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Daniel Quintero, el favorito inesperado (y resucitado) de la consulta del Frente por la vida

El exalcalde de Medellín persiste en una candidatura presidencial que ha muerto y resucitado en varias ocasiones

Daniel Quintero Calle en un evento en Boyacá, el 2 de octubre.

Contra todas las probabilidades, Daniel Quintero sigue en carrera en la larga campaña presidencial de Colombia. El mediático exalcalde de Medellín mantiene viva una candidatura que ha muerto y resucitado en varias ocasiones, se muestra dispuesto a quemar sus últimos cartuchos e incluso encabeza las encuestas de intención de voto para la consulta del Frente por la vida, en la que compite este domingo con el exsenador Roy Barreras. En los últimos días, su actividad en las redes sociales ha sido frenética. Igual incendia la campaña intercambiando acusaciones con su rival, en un nuevo episodio de fuego amigo en las filas del progresismo, como denuncia sin pruebas un supuesto fraude para beneficiar a Roy, como todos se refieren al también exembajador en el Reino Unido. Ambos son muy resistidos por la izquierda tradicional a pesar de haber sido alfiles del presidente Gustavo Petro.

El camino parecía despejado para Barreras en el Frente por la vida, pero la última oleada de encuestas ponen adelante a Quintero, un político estridente que apenas regresó a la contienda el mes pasado, tras un rosario de enredos judiciales. “Podemos ser la gran sorpresa de estas elecciones, vencer a las maquinarias”, ha proclamado el exalcalde en sus redes sociales, sin mencionar que él también –como Barreras– está asociado a las llamadas maquinarías políticas. “Tenemos que cuidar este resultado, porque se viene la compra de votos y el fraude”, ha insistido, sin aportar evidencia alguna de sus sospechas. Como le ha recordado Barreras en ese cruce de reproches, Quintero tiene 43 acusaciones por corrupción y 37 funcionarios durante de su Alcaldía (2020-2023) están imputados o inhabilitados.

El político antioqueño, conocido por sus golpes de efecto, presencia digital y ruidosas puestas en escena, ha intentado por todos los caminos mantener a flote su candidatura presidencial. Para empezar, se inscribió en la consulta popular del Pacto Histórico, que ganó con autoridad Iván Cepeda en octubre. Pero Quintero se retiró sobre la hora, fuera de plazos, alegando falta de garantías. En el camino, esa consulta se tropezó con todo tipo de escollos. Quintero, mientras tanto, perfeccionó los golpes de efecto que lo han hecho popular en redes sociales, un lenguaje que domina con un estilo provocador. Tres de ellos, muy recordados, fueron empuñando banderas que desataron polémicas por distintas razones: la de Colombia, la de Palestina y la de la guerra a muerte de Simón Bolívar.

Primero, izó la bandera tricolor de Colombia en la isla Santa Rosa de Loreto, en medio del río Amazonas, el pequeño territorio que está en el centro de un diferendo limítrofe con Perú. Después, irrumpió en el Congreso Empresarial Colombiano, al que no estaba invitado, en Cartagena, y saltó a la tarima con una bandera de Palestina. Y más adelante se grabó en otro video desde el puente de Boyacá, donde empuñaba la controversial bandera de la guerra a muerte de Bolívar, un periodo de violencia extrema en la guerra de independencia venezolana que Petro suele reivindicar a pesar de las críticas por apelar a esa violencia discursiva.

Quintero fue de principio a fin el nombre de la discordia. Desde que aterrizó en aquella accidentada consulta gracias a la bendición de Petro, hasta su inesperada salida de último minuto. “Nunca le haré campaña. No representa los valores progresistas”, llegó a decir en su día el exsenador Gustavo Bolívar. Muy resistido, su rostro apareció en esos tarjetones, pues fue imposible reimprimirlos en un plazo tan corto –e incluso obtuvo 144.677 votos–. Aunque su retirada amenazó con sumergir en la incertidumbre la unidad de una izquierda en la que nunca ha militado, Cepeda se ha consolidado desde entonces como líder destacado de las encuestas para la primera vuelta del 31 de mayo.

Apenas unas horas después del triunfo que convirtió al senador de izquierdas en el candidato oficial del Pacto, Quintero volvió a la carga. Entonces intentó inscribir otra vez su candidatura presidencial, ahora mediante un comité de firmas, pero la Registraduría rechazó esa iniciativa por considerar que no cumplía con los requisitos legales. En diciembre, obtuvo el aval del partido indígena AICO, que anunció con bombos y platillos a pesar de que diversos expertos lo seguían dando por inhabilitado tras haberse inscrito previamente en otra consulta de izquierdas. Sus planes, sin embargo, pasaban por participar en el entonces llamado Frente Amplio, ahora rebautizado como Frente por la vida, una coalición aún más amplia que la del Pacto Histórico, en la que también se proponía participar Cepeda. La idea original de la izquierda era tender puentes con otros sectores más liberales y de centro.

En un primer momento, la Registraduría también negó la participación de Quintero en el Frente por la vida. El exalcalde incluso llegó a promover a su esposa, Diana Osorio, para reemplazarlo. Sin embargo, en febrero, el polémico Consejo Nacional Electoral acabó por impedir la participación de Cepeda en esa segunda consulta, con lo que dinamitó los propósitos de unidad de la izquierda, pero al mismo tiempo revivió por sorpresa la aspiración de Quintero. Desde entonces, se ha aferrado a esa tabla de salvación para evitar el naufragio definitivo de sus aspiraciones. Eugénie Richard, experta en comunicación política de la Universidad Externado de Colombia, define a Roy Barreras como “el unificador que no fue”, pues “Cepeda le ha robado protagonismo, y ahora lo está haciendo Daniel Quintero”. Eso deja al político antioqueño como “el inesperado, el reborn [el resucitado], el que volvió a aparecer y puede ser la sorpresa del último minuto”. Por ahora, llega al domingo de consultas como el gran sobreviviente.

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