Del optimismo al miedo: tres expertos analizan los efectos del nuevo salario mínimo del Gobierno de Petro
El aumento de 23% ha generado muchas voces de pánico y algunas de alivio. Los economistas Jorge Restrepo, Hernando Zuleta y Salomón Kalmanovitz analizan los riesgos sobre el auge de la inflación y el desempleo


El Gobierno de Gustavo Petro cierra el año quemando las naves de la ortodoxia económica. Con un aumento del 23,8% para el salario mínimo, lo eleva a dos millones de pesos —unos 533 dólares con auxilio de transporte incluido— y lo bautiza como “vital”, en una apuesta que redefine el tablero laboral y fiscal de Colombia. La decisión ha desatado una ola de críticas y miedo, desde la oposición, y pasando por los gremios empresariales y algunos economistas. También ha habido voces de alivio y celebración, especialmente en los sindicatos del país. Para entender los efectos de esta alza, inédita en la historia reciente del país andino, EL PAÍS ha consultado a tres voces autorizadas de la academia y el mercado. Se trata de Jorge Restrepo, profesor de economía en la Pontificia Universidad Javeriana y director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC); Hernando Zuleta, decano de la facultad de economía de la Universidad de los Andes; y Salomón Kalmanovitz, profesor emérito de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y excodirector del Banco de la República.
Jorge Restrepo: El temor al “efecto acordeón”
Restrepo empieza con un reconocimiento necesario: “Lo primero que uno debe decir es que esto beneficia positivamente a millones de personas”. Para el analista, es una victoria real para el bolsillo del 10% de los asalariados (2,4 millones de personas) y, sobre todo, para el 90% de los pensionados del país que “están indexados al mínimo”. Restrepo admite que a los economistas se les critica, “con razón”, por no valorar ese impacto inicial en el bienestar de las familias, aunque advierte que la alegría podría ser efímera si el incremento inyecta fuerza a la inflación.
Esa reacción inflacionaria vendría sobre todo por dos vías. Primero, en caso de que algunos segmentos económicos que anualmente toman como referencia el salario mínimo se encarezcan, como en el caso de la vivienda de interés social, las matrículas o los seguros. La segunda es el aumento de costos para proveedores de servicios en sectores como restaurantes, salud, educación o seguridad. Aquí Restrepo introduce un matiz de mercado fundamental: la capacidad de trasladar ese sobrecosto al consumidor depende de la competencia. En escenarios de baja competencia, el empresario simplemente traslada el costo de la nómina al recibo del cliente, alimentando la espiral de precios.
El gran temor de Restrepo es lo que define como el “efecto vallenato” o efecto acordeón. Al subir tanto el piso salarial, las empresas agotan su margen de maniobra y “reducen la posibilidad de ajustar los salarios que están por encima” de dicho salario mínimo. El resultado es una escala laboral que se comprime: los técnicos y profesionales terminan ganando casi lo mismo que el personal no calificado, lo que golpea los incentivos para el ascenso social.
Finalmente, el economista subraya la “habilidad política” de la medida, que crea una “nueva clientela macroeconómica” con capacidad de consumo en el corto plazo, especialmente en los sectores urbanos. Sin embargo, lanza una advertencia sobre los olvidados del decreto: “Nadie alza la voz por los jóvenes, los informales y la gente del campo”. La formalización se volvería más difícil, y quienes emplean mano de obra informal barata pueden mantenerla, o precarizarla aún más. Para estos grupos que no son empleados formalmente, el aumento no es una escalera, sino un muro que ahora es mucho más alto y “difícil de escalar”.
Hernando Zuleta: El falso espejo de México
Hernando Zuleta es tajante al calificar el discurso oficial como “técnicamente incorrecto”. Para el académico, un aumento que supera en “17 puntos a la inflación” no tiene precedentes y provocará una “gran caída en el empleo formal”. Zuleta rechaza una comparación que se ha hecho con el éxito de México cuando subió drásticamente el salario mínimo, señalando que en el país norteamericano ese mínimo era “diminuto respecto al promedio” salarial de allí. En Colombia esa distancia entre el mínimo y el promedio es tan corta que cualquier movimiento brusco puede “generar desempleo” al superar el salario de equilibrio, que es lo que el mercado puede pagar.
La radiografía de Zuleta apunta a un “doble choque de oferta” que asfixiaría a la pequeña y mediana empresa. Por un lado, el costo de contratar sube; por el otro, tener un crédito es más costoso porque el Banco de la República tendrá que “apretar la política monetaria” subiendo tasas para frenar el consumo y la inflación. “Es una receta para la desaceleración y posiblemente una recesión”, advierte el economista, quien ve con preocupación cómo las empresas con liquidez optarán por la “automatización” para reemplazar puestos que resultan impagables a largo plazo.
El panorama se agrava al sumar la nueva reforma laboral, que Zuleta ve como un lastre que “encarece adicionalmente las horas extras y los festivos”. Ante este escenario, predice que muchos establecimientos, especialmente en sectores intensivos en mano de obra, “operarán menos horas o pasarán a la informalidad” para eludir dicha carga. Para el profesor de los Andes, el incremento no es un motor de crecimiento genuino, sino un factor que obligará al próximo gobierno a realizar un “duro ajuste fiscal”.
Salomón Kalmanovitz: “Un tiro en el pie”
Salomón Kalmanovitz califica el decreto como una “alza hiperbólica” y un ejercicio de “irresponsabilidad fiscal”. En un contexto donde el déficit público ya roza el 7% del PIB, el economista critica que el Gobierno haya impuesto un reajuste real cercano al 20%. “La generosidad de Petro termina siendo un tiro en el pie”, afirma, recordando que el propio Estado deberá reajustar la nómina de 1,4 millones de servidores públicos —la mayoría docentes y uniformados—, lo que implica un “costo adicional de 1,2 billones de pesos” que no estaban en las cuentas.
El análisis de Kalmanovitz se centra en el daño al salario como unidad de cuenta. “El salario está presente en todos los bienes y servicios”, explica, lo que garantiza una presión inflacionaria que obligará a mantener tasas de interés altas, agregando “un lastre al crecimiento”. Para el exbanquero central, la medida destruye los márgenes de ganancia de las empresas.
Finalmente, Kalmanovitz advierte sobre la herencia que deja esta administración. “Se le lega un problemón a su sucesor”, sentencia, tras observar cómo el Gobierno ha contraído deuda reciente a intereses “costosos del 13,5% anual en operaciones opacas”. Mientras los sindicatos celebran “con cerveza y aguardiente”, el analista ve una tormenta perfecta de deuda y déficit que terminará por enfriar las posibilidades de desarrollo del país, convirtiendo el aumento de hoy en la carestía de mañana.
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