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Colombia se prepara para votar el Congreso que marcará el paso del próximo presidente

Las legislativas y las consultas de este domingo también ordenarán la carrera presidencial

Un hombre deposita su voto, en Bogotá, el 26 de octubre de 2025.Diego Cuevas

Urnas, cientos de miles de soldados y sospechas. Colombia se prepara para votar este domingo en unas elecciones legislativas atravesadas por tres constantes: acusaciones de fraude electoral y compra de votos, alertas de seguridad y una competencia cada vez más abierta por el control del Congreso. Además de renovar el Parlamento, los colombianos podrán participar en una de las tres consultas interpartidistas —de izquierda, centro y derecha— que funcionarán como primarias y de las que saldrán tres nuevos candidatos para la elección presidencial.

Las legislativas son decisivas. Determinarán el equilibrio de poder en los próximos cuatro años y anticiparán la capacidad de maniobra del futuro presidente que saldrá de las urnas en una probable segunda vuelta el próximo 22 de junio. Antes incluso de saber quién ocupará la Casa de Nariño, los resultados del domingo darán una pista sobre la dificultad que tendrá para gobernar y aprobar reformas.

El Congreso colombiano está formado por dos cámaras, Senado y Cámara de Representantes, y ningún bloque tiene mayoría clara en ninguna de ellas. Esa fragmentación obliga a construir coaliciones, que por su naturaleza son inestables. Esa dinámica que ha puesto al presidente Gustavo Petro en aprietos constantes durante su mandato. Su reforma sanitaria, una de principales apuestas del Gobierno, fue un sonado fracaso legislativo en dos ocasiones a pesar de los esfuerzos por lograr las mayorías.

La senadora María José Pizarro contiene a Armando Benedetti durante el anuncio de los resultados de la votación de la consulta popular, en el Congreso, el 14 de mayo.

Todo apunta a que ese equilibrio de fuerzas se mantendrá. Las pocas encuestas para el resultado legislativo no anticipan grandes terremotos y los partidos tradicionales luchan por conservar su cuota de poder. Aunque la ambición electoral ignore los sondeos.

Se ha visto, por ejemplo, en la jugada del expresidente Álvaro Uribe. El líder del Centro Democrático ha colocado su nombre en el puesto 25 de la lista de su partido al Senado y ha llamado a los colombianos a elegirle. El gesto busca movilizar en su favor al electorado de derecha y reforzar una bancada que hoy cuenta con solo 13 de los 106 senadores. “Me parece una jugada sobredimensionada, tengo muchas dudas de que logre siquiera llegar a los 20”, sostiene un observador privilegiado en estas elecciones. “El uribismo ya no es lo que era. Uribe nunca construyó un partido fuerte, sino dependiente de su liderazgo”, añade.

Una ambición similar mueve al Pacto Histórico, la coalición de izquierda que respalda al presidente Petro y que lidera el senador Iván Cepeda, su candidato a sucederle. Los representantes de la izquierda son optimistas. Cepeda es líder en las encuestas y recientes decisiones del Gobierno, como el aumento del salario mínimo, son la mejor campaña, pero el exceso de confianza llega al punto de creer que Cepeda puede ganar en primera vuelta, algo que no ocurre en Colombia desde la reelección de Uribe en 2006. Hace cuatro años, la irrupción del Pacto en el Congreso como la mayor bancada—con 20 senadores— dio la vuelta al mundo y fue el preludio de la primera victoria del progresismo en la historia reciente de Colombia. Hoy, mantener esa representación ya podría considerarse un éxito.

Otra incógnita será la tracción del candidato ultraconservador Abelardo de la Espriella que no participa en la consulta de la derecha y que aparece en estas legislativas como un auténtico outsider. El partido aliado del ultra, Salvación Nacional, sin congresistas electos, necesita superar el umbral de 600.000 votos para tener una mínima representación en el Senado. Será la demostración de que el impulso que el penalista ha tenido en las encuestas puede materializarse también en votos. No lo tiene fácil, según los mismos sondeos.

En cualquier caso, si De la Espriella se hiciese con la presidencia, lo previsible es que reciba el apoyo de las mayorías parlamentarias de derecha, como el Centro Democrático de Uribe, Cambio Radical o el Partido Conservador, que suman ahora 38 senadores. Es un margen de entrada para legislar con el que no contaría la izquierda.

También está la apuesta de Roy Barreras. Además de aspirar a ganar la consulta de la izquierda para medirse con Cepeda, ha armado unas listas al Congreso que mezclan figuras cercanas al petrismo, representantes de clanes políticos, influenciadores y candidatos cuestionados. Su equipo calcula que podría alcanzar entre el 5% y el 8% de los senadores. Las pocas encuestas que miden el voto legislativo —y que no captan la movilización invisible de las maquinarias— no le dan ni el 1%.

En las últimas semanas, todos los partidos han activado esas maquinarias electorales —las redes locales de apoyos, clientelares, líderes regionales, sindicatos y operadores políticos que movilizan votantes— para llevar a los ciudadanos hasta las urnas. Lo mismo han hecho los candidatos de las consultas, respaldados por gremios, asociaciones y estructuras partidistas. “Un 80% del electorado que participa en estas elecciones se mueve a través de maquinaria”, analiza un estratega involucrado en la campaña de uno de los aspirantes. “Y eso no se ve en los sondeos”. Se refiere a votaciones de partidos como el Liberal, La U, el Conservador y Cambio Radical, conocidos en el país como partidos tradicionales. Hoy, esas cuatro formaciones suman 49 de los 106 senadores. Esa política clientelar aparece en otras fuerzas.

El desafío será también logístico y pedagógico. Los votantes se encontrarán con un tarjetón repleto de números, logotipos y sin rostros: por un lado deberán elegir a sus candidatos al Congreso y, por otro, podrán votar en una de las tres consultas presidenciales. Los expertos prevén un volumen elevado de votos anulados por la complejidad del sistema, especialmente en las consultas.

Esa votación mantiene en vilo a los candidatos, aunque mucho menos a los electores. La campaña ha sido relativamente plana. Tras la decisión del Consejo Nacional Electoral de expulsar a Iván Cepeda de la consulta de la izquierda a principios de febrero y la polémica decisión de Roy Barreras de seguir en la disputa presentándose como el verdadero candidato de Petro, apenas ha habido sobresaltos. Algunos movimientos en las encuestas —como el ascenso de la uribista Paloma Valencia o el repunte de Claudia López— y escándalos puntuales, como la burla homófoba de De la Espriella o un amargo cruce de acusaciones entre Roy Barreras y Daniel Quintero, su principal adversario en la consulta de la izquierda, han sido de los pocos episodios capaces de agitar una campaña inusualmente tranquila.

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