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El volcán Puracé, en el Cauca, pasa a alerta naranja por incremento de actividad sísmica

El Servicio Geológico Colombiano ha advertido un aumento en la emisión de gases y de ceniza, que llega a un kilómetro de altura sobre el cráter

Valentina Parada Lugo

El Servicio Geológico Colombiano informó este sábado que la alerta sobre el volcán Puracé, en la cadena Los Coconucos de la cordillera de Los Andes, llegó a naranja. Cuarenta años después de que una erupción en el Volcán nevado del Ruiz, unos 320 kilómetros más al norte, produjera unas 25.000 muertes, el volcán registra “cambios significativos en su dinámica”, que señalan un aumento en la probabilidad de una erupción, sin indicios de que sea inminente. Ante el incremento de la actividad, las autoridades han activado una sala de crisis nacional para su monitoreo continuo y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) ordenó la evacuación de 70 personas que habitan en la zona más cercana al cráter, ubicado a 4.650 metros sobre el nivel del mar.

El volcán, uno de los 50 que hay en Colombia, está ubicado sobre la cordillera central de los Andes, a 27 kilómetros de Popayán, capital del departamento del Cauca. En las últimas horas, las autoridades han reportado emisiones de gases y ceniza que se han elevado más de mil metros sobre la cima. Ese tipo de emisiones no equivalen a una erupción explosiva de gran escala, pero son consideradas “erupciones menores”, y han generado caída de ceniza y afectación de la calidad del aire de los alrededores.

En los últimos días, el Servicio Geológico había detectado un aumento en la actividad sísmica bajo el cráter, a profundidades menores a un kilómetro. “Durante el día de hoy se han registrado variaciones significativas, especialmente el aumento en la ocurrencia y la energía de sismos asociados con la dinámica de fluidos en el interior del volcán”, dice la entidad en un comunicado de prensa.

El Puracé es considerado uno de los volcanes más activos de un país con actividad geológica importante. Su historial documentado incluye numerosas erupciones desde al menos 1827, según reportes del Servicio Geológico. La entidad ha explicado que la última erupción de gran magnitud ocurrió en marzo de 1977, aunque no se reportaron víctimas ni daños. En mayo de 2024, la actividad volcánica también incrementó y las autoridades decretaron la alerta naranja, aunque semanas después el riesgo disminuyó.

La erupción más grande ocurrió en mayo de 1949, hace 76 años, y cobró la vida de 17 estudiantes del Liceo de la Universidad del Cauca que, en medio de una excursión, escalaron el cráter. Ese episodio marcó uno de los eventos más trágicos asociados al Puracé y permanece como un recordatorio del volcán que hoy vuelve a mostrar señales de inestabilidad.

Desde 1986, luego de la tragedia de Armero, el Servicio monitorea de forma permanente al Puracé mediante estaciones sísmicas, “seguimiento de la deformación del terreno, vigilancia de fuentes termales y medición de gases volcánicos”, como explica en su página web. En las últimas décadas, han observado con frecuencia sismos de largo periodo, incrementos en emisiones de gases, como dióxido de azufre, y actividad fumarólica, lo que subraya que el volcán, aunque esté en periodos de reposo, sigue activo y bajo escrutinio constante.

Las comunidades más próximas al volcán en riesgo son los cabildos indígenas de Coconuco, Paletará y Puracé. Varios asentamientos del último de esos resguardos, de la etnia coconuco, se encuentran dentro del área de influencia directa del volcán y han sido priorizadas en los planes de evacuación preventiva. También figuran municipios como Sotará y, a unos 30 kilómetros, la ciudad de Popayán, que puede verse afectada por la caída de ceniza. En esta zona viven tanto otras comunidades indígenas de los pueblos misak y nasa, como poblaciones campesinas cuya actividad agrícola y acceso a fuentes hídricas dependen de ese ecosistema.

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Sobre la firma

Valentina Parada Lugo
Periodista de EL PAÍS en Colombia y estudiante de la maestría en Estudios Políticos de la Universidad Nacional. Trabajó en El Espectador en la Unidad Investigativa y en las secciones de paz y política. Ganadora del Premio Simón Bolívar en 2019 y 2022.
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