‘Marcelino’, de Bibiana Collado Cabrera: una novela sobre lo que los hombres han sabido —o no— ver en las mujeres
La escritora imagina a un hombre criado en lo rural cuya inocencia se convierte en una forma de verdad. Así se observa la vivencia femenina y los deseos y silencios que la atraviesan

Bibiana Collado Cabrera (Borriana, 41 años) es una autora excepcional. Diría más: es una escritora cuya obra merece estar en la estantería de cualquiera y espero que sus libros se encuentren el día de mañana no solo en las librerías, sino también en los puestos de viejo. Eso significará que ha sobrevivido a su tiempo, que no es poco, ya que ahora todo es incertidumbre y jaleos cobardes en internet.
Su trabajo genera conversación con otras coetáneas como Ana Campoy o Esther López Barceló, cuyas obras también sitúan la memoria histórica como motor de los sucesos que desean contarnos. No obstante, aquella memoria se lee sin idealizar. Con contexto social y circunstancia material. En definitiva, sin alharacas, que es como debiera ser todo. Asimismo, no quiero dejar de anotar aquí los nombres de Teresa Gracia, el Miguel Hernández de El rayo que no cesa, Agustín Gómez Arcos, el Delibes de El camino (a veces) o de Max Aub, y no por comparar, sino por el diálogo. Equiparar es algo demodé que pervierte la historia literaria y no da cuenta precisa de nuestra tradición. La embrutece. La práctica lírica es igualmente reseñable en su trayectoria, pero no me referiré aquí a ello por limitación y solo les recomendaré que le echen un vistazo cuando buenamente puedan. Ahora, a lo mío.
En esta ocasión, Collado Cabrera, tras la celebrada Yeguas exhaustas (2023) ―novela que, si no recuerdo mal, acumula ya siete ediciones― imagina la voz de Marcelino, alguien criado en un entorno rural y muy rural, que pronto morirá. Si ese hombre fuese una carta del tarot no sería otra que la del loco, por inocente, por espontáneo. Nervioso y callado. Por ser un adalid de la libertad. Atiende de la misma forma al arquetipo del tonto del folclore: subvierte la norma social en lo que a mirada hacia las mujeres respecta para revelar toda verdad que queda oculta.
La novela se compone de cincuenta capítulos más uno presentados con originalidad y exactitud: hay fantasía sintáctica, juego vanguardista y emoción; hallazgos increíbles como “separar el gusto del daño”, según se dice, o establecer el amor como “puente líquido entre los cuerpos”. Sobre el idioma, Collado Cabrera crea imágenes líricas y majestuosas, en ausencia de imposturas, de eso que se escribe o dice como si tal cosa. Aunque todavía es más gustoso si cabe ―más allá de la estructura del texto― poder aprovecharnos de Marcelino un ratito adicional y escuchar de qué hablan los hombres cuando hablan de los cuerpos de las mujeres, que acostumbra a ser con estupefacción torera.
Marcelino a lo largo de su vida es testigo de cómo las mujeres experimentan eso que muchos han dado en llamar el milagro de la creación que no es siempre, por cierto, un prodigio. En ocasiones se torna sacrificio o maldición. Así, y gracias a este caballo de Troya que es este buen ejemplar de ser humano, asistimos con nuestros propios ojos a la vida de un sinfín de mujeres cuya razón biográfica es muy distinta la una de la de las otras. Todas ellas atravesadas, eso sí, por una violencia anormal, un padecimiento atado a pensamientos como el que sigue y que se enuncia en el texto: “Antes no se averiguaban las cosas, se dejaban estar y punto. Se oía de todo”.

Marcelino. Decires de un hombre
Pepitas de Calabaza, 2026
160 páginas, 17,50 euros
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