Ismael Peña: “Los estudiantes de la Universidad Nacional quisieran que yo fuera el diablo, pero no lo soy”
El rector de la principal casa de estudios de Colombia enfrenta marchas y paros que piden su renuncia tras haber recuperado su cargo por una decisión judicial

José Ismael Peña (Marinilla, Antioquia, 63 años) ha sido en los últimos dos años el gran rival del movimiento estudiantil de la Universidad Nacional, la principal casa de estudios de Colombia. Tras su designación como rector en marzo de 2024, hubo asambleas, marchas y paros que lo denunciaban como un neoliberal que promovería lógicas mercantilistas en la institución pública. Se popularizaron los cánticos y las pintadas en su contra. Los estudiantes insistían en que en ese cargo debía estar Leopoldo Múnera, un politólogo de izquierdas al que habían respaldado masivamente en una consulta no vinculante. Consiguieron, con apoyo del presidente Gustavo Petro, que el Consejo Superior Universitario revirtiera el nombramiento de Peña y designara a Múnera. Inició entonces una larga batalla judicial que mantuvo la rivalidad y de la que ahora, casi dos años después, Peña es el gran ganador. La semana pasada, un tribunal ordenó su regreso a la Rectoría.
El académico, con una larga carrera en la Facultad de Ingeniería y los equipos directivos de la Universidad, se declara aliviado. “Es una enseñanza de que hay que respetar las normas”, dice en una entrevista en un centro de conferencias de Bogotá, donde prepara reuniones con decanos y otros directivos. Su primer desafío son los paros que ya han convocado los estudiantes para exigir su renuncia. Pide diálogo y promete mantener un proceso que inició Múnera para reformar el gobierno universitario. “El diablo resultó no ser tan diablo”, asegura en un intento conciliador. Evita, eso sí, pronunciarse sobre la posibilidad de que esa reforma habilite la elección directa de autoridades. “Yo con lo que estoy de acuerdo es con que nos sentemos a conversar”.
Pregunta. ¿Qué balance hace de estos dos años de disputa jurídica?
Respuesta. Fue muy doloroso, pero era importante mantener este proceso [en la justicia] por la institucionalidad y el Estado de Derecho. No podíamos darle el mensaje a los jóvenes de que el cambio de un rector se puede hacer con violencia, con personas contratadas y tomas armadas de edificios. Deben saber que toda protesta es válida, pero en el marco de la ley.
P. Más allá de las movilizaciones, el principal obstáculo para su permanencia en el cargo en 2024 fue que el Ministerio de Educación denunciara irregularidades en su designación y que el Consejo Superior eligiera a otra persona.
R. El Gobierno quería hacer ese cambio, pero el Consejo Superior ya no tenía competencia para hacerlo. Tendrían que haber presentado una demanda para que un juez decidiera. Lo que hicieron fue completamente ilegal.
P. Un comunicado de la asamblea estudiantil de la sede Bogotá rechaza la sentencia del Tribunal Superior de Bogotá a su favor y denuncia que es “una decisión de carácter político, orientada desde sectores de la derecha uribista”. Han entrado en paro y piden su renuncia. ¿Qué les responde?
R. Decir que el uribismo está infiltrado es un irrespeto completo con el Consejo de Estado [el Tribunal Superior de Bogotá interpretó dos sentencias de ese órgano para decidir el regreso de Peña a la Rectoría]. Son magistrados de mucha antigüedad, una de las instituciones más sólidas de este país. Dicen que soy uribista porque Paloma Valencia apoyó la institucionalidad, pero se pronunciaron muchas personas de otras corrientes políticas, como Guido Echeverry [verde] o Humberto de la Calle [liberal disidente].
P. Un grupo de profesores de Literatura le envió una carta que sí reconoce la sentencia, pero le pide que renuncie de todas formas por el rechazo que produce su nombramiento en la comunidad y el temor a que se interrumpan las actividades académicas. ¿Qué responde a ese otro argumento?
