Ir al contenido
_
_
_
_

Ni suicidio ni accidente: las familias de Stephany Carmona y Dalila Acosta desconfían de la Guardia Nacional

Las dos mujeres, de 19 y 28 años de edad, fallecieron en instalaciones militares de Guerrero en sucesos opacados por la falta de información ante hechos violentos al interior de los cuarteles

Pasaron casi cuatro meses para que las muertes de Stephany Carmona, de 19 años, y Dalila Acosta, de 28, ambas adscritas a cuerpos de la Guardia Nacional en Acapulco, Guerrero, llegaran a la conferencia diaria de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. La mañana del miércoles, una periodista guerrerense ha cuestionado a la mandataria sobre las circunstancias violentas en las que ambas mujeres fallecieron dentro o cerca de los cuarteles y sobre las medidas de seguridad existentes en el Ejército para prevenir la violencia contra las mujeres. “Primero, hay que revisar los casos. Segundo, cuando se trata la violencia contra una mujer, cero impunidad”, respondió la mandataria, que se ha comprometido a dar una respuesta a las familias de las víctimas y a la sociedad.

Sheinbaum aseguró que desde su llegada a la presidencia ha sido enfática en poner en marcha mecanismos con los que las mujeres puedan denunciar situaciones de acoso o violencia: “Dentro de las Fuerzas Armadas hay un área específica dedicada a apoyar a las mujeres. Vamos a trabajar para reforzar estas áreas junto con el secretario de Defensa y Marina [el general Ricardo Trevilla Trejo], que son hombres de mucha sensibilidad y de reconocimiento de los derechos de las mujeres”, dijo.

Este periódico ha consultado a la oficina de Comunicación de la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) a propósito de las menciones que ha hecho este miércoles la presidenta Sheinbaum. La dependencia ha asegurado que todavía no hay información que puedan compartir.

La denuncia de Stephany Carmona que nadie atendió

Stephany Carmona Rojas, una joven de 19 años, resultó muerta el 14 de octubre de 2025 cuando supuestamente se encontraba en una práctica de tiro en el 51 Batallón de la Guardia Nacional, en Acapulco. Carmona Rojas había presentado una queja formal al interior de la institución por el acoso que ejercía contra ella el sargento Yair Manuel Ramírez de la Curz. Después de presuntamente darle dos tiros “por accidente” a la joven, salió de las instalaciones militares y estuvo prófugo durante cuatro días.

Según ha contado en entrevista a este periódico la madre de la joven, María Fernanda Rojas, la familia, originaria de Ajalpan, Puebla, recibió el aviso de que la mujer había sufrido “un accidente” y les pidieron que se trasladaran al Hospital Naval militar en Guerrero.

Hasta unos meses antes de su muerte, Stephany Carmona estaba contenta, pero después de un entrenamiento en San Miguel Jagüeyes, en el Estado de México, le contó a su madre que un sargento la estaba acosando: “Dijo que recibía acoso por parte de ese sargento [Yair Ramírez]. Me dijo su nombre. Me contó que en uno de los adiestramientos que habían tenido él la tocó inapropiadamente y que ella había interpuesto una queja”.

Rojas ha contado que su hija deseaba ser parte de la Guardia Nacional desde que terminó la secundaria y que veía ese sueño como una forma de superarse y “de servir a la Patria”. Recordó, además, que aunque se trasladó a Guerrero —a poco más de 500 kilómetros de distancia— desde febrero, causó alta como soldado de la Guardia Nacional el 14 de abril de 2025. “Fue una chica muy decidida y firme”, dice. “Mi hija me dijo que dentro del lugar se vivía mucho acoso e incluso me platicó una vez sobre abuso sexual dentro de la institución, pero no me resaltó otros casos. Y no se habla solo de un sargento, sino de varios altos mandos que abusan de su poder en ese batallón”, asegura.

Cámaras que no funcionan en instalaciones militares

La familia de Carmona Rojas solicitó a las autoridades las imágenes de las cámaras del batallón para revisar cómo habían sido los hechos. La respuesta, aseguran, fue que en ese momento en el batallón no había energía eléctrica, por lo que las cámaras no estaban funcionando.

El horror apenas comenzaba para la familia de la joven. Todavía con desconfianza y el dolor latente, Rojas recuerda: “Cuando llegamos al hospital, yo esperaba encontrar a mi hija dentro de un cuarto, porque me dijeron que había sido intervenida por un cirujano, pero encontré a mi hija en una bodega del hospital, en una bolsa negra ya. Mi hija ya estaba taponeada de oídos, de nariz, de boca. Solo se acercó personal del batallón para darme el pésame. Les dije que ella no había sufrido un accidente, que ellos la habían matado. No me respondieron nada”.

