Delcy Rodríguez, hija de un mártir de la izquierda y heredera del poder chavista
La presidenta encargada de Venezuela se formó en un entorno militante y encabeza la cúpula del chavismo junto con su hermano Jorge, jefe del Legislativo
Todos tienen una historia que les define, y la de Delcy Rodríguez –así como la de su hermano Jorge– es la de su padre. Jorge Antonio Rodríguez fue un convencido marxista que fundó la Liga Socialista, el movimiento en el que Nicolás Maduro dio sus primeros pasos en política y que acabó sentando la bases de la relación de sus hijos con el sucesor de Hugo Chávez. Acabó en la cárcel por su presunta participación en el secuestro de un empresario estadounidense y murió como consecuencia de las torturas que sufrió a manos de las fuerzas de seguridad. Era 1976 y en Venezuela gobernaba Carlos Andrés Pérez, un dirigente del partido socialdemócrata Acción Democrática aliado de Washington. Delcy, actual presidenta encargada de Venezuela, y Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, tenían 7 y 11 años respectivamente y ese episodio marcó para siempre su trayectoria y su identificación con la lucha política de izquierda.
La muerte de Jorge Rodríguez padre fue un escándalo nacional en un tiempo en el que había plenas libertades e impactó fuertemente en ambos hermanos. La personalidad de los dos altos cargos del régimen está marcada por el duro trance vivido en su infancia con el asesinato de su padre. Los Rodríguez tienen una relación cercana. Ella se ha apoyado mucho en el concurso de Jorge, el mayor, psiquiatra y médico, para tomar decisiones clave o fundamentar sus posturas en muchas ocasiones. “Son más que hermanos, mantienen una comunión absoluta”, cuentan quienes les conocen.
Nacida en Caracas en 1969, sin hijos, la nueva presidenta encargada del país pasó su juventud en El Valle, una urbanización en la que conviven comunidades de clase media popular con sectores marginales y barriadas más pobres, como muchas de la ciudad. Su madre era maestra de preescolar. y cursó sus estudios de bachillerato en un pequeño liceo llamado Pedro Bautista Toro, vinculado a los empleados administrativos de la Universidad Central de Venezuela, que luego sería su casa de estudios superiores. Esos años transcurrieron entre El Valle y el entorno de la Ciudad Universitaria de Caracas.
Delcy Rodríguez conoce Europa, habla francés e inglés, tiene una formación mundana, consume alta cultura y tiene un trato relativamente frecuente con la burguesía venezolana. Se la conoce entre las élites económicas y el entorno diplomático como una buena negociadora y, como su hermano Jorge, domina el lenguaje empresarial y tiene claro que existe un universo que va más allá de su batalla revolucionaria, un mundo hecho de negociaciones y entendimientos. No es un detalle menor. Ese diálogo, en un régimen represor, es clave en su contacto con Estados Unidos. “Ella, como ministra de Hidrocarburos nunca ha dejado de hablar con Washington. Es un dato importante para el análisis de la situación actual”, señalan fuentes diplomáticas.

Rodríguez tiene un carácter afable, pero inquieto, sumamente sensible. Pide resultados y tiene poca paciencia. Es una persona que tiende a hacer frente a las provocaciones. Es muy fácil polemizar con ella. Mantiene un humor irónico, socarrón, con el universo de la oposición, especialmente la oposición radical, a la que siempre ha mostrado su desprecio. En el fondo de su hipotálamo, tiene claro que su misión es una sola: hacer una revolución, consolidar la revolución. En estos años en el poder, cuentan algunas fuentes, ha desplegado más voz de mando.
Sobre el papel, Rodríguez tiene mayor preparación que Maduro para atender temas de Estado. Su pensamiento y sus valores son los mismos que los de la izquierda ortodoxa latinoamericana: admiradora de Fidel Castro, nostálgica de la revolución cubana, aliada del sandinismo, amante de Eduardo Galeano, de las canciones de Alí Primera y de Silvio Rodríguez.
Graduada en Derecho en 1993 en la UCV, Rodríguez hizo en aquella década una especialización en Derecho Laboral en Nanterre, Francia, y una maestría en Políticas Sociales en la Universidad de Birckbeck, Londres. Por un tiempo se dedicó a la actividad privada. En los primeros años del Gobierno de Hugo Chávez, hacia el año 2001, se desempeñó como asesora legal de algunas comisiones de trabajo del Poder Legislativo. Su implicación total en el chavismo se produce tras el intento de golpe a Chávez en 2002.
Pero su formación política tiene arraigo en su infancia. Delcy, como su hermano Jorge, creció en el universo de la izquierda venezolana de finales del siglo XX. Ambos se mantuvieron cercanos a la Liga Socialista, el pequeño partido de ultraizquierda fundado por su padre. Los dos hermanos siempre fueron tratados por la militancia de la izquierda de entonces como los hijos de un mártir y participaron como oradores, siendo adolescentes, en los múltiples homenajes a su padre en los años setenta y ochenta.
Los hermanos Rodríguez terminaron entrando a la primera división de la política venezolana de la mano de Nicolás Maduro, amigo personal de ambos. Desde hace mucho dos “revolucionarios” convencidos, ambos fueron ingresando lentamente en los círculos de poder en los tiempos de Chávez, Delcy siempre de la mano de Jorge.
La influencia de ambos en las decisiones del alto Gobierno no era entonces tan evidente. Habitaban el segundo anillo del poder revolucionario. Jorge Rodríguez ocupó brevemente la vicepresidencia de la República, pero no se entendió bien con Chávez. Luego fue electo alcalde de Caracas, cargo que ocupó por ocho años. Delcy tuvo una breve pasantía como Coordinadora del Despacho de la Presidencia, pero también tuvo algunos desencuentros con Chávez y se fue a trabajar con su hermano en la alcaldía de Caracas.

Con la llegada de Nicolás Maduro al Gobierno, la presencia de los hermanos Rodríguez en el círculo más íntimo del poder se consolidó. Pasaron a convertirse en “gente del Palacio”. Maduro tenía una enorme confianza en ambos y les fue asignando responsabilidades cada vez más importantes en misiones delicadas, en el campo internacional, en las jornadas de diálogo con la oposición, en la atención a las emergencias internas y en el diseño de leyes que contribuyan a arraigar y depurar el poder revolucionario. Ambos integran, junto a Maduro, Cilia Flores y Diosdado Cabello, el círculo más compacto del poder político en el país.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.











































