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La viralidad de los videos de los asesinatos de Pretti y Good, la clave de la resistencia que ha puesto a Trump contra las cuerdas

La difusión inmediata de ambos incidentes impidió que el Gobierno pudiera establecer su narrativa y contrasta con el caso de la muerte en custodia migratoria de Geraldo Lunas Campos

Un agente del ICE trata de detener a Alex Pretti, en Minneapolis, el 13 de enero.

Mientras todavía se despertaba en la mañana del sábado 24 de enero en Chicago, Ava Orrantia miraba Instagram sin demasiada atención, hasta que un video imposible de ignorar apareció en su feed. “Fue surreal porque primero me fijé qué tan recientemente había sido publicado, apenas 40 minutos. Y luego, en el video, se oye la voz de quien está grabando que dice: ‘No puede ser, lo acaban de matar. Está muerto. Está muerto’. Y eso era exactamente lo que yo estaba sintiendo. No podía creer lo que acababa de pasar frente a mis ojos”, cuenta por teléfono esta estudiante universitaria de 20 años.

“Frente a mis ojos”, se ha vuelto, en los últimos días, una frase que se repite en columnas de opinión y tertulias de debate, pero también en conversaciones entre amigos y, según reportes de medios locales, hasta en debates en la Casa Blanca. La viralización inmediata de los videos grabados por testigos de los asesinatos de Alex Pretti y Renee Good en Minneapolis en el último mes convirtió a millones de personas en observadores directos, algo que ha impedido que el Gobierno pueda establecer su narrativa al respecto.

Lo saben perfectamente los miles de voluntarios que se han organizado en todo el país para vigilar sus comunidades y proteger a sus vecinos de las indiscriminadas redadas de los agentes migratorios enmascarados que patrullan las calles de, principalmente, ciudades gobernadas por demócratas. En sus entrenamientos comunitarios aprenden que cuando vean a agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) u otros cuerpos federales en medio de un operativo migratorio, deben hacer sonar sus silbatos o bocinas para alertar de su presencia; pero también que deben sacar sus teléfonos celulares y grabar. Es una primera línea de defensa: las cámaras disuaden a los agentes de tomar acciones más drásticas o violentas. Pero, en el peor de los casos, proporcionan evidencia irrefutable de un abuso de poder o un crimen.

Es la primera lección que ha aprendido Keela Grimmette, una de esas voluntarias que han dado un paso al frente a lo largo del último año. A sus 41 años en Lake Placid, al norte del Estado de Nueva York, se ha juntado con otros vecinos para apoyar a la comunidad migrante, que es clave para sostener el turismo del que vive el pueblo conocido por haber sido sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1980. “Nos hemos entrenado una y otra vez para grabar. Esa es nuestra primera y más importante acción: ser testigos de lo que está sucediendo”, explica Grimmette.

El impacto de los múltiples videos de los asesinatos de Pretti y Good, asegura, le ha dado la razón a los activistas. “Estamos viendo que, si no hay material de video, las historias se están tergiversando. Incluso cuando hay video, lo intentan. Así que es crucial. También es único, porque está llegando a los dispositivos que todos cargan en sus bolsillos. Eso no era así en los 60, en la lucha por los derechos civiles”, reflexiona esta madre de tres.

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La secuencia del tiroteo del ICE a un hombre en Minneapolis, desde diferentes ángulos
Foto: rrss | Vídeo: b.h.g.

Para la estudiante Orrantia, el no tener intermediarios es la clave para su confianza en lo que está viendo. “Estás saltándote el orden normal que es que lo oyes en las noticias y tiene ese vocabulario y esas convenciones. Pero cuando se trata de un video en las redes sociales, la grabación de alguien con su iPhone, es totalmente diferente”.

El contraste en el alcance y el impacto que han tenido los dos asesinatos a manos de agentes migratorios en las calles de Minneapolis en comparación con la muerte de Geraldo Lunas Campos a principios de enero en el mayor centro de detención de Estados Unidos, en El Paso, Texas, también da fe del peso de los videos.

La muerte de Lunas Campos fue declarada homicidio por el forense y denunciada como tal por testigos que aseguran que vieron cómo los guardias del centro lo ahorcaban mientras él decía “No puedo respirar”, hasta que lo mataron. El Gobierno asegura que la muerte fue un intento de suicidio y que los oficiales habían intentado salvarlo. Sin evidencia del momento disponible, es la palabra del Gobierno frente a la de dos migrantes indocumentados que aseguran que lo vieron.

También hay un argumento fuerte de que el hecho de que tanto Good como Pretti eran blancos y no negros o inmigrantes es un factor clave en la ola de indignación desatada por sus asesinatos. Pero el vívido recuerdo de la muerte de George Floyd, también en Minneapolis, demuestra que un video grabado y viralizado en el momento puede superar las barreras raciales que siguen definiendo a la sociedad estadounidense.

Frente a la evidencia visual, la versión oficial, los señalamientos del Gobierno, incluyendo al presidente, o los intentos de pintar a las víctimas como “terroristas” o “agitadores profesionales”, convencieron solo a los más fieles seguidores del trumpismo. Pero muchos en las filas republicanas, que hasta ahora se habían mantenido en silencio ante la cada vez más agresiva cruzada migratoria, han exigido respuestas reales ante imágenes irrefutables; y hasta la Asociación Nacional del Rifle (NRA), un baluarte conservador en el país, ha rechazado las justificaciones del Gobierno, que aseguró que Pretti era una amenaza y buscaba hacer “máximo daño” al estar portando legalmente un arma de fuego.

A raíz de esta evidente resistencia a la línea de la Administración, el Gobierno de Trump ha matizado su lenguaje y ha dado algunas señales de estar rebajando la tensión. El destierro de Gregory Bovino, el hombre duro del aparato migratorio, y la llegada del más institucional, aunque igualmente radical, zar de la frontera, Tom Homan, fue un primer paso. La suspensión de los dos agentes que dispararon múltiples veces contra Pretti es un segundo gesto para apaciguar a Minneapolis y al resto del país. Aún queda mucho en el aire, sin embargo, como la continuada presencia de unos 3.000 agentes federales o la ratificación o cambio de los métodos más agresivos y violentos de esos oficiales a la hora de ejercer la política migratoria.

Mientras tanto, ya como un reflejo tras la experiencia de ver los videos de las muertes de Pretti y Good, los teléfonos de los vecinos seguirán grabando siempre que puedan los encuentros con los agentes. Grimmette lo tiene claro: “El momento cuando vi el video, no es un momento que vaya a olvidar. Pero también me dio fuerzas para mantenerme más fuerte que nunca, incluso con el miedo y el dolor”.

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