37 secuestros extorsivos en 2025 marcan el regreso del ‘paseo millonario’ en Bogotá
Un aumento histórico de este secuestro exprés lleva a la Alcaldía a anunciar operativos en zonas nocturnas, pero expertos advierten que sin reformas de fondo la violencia seguirá


Alzar la mano en la calle para tomar un vehículo en la noche y no recordar nada más. Despertar, en el mejor de los casos, con la cuenta bancaria vacía, ropa de otra persona y en un lugar desconocido. Recordado con terror en Bogotá, el ‘paseo millonario’, una modalidad de robo y secuestro en el que delincuentes, a bordo de un vehículo, drogan a sus víctimas y las retienen mientras les vacían cuentas y tarjetas, parecía historia pasada. Sin embargo, tuvo en 2025 un repunte que rompió récords de dos décadas. 37 casos de secuestro extorsivo, como se tipifica el fenómeno, reportó la Policía en su Sistema de Información Estadístico, Delincuencial, Contravencional y Operativo (SIDECO), cuando en 2024 habían sido ocho. Desde 2007 no se veía un número parecido, con 34 casos. En el primer mes de 2026 ya van dos, incluido el del profesor universitario Neill Felipe Cubides, cuyos restos fueron encontrados calcinados en el extremo sur de la capital colombiana.
Para Andrés Nieto, director del Observatorio de Seguridad de la Universidad Central y ex subsecretario de Seguridad de la ciudad, el repunte responde a tres factores interconectados: la capacidad de las bandas criminales para regenerarse una vez son desarticuladas, la rentabilidad del delito y la falta de una estrategia clara y sostenida de seguridad por parte del Distrito. Nieto explica que, tras una explosión de casos a principios del milenio y un repunte entre 2012 y 2014, Bogotá emprendió un proceso intenso de investigación y caracterización de las bandas dedicadas al ‘paseo millonario’, “grupos como Las Jugosas, Los Ferraris, La 45 y Los Rapis”. Fue un trabajo que permitió desarticularlas y reducir el delito, al punto de que parecía extinguirse. Pero nunca dejó de ser rentable. Incluso, según Liliana Mesías, investigadora independiente en seguridad ciudadana y víctima del ‘paseo millonario’, puede ser más lucrativo que un hurto o el microtráfico, porque “en un par de horas” desocupan cuentas y vacían tarjetas de crédito.
A esa rentabilidad se suma una evolución en la forma de operar. Mesías habla de una “profesionalización” de los grupos delictivos. Nieto apunta a algo similar con la idea de una “especialización”, bandas concentradas en ese delito. Aunque muchas víctimas son escogidas al azar, también existen procesos de perfilamiento. “Revisan redes sociales, rutinas, dónde trabaja la persona, qué hace, y propician escenarios para que se suba al vehículo que les interesa”, señala Nieto.
El experto señala que el aumento muestra la falta de una estrategia clara y continua por parte del Distrito contra la inseguridad. Remarca que se han abandonado acciones que funcionaron en administraciones pasadas, como las “carpas ciudadanas” instaladas en zonas de alta concentración nocturna como puntos seguros para conseguir transporte certificado. Allí se coordinaba con empresas de taxi y plataformas digitales, se registraban los datos del conductor y del pasajero y se habilitaban llamadas de seguimiento en tiempo real durante el trayecto.
Algo similar ocurrió con las “redes de cuidado” en zonas de rumba, donde bares y discotecas conectaban sus cámaras al Centro de Comando, Control, Comunicaciones y Cómputo (C4) de la Policía, y los taxis debían pasar verificaciones de antecedentes para poder recoger a pasajeros en las “carpas ciudadanas”. También se dejó de actualizar el Inventario Criminal Unificado de la Secretaría Distrital de Seguridad, una herramienta de inteligencia que permitía mapear bandas, disputas territoriales y patrones delictivos. “Se abandonaron esas estrategias y ahí están los resultados”, reprocha Nieto.
Mesías, por su parte, habla sobre un “desapego frente al delito que cae”. Se “relaja” la institucionalidad y la ciudadanía, y se genera una sensación de que no hay que poner atención porque hay pocos casos. Explica que la seguridad suele gestionarse desde el “sobresalto”, reaccionando a crisis puntuales, pero advierte que no puede depender solo de eso: “Debe haber planificación de largo aliento”. A esa persistencia es que Nieto ata el éxito de la estrategia anunciada el sábado pasado por la Alcaldía y la Policía Metropolitana: su comandante, el general Giovanni Cristancho, informó de la creación de “zonas Amarillas” para coordinar el Gaula, el gremio de bares Asobares, las empresas de taxi y las secretarías de Gobierno y Seguridad, para que los ciudadanos puedan tomar transporte seguro en áreas de alta vida nocturna. Las primeras intervenciones se realizarán en la Zona T, en el norte de Bogotá, en Modelia, al occidente, y en Galerías, en el centro oriente, así como a la salida de conciertos y eventos en el cercano Estadio El Campín.
Para los expertos consultados, esas estrategias de choque son necesarias ante la crisis y la presión ciudadana, pero insuficientes si no se acompañan con medidas más estructurales de administración de la seguridad, que busquen transformar las condiciones en la capital que propician los delitos de oportunidad. “Van más allá de perseguir al delincuente”, expresa Mesías, que propone acciones de “prevención situacional del delito, de ordenamiento territorial, de cómo se concibe la ciudad desde sus entornos”. Se trata de pensar en una gobernanza específica para la noche, por ejemplo, que gestione la vida nocturna, entendida no solo como la fiesta, sino el comercio, el espacio público y la habitabilidad a esas horas de una ciudad de ocho millones de personas que no se apaga. Es, precisamente, un tema al que se comprometió Galán en campaña pero que, entrado el tercer año de su mandato, no ha adelantado.
“Tiene que haber alianzas entre instituciones, diálogo entre las alcaldías locales, las comisarías de Policía, hay que hacer seguimiento a comercios, a plataformas de taxis y vehículos, al transporte informal e ilegal. Se trata de una capa más administrativa de la seguridad”, expresa Mesías. Si se da un ejercicio constante y riguroso en ese sentido, “los delitos de oportunidad no aparecen porque son medidas estructurales que impiden el surgimiento de las condiciones que generan los delitos”, remata.
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