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Paternidad
Opinión

Medir el costo de la paternidad: la canasta de crianza, un experimento argentino

El nuevo índice propone cuantificar gastos que incluyen no solo el costo de la vida social, actividades y conectividad de los chicos, sino que estima la inversión en el cuidado

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Si quejarse por las tasas de natalidad en descenso en ciudades como Buenos Aires —con un alto índice de hogares unipersonales y cada vez más mascotas por habitante— se ha vuelto deporte nacional, además de una cita recurrente en el discurso de políticos, un tema menos discutido es cuánto cuesta criar hoy. Es decir, a la distribución desigual de las tareas domésticas y de cuidados (el 89,4% lo realizan las mujeres), las licencias disponibles o la habitabilidad de las ciudades, hay que añadir el dinero que sale mantener niños. Un dato que no es para nada despreciable en contextos de crisis económica local y global, ya que tener hijos además de tiempo, esfuerzo y trabajo, insume dinero.

Por eso es que un nuevo índice denominado Canasta de crianza, presentado a fin del 2025 por el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (IDECBA), propone por primera vez y como experimento novel en la región cuantificar estos gastos que están por fuera de la canasta básica alimentaria e incluyen no solo el costo de la vida social, actividades y conectividad de los chicos, sino que también estima la inversión hecha en el cuidado.

Algo clave dado que algunos “gastos” son más evidentes que otros y cuando todavía cuesta pensar al cuidado como una actividad económica más que contribuye al PBI de los países (en el caso de Argentina alrededor del 16-21% dependiendo del año y la medición). Invisibilizados como están, los cuidados de adultos mayores y/o niños y las tareas domésticas de todo tipo, no dejan ser una inversión que solo una de las partes realiza en la crianza.

“Esta estimación se construyó a partir de una canasta de crianza que busca reflejar cuánto cuesta criar a un niño o niña según su edad en Buenos Aires. La metodología no solo contempla gastos habituales como alimentos, vivienda, salud, educación o transporte y el tiempo de cuidado. Ese tiempo se valora económicamente a partir del costo de servicios de cuidado equivalentes en el mercado, por ejemplo el trabajo en casas particulares, niñeras, jardines maternales u otros servicios formales de cuidado infantil. El objetivo es contar con un indicador que permita dimensionar el costo real de la crianza y aportar información útil para el diseño de políticas públicas y el debate social. Estas estimaciones son posibles para la ciudad dado que cuenta con una gran producción estadística, como por ejemplo la encuesta de Uso del Tiempo, el Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad (Ipcba), dos encuestas de mercado de trabajo, entre otros”, explica María Eugenia Lago, Directora General, IDECBA.

El indicador se construyó con tres grandes categorías, la primera mide la canasta alimentaria, para la que no se tomaron los valores tradicionales, sino que especialistas del Ministerio de Salud determinaron las demandas nutricionales y calóricas para cada edad y género —con diferencias mínimas entre niñas y varones— que se explica porque ellos tienen mayor demanda calórica en los años de crecimiento. Así como en el caso de las mujeres, se contempla el uso de productos de higiene y gestión menstrual desde los 10 años.

La segunda categoría fue la canasta no alimentaria que incluye indumentaria, calzado, transporte, equipamiento y mantenimiento del hogar, comunicaciones (recordemos que la conexión a internet es un derecho humano universal), productos de limpieza, recreación y cultura, electricidad, servicios de la vivienda, salud, educación, expensas y alquiler de la vivienda, entre otros.

La tercera categoría es significativa, ya que representa la mitad del gasto total de crianza: el cuidado. Aquí los recién nacidos o niños más pequeños requieren más horas de cuidado que un niño grande o un adolescente. En resumen, según los números preliminares, criar un hijo de un año en Buenos Aires siendo propietario del hogar demanda $1.293.239 (unos 890 dólares), mientras que para una hija de la misma edad e igual tipo de hogar la canasta costará $1.282.564 (882 dólares). Las cifras trepan a $1.306.297 (898 dólares) y $1.297.645 (892 dólares), respectivamente para los dos años.

“La primera canasta la construyó INDEC y es para Argentina (cuyos datos de diciembre se ven aquí) pero lo que hicimos nosotros en Ciudad fue refinar mucho más la metodología y hacerla con datos propios y más precisos para nuestra jurisdicción. Lo hicimos con el apoyo de ELA y UNICEF, y surge a pedido de los tomadores de decisión pública en la Legislatura Porteña, apuntalando el uso de datos públicos”, agrega Marisa Miodosky, asesora en el IDECBA y especialista en datos y políticas de género y diversidad.

Otra utilidad del índice es poder servir como insumo a la Justicia de Familia a la hora de fijar una cuota alimentaria en caso de separaciones, y sabiendo que el cumplimiento de estas cuotas es todo un problema en la región (tres de cada 10 padres en Argentina no paga la cuota según datos de UNICEF).

Relevancia cultural

Los datos de la canasta de crianza empezarán a publicarse con continuidad en marzo de 2026 y, aunque todavía no está desarrollada la manera de calcular la inversión en crianza cuando en el hogar hay más de un hijo —algo que estará resuelto para la próxima medición—, esto constituye un paso enorme para darle entidad al tema de los cuidados, además de sumar la variable económica al debate sobre la natalidad.

Algunas voces consideran que estos números van a operar como un factor que desestimule la paternidad, pero según Lago, la baja de la natalidad no solo se explica por lo que cuesta un hijo, sino por un cambio cultural y de expectativas de vida. “La idea con este indicador no es pensar en dar fundamentos para decir ‘Un chico es caro’, sino para pensar cuáles son los elementos para que los que tengan hijos los puedan criar en la plenitud de sus derechos”.

Sería necio no observar que hoy la parentalidad dejó de ser un destino inevitable para muchas parejas jóvenes, como lo confirma un estudio del CIS-UADE (2025) en el que apenas el 35% considera que la maternidad o la paternidad son fundamentales para sentirse realizados, o un deseo fijado para las mujeres. De hecho, como comentamos en esta misma newsletter, hasta existen motivos medioambientales y factores como la llamada ecoansiedad responsable de que las nuevas generaciones se replanteen la “mapaternidad”.

“Los factores estructurales que explican la caída de la tasa de natalidad en todo el mundo, tienen que ver sobre todo con la salida masiva de las mujeres al mercado de trabajo, la educación universitaria y superior, y desde luego la píldora anticonceptiva”, agrega Sol Prieto, Investigadora (CEIL-CONICET).

Dejando de lado el cinismo, tal vez empezar a tener discusiones más honestas en relación no solo a la distribución de las labores y responsabilidades como de los costos, pueda ayudar a que las parejas tomen decisiones más informadas, conscientes y equitativas para todos. O inclusive, que los gobiernos municipales y nacionales empiecen a considerar medidas como las que el flamante nuevo gobernador de Nueva York, Zohan Mamdani, anunció este mes para ayudar a madres y padres: un plan para universalizar el cuidado infantil. Algunas pistas para los políticos mirando otro canal.

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