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La petroeconomía: el centro de pensamiento que defiende la heterodoxia económica de Gustavo Petro

Mientras el presidente da clases de finanzas en redes sociales, el Centro de Pensamiento Vida nació como una idea que refuerza sus posturas sobre la inflación y las confronta contra el Banco de la República o Fedesarrollo

Gustavo Petro en Washington, el 3 de febrero. Jose Luis Magana (AP)

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha convertido su red social de X en su salón de clases de economía. Les ha dicho a periodistas y analistas que sus gráficas están mal hechas, o que subir la tasa de interés no sirve de nada si el choque viene de la oferta y no de la demanda. En alocuciones presidenciales, anuncia decisiones para controlar unilateralmente la inflación sin trabajar conjuntamente con el Banco de la República, de cuya junta sacó a su ministro de Hacienda, una decisión inédita en un país acostumbrado a la ortodoxia. El tono del presidente, en cambio, es siempre el del heterodoxo. Lleva años sintiéndose incomprendido y ahora, con la economía en medio de la disputa política, encuentra el momento indicado para dar la pelea. Propone decretos para hacer reformas tributarias que niega el legislativo, o coquetea con la idea de que se impriman billetes para darles directamente a las víctimas de la guerra. En esa misión de contraperspectiva le ha surgido un aliado intelectual: el Centro de Pensamiento Vida.

El 31 de marzo, día en que el Banco de la República subió la tasa de interés al 11,25% —en contra de lo que pide el Gobierno—, este Centro publicó un gráfico que circuló ampliamente en redes sociales, en donde se mostraba que la tasa de intervención real (que descuenta la inflación) es la más alta del siglo, de 5,96 puntos porcentuales. “Esta escuela de pensamiento es hija del programa de gobierno de Petro”, dice sin tapujos Simón Gómez Azza, director del instituto, economista y filósofo graduado de la prestigiosa King’s College de Londres. Él mismo fue parte de la comisión que redactó el programa económico de Petro en 2022, coordinado entonces por Daniel Rojas, hoy ministro de Educación.

El lanzamiento del think tank de izquierda petrista fue el 28 de noviembre de 2024, en el auditorio Sabio Caldas de la Universidad Distrital, en un evento que reunió también al Instituto de Pensamiento Progresista y a la Red de Pensamiento por el Cambio. La personería jurídica llegó después, constituyéndose formalmente en marzo de 2025. Al evento asistió Petro, así como Laura Moisá y César Giraldo, quienes semanas después serían nombrados codirectores del Banco de la República por el presidente. También estuvo Irene Montero, política española del partido de izquierda Podemos. “Nosotros creemos que Petro es un teórico de las actuales dinámicas económicas mundiales”, dice Gómez a EL PAÍS.

Por primera vez en Colombia, la izquierda no solo llega al poder, sino que intenta consolidarlo intelectualmente con un andamiaje de ideas que le dé sostenibilidad al proyecto, más allá de un gobierno. “En el mundo ilustrado hay que sustentar lo que uno cree por medio de la ciencia”, dice Tomás Molina, politólogo y doctor en Filosofía por la Universidad de Granada, y asesor del Ministerio de Minas y Energía, que hace parte del consejo asesor del laboratorio de ideas. “La ciencia es el discurso legitimador del poder, y la economía es el discurso legitimador del poder político”, agrega. Para él, la derecha lo entendió hace décadas y construyó instituciones en consecuencia. La izquierda colombiana llegó al gobierno sin ese músculo, y el Centro de Pensamiento Vida es el intento de construirlo.

Ahora, su razón de ser va más atrás que cualquier debate sobre tasas de interés. El filósofo y economista Hernando Gómez Buendía lo planteó con claridad en el lanzamiento de su libro Colombia después de Petro: “El presidente vio algo que el establecimiento de este país se ha negado a mirar: los mineros, los cocaleros, los desplazados, la pobreza, la desigualdad más alta del mundo… Petro le dio rostro institucional al dolor de los que no cuentan”, dijo. Ese diagnóstico, dice Gómez, “es real e indiscutible”. Y es desde esa Colombia de los ‘nadies’ desde donde el Centro Vida construye su argumento: si el problema existe y el pensamiento económico dominante no lo resuelve, hay que crear otro.