R. El problema es que no puede hacerse un nuevo proceso [para elegir un nuevo rector en propiedad]. Si yo renuncio, el Consejo Superior tiene que nombrar un encargado que complete el mandato actual, que va hasta 2027. Eso le daría a la universidad una situación de interinidad administrativa gravísima. Una persona interina no tiene la misma fuerza que un rector en propiedad. Así que es mi obligación mantenerme.
P. ¿Cómo va a hacer para dialogar si los estudiantes no lo reconocen y rechazan sentarse con usted?
R. Ese es el asunto pedagógico en el que tenemos que trabajar. Yo puedo decir que desconozco a la Policía de Tránsito, pero si me ponen una multa me toca pagarla de todas formas. Tenemos que ser muy respetuosos del ordenamiento jurídico y consolidar el Estado de Derecho.
P. ¿Quiere que su Rectoría, que terminará el año que viene, sea recordada por ese mensaje?
R. Sí. Por la labor pedagógica para todos los estudiantes y principalmente para los de Derecho, que deben saber que su función es respetar las normas. Si no están de acuerdo, existen los mecanismos jurídicos para cambiarlas. Pero no podemos, por ejemplo, cambiar a un alcalde con piedras y patadas. Es un mensaje importante sobre todo en el contexto de violencia que vive nuestro país. Si no defendemos el Estado de Derecho, Colombia se desmoronará.
P. Con las normas actuales, en las que el Consejo Superior toma la decisión final, nunca llega a la Rectoría el candidato que gana la consulta a la comunidad. ¿Es este el problema de fondo?
R. Las normas que tenemos actualmente fueron diseñadas por la comunidad luego de la Constitución de 1991, que nos dio autonomía. Alguien puede con justa razón decir que ya no sirven. Pero entonces nos debemos sentar a discutir racionalmente con toda la comunidad cómo es que deberían ser las normas. Y aplicarlas a futuro, no de manera retroactiva.
P. ¿Estaría de acuerdo con modificar la norma para que la consulta sea vinculante?
R. Yo con lo que estoy de acuerdo es con que toda la comunidad se siente a conversar y defina cuál es el mecanismo de elección.
P. La idea del mecanismo actual es que el Consejo no solo tome en cuenta la opinión de la comunidad, sino otros lineamientos, como las hojas de vida y las propuestas de los aspirantes. ¿Cómo defendería la pertinencia de estos otros criterios?
R. No defendería ninguno en este momento. Toda la comunidad tiene que determinar cuál es el futuro. Como académicos, debemos mirar cómo funciona el nombramiento de rectores en todo el mundo: en Asia, en África, en Europa, en Norteamérica. Y cuáles son las ventajas y desventajas.
P. ¿Pero no toma partido por un proceso u otro?
R. No puedo tomar partido porque estamos discutiendo eso y quiero que lleguemos a acuerdos que respetemos. Lo que resulte, lo respetamos y tratamos que se vuelva la nueva norma.
P. Los estudiantes dicen que las normas actuales permiten que un establecimiento académico mantenga siempre el control de la Rectoría y lo señalan a usted de ser parte de ese grupo...
R. Se ha dicho que soy de la burguesía de este país, y no es cierto. Soy hijo de un maestro de escuela y una costurera. Entré a esta universidad como estudiante y tuve que retirarme porque no podía pagar mi comida. Logré un empleo de biblioteca donde me ganaba el salario mínimo y duré seis años para poder pagar mis estudios. No tengo empresas, mi único ingreso es el salario de la universidad.
P. Los estudiantes señalan que este establecimiento promueve dinámicas de privatización de la universidad, con profesores que hacen investigaciones por contratos con empresas y no por criterios académicos o de responsabilidad social. ¿Qué les responde?
R. Llevo 35 años de profesor y nunca he tenido contratos en los que me haya lucrado. He hecho muchos proyectos de extensión y todos son solidarios. Trabajé en un proyecto para llevar la universidad a comunidades campesinas al Sumapaz y nunca recibí una moneda. Y mi referente es Gerardo Molina, que fue rector entre 1944 y 1948. Él se inventó el año rural para los médicos y los ingenieros. Esa es mi definición de cómo los privilegiados que tuvimos la posibilidad de llegar a la Universidad debemos devolver a la sociedad una partecita de eso.
