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ECONOMÍA COLOMBIANA
Columna
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Fútbol y economía, Zubeldizar y Boterizar

De la misma manera que durante décadas Zubeldizamos el fútbol y Boterizamos la economía, una nueva generación de políticos y economistas debe recuperar la buena pedagogía, la seriedad y la imaginación, para dejar de perder y volver a ganar

En 1966, el equipo de fútbol Estudiantes de La Plata y la economía colombiana se parecían. Un equipo chico, en un país en el que los campeonatos estaban reservados para los grandes; un país chico, en un mundo en el que el éxito económico parecía favorecer sólo a unos pocos.

A ese Estudiantes de la Plata llegó Osvaldo Zubeldía como director técnico. Estoy persuadido de que, en los últimos cincuenta años, Rodrigo Botero Montoya jugó para la economía colombiana un papel tutelar similar al de Zubeldía para el fútbol.

Dice Zubeldía: “Cuando llegué al fútbol, estaba todo inventado. Lo único que hice fue sistematizar las experiencias recogidas, trabajar muchísimo, vivir para el fútbol siete días por semana, exigir, dar el ejemplo todos los días del año y aplicar todo eso en beneficio de mis jugadores. Estudiantes nunca se caracterizó por amontonarse dentro del área. Hemos mantenido posiciones en todo el campo. Hemos controlado al adversario en todas partes. Esa no es una fórmula defensiva. Es un sistema que llega a inhibir al equipo contrario por una sola razón: en todas partes del terreno hay jugadores de Estudiantes.”

La consagración de ese equipo humilde en presupuesto y plantel quedó en una columna de Julio César Pasquato en El Gráfico del 8/8/1967: “El triunfo de Estudiantes ha sido el triunfo de la nueva mentalidad, servida por gente joven, fuerte, disciplinada, dinámica, vigorosa, entera espiritual y físicamente. Gente dispuesta a trabajar por un objetivo común. Osvaldo fue un autodidacta del que aprendimos mucho de fútbol y también de la vida. Él nos dijo: «Ustedes tienen que demostrar que no existen débiles ni poderosos en el fútbol, que todo se puede lograr con trabajo y dedicación». Esa final contra Racing la encaramos sabiendo que íbamos a cambiar la historia con un triunfo”.

Para Zubeldía, sin embargo, todo esto recién comenzaba. Cuando en el vestuario triunfador le preguntaron si estaba satisfecho, respondió tajante: «Totalmente, no. Siempre quiero más.» Ese mismo equipo no paró hasta conquistar tres veces la Copa Libertadores de América (1968, 1969 y 1970), una vez la Copa Interamericana y la Intercontinental (1968).

En los años setenta vino a vivir a Colombia y a zubeldizar el fútbol, cosa que, en mi opinión, no ha dejado de suceder hasta hoy. Es, en buena medida, lo que tiene a la selección nacional en buena forma para enfrentar el campeonato mundial de 2026. Una serie de líderes aplicó, a lo largo de 50 años, lecciones que significaron un ascenso y una filosofía transformadora para el jugador colombiano y para el fútbol nacional.

A Zubeldía lo heredó Francisco ‘Pacho’ Maturana; a este, José Néstor Pekerman; y ahora, Néstor Lorenzo. Un solo líder no basta, como dijo Luis Carlos Galán. Se necesita una seguidilla consistente de líderes con una visión unificada de la transformación mental, cultural y productiva, de trabajo duro, que hay que impulsar en los colombianos.

En esos mismos 50 años, ocurrió en la economía colombiana algo similar a lo que describimos sobre el fútbol. Desde el final de los años sesenta, personas como Carlos Lleras Restrepo y Rodrigo Botero Montoya iniciaron transformaciones y aprendizajes que reportaron grandes beneficios, como la estabilización del manejo cambiario. Luego, en los años setenta, Lauchlin Currie usó la vivienda para absorber la mano de obra urbana, dinamizar muchas industrias locales y ayudar a las clases urbanas medias y bajas, que crecían como espuma.

Poco después, Eduardo del Hierro y Jaime García Parra fueron artífices del cambio del contrato de concesión a los contratos de asociación, que transformaron la industria petrolera, el sector externo y la economía nacional, justo cuando el país pasó de exportador a importador de petróleo, en medio de la crisis energética mundial de 1973-1974.

Luego, Rodrigo Botero, Eduardo Wiesner y Jaime García Parra intentaron liberalizar la economía y el sector financiero. Unos años más tarde, Roberto Junguito, Francisco Ortega, Luis Jorge Garay, Óscar Marulanda y Carlos Caballero, entre otros, rescataron a la economía de una profunda crisis y la enrutaron hacia un largo periodo de prosperidad, apoyados en el café y el petróleo.

Al final de los años ochenta, Luis Fernando Alarcón y María Mercedes Cuéllar, inspirados por Rodrigo Botero, fueron precursores de la liberalización comercial. Esa batuta la tomaron y ampliaron a una agenda profunda y comprensiva de reformas, el presidente César Gaviria y un grupo de economistas liderados por Rudolf Hommes, Armando Montenegro y Juan Luis Londoño. Junto con Francisco ‘Pacho’ Ortega y Miguel Urrutia, lograron la independencia de esa entidad, que aportó muchos beneficios al país.

Al final de los años noventa e inicios del nuevo siglo, Juan Camilo Restrepo y Juan Manuel Santos, en el Ministerio de Hacienda, y el equipo del DNP, implementamos un saneamiento profundo de la economía. Jaime Ruiz y Luis Alberto Moreno idearon y sacaron adelante el Plan Colombia, que dio excelentes resultados en la primera década de este siglo.

Roberto Junguito, Alberto Carrasquilla y Óscar Iván Zuluaga aprovecharon la primera década del siglo y un viento de cola internacional para consolidar la seriedad fiscal y seguir desarrollando la bonanza petrolera de exportación. Para 2012, con la regla fiscal, la reforma de las regalías y la sostenibilidad fiscal en la Constitución, completamos un marco constitucional y legal de seriedad y prudencia que tomó quince años y cuatro administraciones presidenciales para construir.

En la última década se aceptó gastar muy por encima de las posibilidades, y se duplicó la deuda pública hasta poner en riesgo la sostenibilidad fiscal y económica de Colombia. Necesitamos retomar el camino.

De la misma manera que durante décadas Zubeldizamos el fútbol y Boterizamos la economía, una nueva generación de políticos y economistas debe recuperar la buena pedagogía, la seriedad y la imaginación, para cubrir todos los espacios de la cancha productiva, dejar de perder y volver a ganar.

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