Molina afirma que todos los centros de pensamiento económico tienen agenda política. “El Cato Institute en Estados Unidos defiende el libertarismo, así como Fedesarrollo defiende una visión de derecha”, dice. La diferencia, en todo caso, “es que la derecha no lo admite y la izquierda sí. Nosotros decimos abiertamente que tenemos una postura. Ellos dicen que son técnicos y neutrales. Eso me parece deshonesto”. El objeto de crítica es Fedesarrollo y Anif, los dos centros por los que durante décadas han pasado futuros ministros de Hacienda, codirectores del banco central y altos funcionarios del Departamento Nacional de Planeación. El filósofo ahonda en la crítica con un concepto romano: el cursus honorum, la carrera de honores, esa secuencia jerárquica y obligatoria que en la antigua Roma debía recorrer todo aspirante al poder, cargo por cargo, sin saltar escalones. “La lógica es análoga: estudias en los Andes, haces maestría en el exterior, vuelves, pasas por Fedesarrollo y de ahí saltas al Ministerio de Hacienda”, ejemplifica.

Un exdirector de Fedesarrollo, que pidió anonimato, reconoce a este diario que “la diversidad de perspectivas enriquece el debate”, pero señala un lunar: “Eso tiene un pecado original, parece más un centro de pensamiento específico de un gobierno”. A su juicio, se asemeja a las fundaciones “que montan los expresidentes —como Juan Manuel Santos o Iván Duque— que a un think tank autónomo”. Y desde esa militancia, cualquier estudio, informe o dato que critique las políticas económicas de Gustavo Petro es solo visto como oposición política.

También es una posición desde donde se pierden matices. Cuando se le pregunta al exdirector si Fedesarrollo tiene agenda política, responde que “si eso fuera cierto, José Antonio Ocampo o Eduardo Lora jamás habrían sido sus directores”. Dos economistas reconocidos por buscar políticas progresistas, si bien no de la línea del petrismo: Ocampo pasó de ser ministro de Hacienda de Petro a sonar las alarmas por el rompimiento que hizo el presidente de la regla fiscal, y luego vilipendiado por el presidente.

Juan Pablo Milanese, politólogo de la Universidad Icesi, ve una tendencia cuando se le pregunta por el nuevo centro de pensamiento: “En Europa hay centros asociados a los distintos partidos o posiciones políticas. Es más o menos normal”. Este laboratorio de ideas cuestiona dos pilares de la ortodoxia monetaria: la meta de inflación del 3% y la noción de que Colombia debe mantener un desempleo de dos dígitos para que los precios no se disparen —el supuesto técnico tras la llamada NAIRU, o tasa de desempleo natural—. Molina apuntala su propuesta en tres pilares: “Que haya un representante de los trabajadores en la Junta; que el Banco explique sus decisiones en términos que la gente pueda entender; y que el debate monetario deje de ser patrimonio de unos pocos iluminados”. Aclara que eso “no implica que los codirectores se elijan por voto popular ni que las decisiones del banco se sometan a consulta popular”; más bien “se trata de un ejercicio de amplificar la democracia”.

El codirector César Giraldo critica al Emisor desde otra postura, también heterodoxa: “El Banco podrá ser independiente del gobierno, pero no lo es de los mercados financieros”, sentenció en una entrevista con Juan David Correa, exministro de Culturas, Artes y Saberes de Petro. En esa entrevista contó que cuando llegó como codirector, le negaron la posibilidad de tener un equipo económico propio y que encontró a “más de 200 economistas muy bien formados bajo una misma visión”.

Ante esa visión de la petroeconomía queda en el aire la pregunta que Gómez Buendía lanzó en su presentación: que Petro retrate bien el principal problema del país no significa que su lectura de las soluciones sea la correcta, y esa sombra alcanza también al recién nacido colectivo de economistas heterodoxos. Esa línea es exactamente la que definirá si este proyecto es un aporte intelectual genuino al debate colombiano o si es el brazo académico que justifica las movidas de un partido político. Durante décadas, el debate económico en Colombia ha sido como de un club privado y la heterodoxia económica —esa actitud de profesor de Petro, al que el lenguaje técnico le hiede a neoliberalismo— ha llegado a disputar el relato.

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