P. ¿Por qué cree entonces que los estudiantes lo ven como lo ven?
R. Necesitan un mito. Y quisieran que yo fuera eso que ellos dicen, pero el problema que tienen es que ese diablo resultó no ser tan diablo. Toda mi vida he sido una persona de izquierda. Mi primer voto fue por Gerardo Molina [candidato a la Presidencia en 1982]. He hecho trabajos comunitarios en Cimitarra. Y pueden mirar todas las tesis de doctorado que he dirigido: ninguna tiene que ver con mercantilismo, patentes o algo similar. Lo que pasa es que, en un mundo de posverdad, la verdad no importa. Se necesita tener un diablo a quien darle.
P. ¿El diablo sería usted y el santo su predecesor, Múnera?
R. Exactamente. Es un problema de imaginarios. Sin decir que el diablo sea el profesor Leopoldo, a quien siempre he respetado.
P. Múnera promovía la Constituyente con la intención de que los cargos se elijan democráticamente. Usted evita pronunciarse a favor de eso...
R. Yo lo que digo es que tenemos que sentarnos a mirar y que trabajaré para que la Constituyente funcione.
P. ¿Qué balance hace de la gestión de Múnera?
R. El único error que tengo para señalar fue que haya aceptado llegar por imposición. Fue decano de la Facultad de Derecho y es doloroso que le dijera a los estudiantes que es válido romper el Estado de Derecho. Sería como que yo, que soy ingeniero, dijera que no importan las reglas de estructura de una obra si nos ahorramos unos pesos. Pero, por lo demás, es una persona maravillosa. Todo lo que hizo lo veníamos planeando y lo vamos a impulsar.
P. ¿Incluida la Constituyente para reformar las reglas de elección de autoridades?
R. Incluida. Y también vamos a mejorar el sistema de bienestar [comedores, residencias estudiantiles] y las condiciones de los estudiantes de Arauca, de Tumaco.
P. Volviendo a las actividades de extensión y los vínculos con el sector privado, ¿el problema de fondo es el desfinanciamiento estatal de las universidades públicas?
R. Hemos tenido un déficit cada vez mayor desde la Constitución de 1991 hasta hace unos años. Dejamos de invertir en infraestructura y muchos de nuestros edificios se cayeron. Pero eso ha ido cambiando. El Gobierno anterior asignó unos recursos que disminuyeron el déficit de todas las universidades públicas. Y este Gobierno ha puesto unos importantísimos recursos para que podamos no solo mantener lo que tenemos, sino incluso crecer más. Estamos terminando el Instituto de Ciencias Naturales, donde está toda la Colección Humboldt de la fauna y la flora colombiana.
P. ¿Es suficiente con la reforma legislativa del año pasado que robustece el financiamiento?
R. El dinero del Estado nunca será suficiente. Y menos ahora, con la inteligencia artificial: estamos en una ola de invasión que va a dejar obsoletos los equipamientos de ciencia y tecnología. Es por eso que el rector tiene la obligación de buscar recursos en otros sitios. Yo no puedo pedirle al Gobierno que me ayude a mandar a un estudiante al Instituto Politécnico de Berlín y a una experiencia de seis meses en Mercedes Benz cuando hay universidades públicas sin recursos en las regiones. Pero sí puedo pedir donaciones a empresas, o becas a embajadas.
P. Para concluir, ¿cómo recibe la recuperación del cuerpo del sacerdote Camilo Torres, abatido durante su primer combate como guerrillero del ELN en 1966, y su traslado a la capilla de la universidad?
R. Nosotros lo valoramos por su faceta como académico, como cofundador con Orlando Fals Borda de la sociología de este país. Fue nuestro capellán y fue muy importante para la Teología de Liberación en América Latina. Es un referente. Pero por supuesto hay visiones de él que no comparto.
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