para hacer valer” su “mandato y tomar el poder”.

Subido a un helicóptero Maduro, llevado hasta una fragata y más tarde conducido con grilletes a un avión con rumbo a Nueva York, algunos pronosticaron la caída del chavismo en ese instante. Le quedaban horas, según ellos. No ha sido así y se ha producido una sucesión lógica bajo los estatutos del chavismo: la vicepresidenta, Delcy, comanda el país. La relación con Estados Unidos, la forma de operar, es ahora mismo un misterio. Lo que es seguro es que, en este mundo nuevo, igual y distinto al anterior, Nicolás Maduro Guerra jugará un papel fundamental. Nicolasito se ha hecho mayor.

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Sobre la firma

Juan Diego Quesada
Nació en Remscheid, antigua RFA, en 1983. Comenzó su carrera en Domingo, suplemento de reportajes de EL PAÍS. En 2013, desde México, contribuyó a la creación de EL PAÍS América. Estuvo en las secciones de Internacional y Madrid. Fue cinco años corresponsal de la región andina. Ahora cubre la actividad de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de Madrid.
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