Cepeda vuelve al epicentro de la polémica en Antioquia y eleva el pulso con Uribe
Respaldado por un fallo judicial y acompañado de víctimas y aliados locales, el candidato sostiene su discurso en una región adversa


En Medellín, donde la política suele tener memoria larga, el regreso del candidato Iván Cepeda no pasa inadvertido. Desde el parque San Antonio, el icónico lugar marcado por el bombazo que pusieron a la escultura de la paz de Fernando Botero en 1995, el candidato ha vuelto a la ciudad que semanas atrás quedó dividida luego de que dijera que Antioquia era cuna del paramilitarismo en Colombia.
Esta vez vuelve para reafirmarse con un simbolismo que se impone. A su lado derecho, en la tarima, lo acompaña Margarita Restrepo, una de las “cuchas” que lideran la búsqueda de desaparecidos a manos de los paramilitares en el sector de La Escombrera, uno de los íconos del paramilitarismo en Antioquia. Su sola presencia, vestida con las siluetas de las víctimas a las que buscan hace más de tres décadas, estremece el evento.
“Hoy no vengo a retractarme, ni a arrepentirme, ni a rectificar lo que vive Medellín. Vengo a reafirmarlo. Han intentado convertir la mentira histórica en política de Estado”, pronunció Cepeda entre una multitud que gritaba arengas contra Álvaro Uribe Vélez, su enemigo político y probablemente la persona más icónica en esta región del país.

La afirmación que levantó la polémica ocurrió el 12 de febrero en esta misma ciudad y terminó en una demanda ciudadana ante la justicia. Un día antes del encuentro de este sábado, un juzgado civil le dio la razón a Cepeda y determinó que el candidato presidencial no discriminó ni estigmatizó a la población antioqueña. Ese respaldo judicial fue el comienzo de su discurso, y lo que dio pie para profundizar en la acusación. “El comienzo de la carrera política de Álvaro Uribe Vélez se hizo de la mano de los clanes familiares del cartel de Medellín”, dijo sin apuro.
Gran parte de su intervención giró en torno a las Autodefensas Unidas de Colombia, a los grandes capos del narcotráfico y a la condena de Santiago Uribe Vélez, el hermano del expresidente sentenciado por paramilitarismo. “Antioquia no es Uribe”, gritaban desde el público. El departamento, cuna política del exmandatario, concentra cerca del 13 % del electorado del país y arrastra la fama, repetida en cada elección, de que aquí se inclinan las presidenciales. La idea es exagerada, pero ganarse una parte del electorado de este departamento sigue siendo una apuesta clave en cualquier aspiración presidencial.
Uribe no demoró en reaccionar a las palabras de Cepeda en plena plaza pública. “Bandido camuflado de derechos humanos. Le cumple a los criminales que lo imponen con los señalamientos contra mí, que han sustentado los atentados contra mi vida”.
Sin pruebas ni certezas judiciales, el expresidente volvió a la acusación que lleva semanas sosteniendo y que apunta a que el candidato de la izquierda tuvo algún tipo de responsabilidad en el magnicidio del senador Miguel Uribe Turbay. “Cepeda instigó contra Miguel Uribe, cuyo asesinato realizó la Nueva Marquetalia que Cepeda ayudó a conformar como patrocinador de la impunidad y de la fuga de Iván Márquez y de Santrich”, escribió en su cuenta de X. La confrontación lleva semanas escalando. Ninguno parece querer bajar el tono.
A los alrededores de la plaza, un grupo de ciudadanos recogía firmas para convocar a la temida Asamblea Nacional Constituyente, uno de los fantasmas que le ha quitado votos a la izquierda. Eduardo Alonso Álvarez, de 71 años, lidera la iniciativa en una carpa mientras escucha de fondo al candidato presidencial. Cuando le preguntan para qué cambiar la carta política de Colombia, contesta dudoso que es para que el Congreso cambie. “La idea que tenemos es que todo el Congreso sea del Pacto Histórico”, dice. Su idea de eliminar al resto de partidos políticos y dejar casi sin oposición a Colombia no solo es inviable e irreal, sino que jamás ha sido defendida por el candidato de izquierdas. En una entrevista con EL PAÍS, Cepeda confiesa no estar seguro de que sea necesario cambiar la Constitución. Pero la sombra de la Constituyente sigue rondando en las calles.

Los pronunciamientos de Cepeda en plaza pública, que buscan pellizcar votos en una región conservadora por tradición, valieron una declaración de la Asamblea Departamental de Antioquia que, sin consenso, decidió declararlo como persona no grata en este departamento. Sus seguidores en Medellín intentaron minimizar la declaratoria, y le repitieron hasta el cansancio que sí eran bienvenidos. Esta vez, Cepeda llegó acompañado de su fórmula vicepresidencial, la senadora indígena Aída Quilcué. Con su bastón de mando en la mano izquierda, la candidata repitió que nadie les impediría recorrer el país en medio de la campaña presidencial.
A dos cuadras de la plaza desde donde el candidato habla está La Alpujarra, el despacho del alcalde Federico Gutiérrez, un férreo opositor a la izquierda que tampoco guardó silencio después del evento. “Por más que persista su odio contra los antioqueños, nosotros seguiremos adelante”, escribió en sus redes sociales. Cepeda ya sabía que su nuevo discurso levantaría ampolla. “Espero que cause aún más polémica”, dijo en un video en redes sociales dos días antes de aterrizar en Medellín.
A la tarima pública no llegó solo con su equipo, sino con el respaldo del Partido Verde de Antioquia. Dos horas antes de su aparición pública, Cepeda se había mostrado junto al senador León Fredy Muñoz —exembajador en Nicaragua durante el Gobierno Petro— para anunciar la adhesión de la Alianza Verde en el departamento a su campaña. El respaldo no fue improvisado: se venía gestando días atrás y buscaba proyectar la imagen de un candidato arropado por liderazgos locales que, desde hace años, han intentado abrir espacio frente a la hegemonía de la derecha tradicional antioqueña.

Desde temprano en la mañana, tres horas antes de que el avión tocara pista, la espera ya ocupaba la vía. Sobre un puente peatonal en la entrada a Medellín, un grupo de ciudadanos se levantaba bajo el sol. Saben que el candidato presidencial recorrerá ese mismo trayecto, pero llegan con anticipación. “Aída Quilcué - Iván Cepeda, bienvenidos a Antioquia”, dice la pancarta hecha a mano que sostienen mientras miran pasar los carros. Esperan hasta que, en algún momento, aparezca el esquema de seguridad del candidato que hoy encabeza las encuestas. Un kilómetro más adelante, en el exclusivo sector de El Poblado, los carteles del Centro Democrático —el partido de Uribe Vélez— empiezan a cubrir las fachadas. La campaña, que se va tensando entre orillas cada vez más lejanas, se muestra también en esas dos postales del mismo recorrido.
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