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Gustavo Petro
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Elecciones 2026: el efecto Trump, primer ‘round’

La ‘filosofía pambeleana’, esa que dice que es mejor ganar que perder, diría también que es mejor resolver diferencias a las buenas y no a las malas, aunque en esta época la realidad parece indicar lo contrario

Gustavo Petro en Bogotá, el 8 de enero.

Es incierto lo que va a pasar en el encuentro que sostendrán los presidentes de Colombia Gustavo Petro y de Estados Unidos Donald Trump en la primera semana de febrero. Con ideologías opuestas y personalidades parecidas, si hay algo que han mostrado sus liderazgos es la capacidad de sorprender. De modo que todo puede pasar en la Casa Blanca. Sin embargo, hay que celebrar lo que es un triunfo de la diplomacia y no una arrodillada como calificaron algunos candidatos presidenciales en Colombia la conversación y el acercamiento entre los mandatarios. La reunión se dará en plena campaña electoral y tendrá peso en el debate.

Con justa razón una de las más fuertes críticas que le ha hecho la oposición a este Gobierno es esa tensión permanente en las relaciones con los países que tienen gobiernos de derecha sin entender que como jefe de Estado está obligado a representar los intereses de todo el país y no solamente los de su sector político. La derecha, sin embargo, quedó descolocada cuando, de manera sorpresiva, se conoció la noticia de la conversación entre los presidentes, la invitación a la reunión y con ello se pausaron las peleas.

Varios candidatos y analistas que intentaban deslegitimar lo que era un triunfo diplomático criticaron al presidente por “arrodillarse” cuando lo que estaba haciendo era tratar de componer una relación usando por fin el camino adecuado de la diplomacia. Le criticaron por no usar la diplomacia e intentaron criticarlo por usarla. La política no es coherente y se mueve por intereses electorales. Por eso también llamaron la atención los aplausos en plena plaza pública cuando el presidente Petro dijo que tras la conversación con Trump cambió el discurso que había preparado para la marcha convocada originalmente contra el imperialismo. La política es dinámica. Siempre. Y lo seguirá siendo.

Esta ficha de las relaciones Trump-Petro está llamada a jugar en el ajedrez de la campaña 2026. Y no es fácil hacer pronósticos porque todos pueden fallar. No hay que dar por bueno el resultado de ese encuentro, pero hay que saludar cada paso que se logre para mantener las relaciones internacionales en calma más allá de los votos. Son pocos los logros de la diplomacia en estos tiempos convulsos en los que se impone la ley del más fuerte por encima de los acuerdos, las formas y las sutilezas. Por eso no es bueno desdeñar lo alcanzado. Al país le conviene mantener buenas relaciones con los vecinos y más si se trata de la potencia alrededor de la cual ha orbitado para bien y para mal nuestro país. La filosofía pambeleana, esa que dice que es mejor ganar que perder, diría también que es mejor resolver diferencias a las buenas y no a las malas, aunque en esta época la realidad parece indicar lo contrario.

Y en ese sentido, ha sorprendido la manera como el presidente colombiano -tan poco dado a manejar con cabeza fría las relaciones internacionales- ha enfrentado el momento crítico que viven Venezuela y la región con una mesura que poco se le conocía. Después de la operación militar unilateral de Trump que terminó con la captura de Nicolás Maduro, el primer pronunciamiento que publicó el presidente Petro en su cuenta de X, fue una pieza de diplomacia pura. No hubo errores de tipeo ni de redacción, como es usual en sus publicaciones, manifestó preocupación, reivindicó la carta de la ONU, llamó a la intervención de los organismos multilaterales y a la salida dialogada. Era como si alguien hubiera suplantado a Petro en su cuenta.

Todavía falta decantar y entender con mayor detalle cuál es el interés de Trump en apaciguar los ánimos con Petro porque el hombre no da puntada sin dedal y todo lo que hace o deshace se mueve en torno a sus intereses. Con seguridad necesita alinear a Colombia para que ayude a sostener el novedoso proyecto de la alianza de trumpismo y chavismo en Venezuela que tiene como objetivo el petróleo. También buscará calmar las aguas ante la política interna que se sacudió con la acción unilateral en Caracas.

En ese escenario, a Colombia le conviene pensar con pragmatismo y tratar de entender que nos afecta directamente todo lo que le pase a ese vecino con el que compartimos una larga frontera, historia y destino. La seguridad, la migración, la economía, todo importa. Y al presidente colombiano le importa también la campaña en un año electoral. Hasta ahora Petro se ha movido con cautela como aconsejan la diplomacia y sus intereses políticos. ¿Cuánto le va a durar este momento de mesura?

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