Como en el caso de Carmona Rojas, la familia de Dalila Acosta, de 28 años, encontrada muerta en el estacionamiento de su destacamento, también en Acapulco, solicitó acceder al material de las cámaras de seguridad que rodean el complejo militar. La respuesta volvió a ser desconcertante: las cámaras no funcionaban.

El cuerpo sin vida de Acosta Medina, originaria del Estado de México, fue hallado la madrugada del 6 de enero con un tiro en el rostro, vestida de civil y con una arma y uno de sus teléfonos móviles a un lado. Las autoridades locales comenzaron a investigar el hecho como un suicidio. Sin embargo, la familia asegura tener evidencias de que el relato oficial es contradictorio, deficiente y revictimizante, al querer culpar a la joven de algo que, aseguran, es un asesinato.

La imagen que ha circulado del cuerpo de Dalila Acosta la muestra cubierta por una manta azul, justo entre dos patrullas de la corporación, con una mano extendida. Al fondo, la oficina de la entrada aparece con las luces encendidas y una puerta abierta que no está a más de 100 metros de distancia. Para María Guadalupe y Eréndira Acosta, dos de las hermanas de la guardia, la escena parece muy forzada, incluso medida y cuidadosamente preparada. “No tenemos todavía el reporte pericial de las autoridades, pero sí tenemos esa misma foto sin censura, donde nosotros, sin ser profesionales, creemos que todo está arreglado. Desde la posición del cuerpo y de su arma”, dijeron.

“Lo que yo quiero es que la muerte de mi hermana no quede impune y que la gente no esté pensando que mi hermana hizo lo que se cuenta [quitarse la vida]. Nosotros tomamos la decisión de que revisaran el cuerpo de mi hermana y tenemos evidencia y testigos de cómo es que no solo tenía un tiro en la cara. A mi hermana le falta un diente —que es ilógico que solo un diente se le cayera con la detonación con un impacto tan fuerte—, tiene signos de golpes y de maltrato en todo el cuerpo, tiene una huella de una bota marcada en el cuerpo, marcas en la espalda de lo que parece ser un cinturón, rasguños en la cara y en la pelvis. Y en la parte de la cabeza, de atrás, tiene una herida muy grande”, dicen las hermanas de Acosta.

Los detalles son muy similares a lo denunciado por los familiares de Carmona Rojas. Su madre ha contado que, además de encontrarla ya en una bodega dentro de una bolsa, en el cuerpo de su hija solo era visible una marca de suturas en la parte superior de su ceja izquierda y que también había más heridas. “En el momento en el que leí la necropsia decía que presentaba quemaduras en un glúteo y en los antebrazos. Cuando le pregunté al médico forense el porqué de las quemaduras, me dijo que él no sabía que él solo daba la lectura del cuerpo como lo vio. ¿Usted de verdad cree que él no sabía qué le pudo haber causado las quemaduras?”, pregunta con indignación.

La madre de Carmona Rojas ha asegurado que a través de un cristal pudo observar el cuerpo de su hija. Notó que la herida en su rostro era pequeña en comparación con lo que esperaba encontrarse cuando le dijeron que tenía un tiro en el rostro. Además, asegura que en el reporte forense se declara que Stephany Carmona murió por el impacto de dos tiros. Sin embargo, ella no pudo apreciar en dónde había sido el segundo de ellos.

Además de los casos de Carmona Rojas y de Acosta Medina, un tercer suceso ha sido incluido entre los que la presidenta Sheinbaum ha prometido investigar: el de la muerte de Sherline Anabel Rosario, de 23 años, quien estaba adscrita al 50 Batallón de la Guardia Nacional, en Coyuca de Benítez, en Guerrero, cuyo cuerpo fue encontrado el 5 de noviembre en el fraccionamiento Las Playas en el puerto de Acapulco.

Medios locales, que citaron fuentes de seguridad, aseguraron en las horas posteriores al hallazgo que el caso había sido tratado inicialmente como un homicidio “provocado por tránsito vehicular”, pues la mujer manejaba una motocicleta. Los primeros reportes arrojaban que la joven tenía heridas en el ojo derecho, tórax y en el brazo derecho. La causa de muerte fue identificada como traumatismo craneoencefálico.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_