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“Un aspirante a asesino” y una “izquierdista trastornada”: así ha justificado el Gobierno de Trump los últimos asesinatos del ICE

La retórica de la Casa Blanca ha sido la de defender a sus agentes, que ya se apuntan al menos tres muertes por disparos en los últimos meses

Agentes detienen a un manifestante fuera del hotel SpringHill Suites, en Minneapolis, el 26 de enero.

¿Por qué murió Renee Good durante la mañana fría del 7 de enero en Minneapolis tras recibir tres disparos de parte de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)? Por cometer “terrorismo doméstico”, según declaró la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, o por ser una “izquierdista trastornada”, como la llamó el vicepresidente, J.D. Vance. ¿Por qué perdió la vida el 24 de enero Alex Pretti después de ser baleado unas 10 veces por otro oficial migratorio, durante otra mañana helada en la misma ciudad? Porque era un “pistolero”, según el presidente Donald Trump, o porque era “un aspirante a asesino”, en palabras de Stephen Miller, asesor de la Casa Blanca e ideólogo de la política de migración trumpista. Aunque ambos intentaban proteger a sus vecinos de las redadas migratorias, para cada una de las muertes que pesan sobre los hombros del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) el Gobierno estadounidense ha encontrado una justificación que le lave el rostro a sus oficiales.

Desde el pasado mes de julio, los agentes enmascarados del ICE han disparado por lo menos 16 veces a ciudadanos durante algunas de sus redadas o en las protestas que tienen lugar en las ciudades con mayor presencia de la policía migratoria de la Casa Blanca, según The Washington Post. Hasta hoy, han sido al menos tres los decesos de personas baleadas sin que los agentes involucrados hayan sido procesados por las autoridades. En un clima hostil por la retórica de detenciones y expulsiones en el país, los asesinatos han abierto un frente de lucha entre el ICE y la ciudadanía. Desde la muerte de Silverio Villegas-González el 12 de septiembre de 2025, hasta la de Pretti el pasado sábado, se traza un arco de violencia que solo ha ido en aumento.

La gente aún se pregunta qué lleva a un oficial a disparar a un ciudadano hasta aniquilarlo en plena calle, como hizo con Pretti, un enfermero de 37 años. La respuesta de parte del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) llegó rápidamente después de que la noticia comenzara a esparcirse por el país, oxigenando la ola de indignación ya desatada por el asesinato de Good a comienzos de mes. La agencia federal se adelantó a decir que “el individuo” se había acercado a los agentes de la Patrulla Fronteriza “con una pistola semiautomática de 9 mm”, de la cual compartieron en una imagen. Según la versión oficial, “los agentes intentaron desarmar al sospechoso, pero este se resistió violentamente”.

En el comunicado, también aseguraron que “el sospechoso portaba dos cargadores” y que al parecer “se trataba de una persona que buscaba causar el mayor daño posible y atacar a las fuerzas del orden”, aun cuando varias verificaciones de la grabación del incidente muestran que nunca desenfundó el arma que portaba legalmente. El fiscal general de Minnesota, Keith Ellison, aseguró que llevar un arma legalmente “no justifica que agentes federales maten a un estadounidense”.

El Gobierno, en cambio, aún insiste en que sus oficiales quienes estaban en peligro. En una entrevista con The Wall Street Journal —después de verse obligados a suavizar el discurso tras la indignación colectiva por los últimos asesinatos— Trump tampoco dio a torcer su brazo. “No me gustan los tiroteos”, dijo. “Pero no me gusta que alguien entre en una protesta con un arma muy potente, completamente cargada, y dos cargadores llenos de balas. Eso tampoco es una buena idea”. Un rato después, sin embargo, declaró que se estaba llevando a cabo una “gran investigación” sobre el asesinato de Pretti. “Quiero ver la investigación. La estaré supervisando y quiero que sea una investigación muy honorable y honesta. Tengo que verla yo mismo”, dijo.

Los “valientes” agentes del ICE

La estrategia de responsabilizar al otro fue la misma de la que el Gobierno echó mano 17 días antes, cuando quiso deshacerse de culpas tras el asesinato de Good, la madre y poeta de 37 años baleada al interior de su auto. Horas después de los disparos, el DHS aseguró en un comunicado que el agente actuó “en defensa propia” contra el vehículo que lo intentaba “atropellar” y acusó a Good de ser una “terrorista doméstica”. Tom Homan, el zar de la frontera y la persona que, en sustitución de Gregory Bovino, estará al frente de la Operación Metro Surge, con la que han desembarcado en Minnesota más de 3.000 oficiales de ICE, catalogó de “valientes” y de “héroes” a los agentes responsables de la muerte de la mujer, e insistió en su “derecho a la autodefensa”.

Mientras su familia lloraba a Good, o la gente exigía un porqué a las autoridades, las conclusiones de Trump sobre la víctima y su pareja eran mucho más planas e insultantes: “La mujer que gritaba era, obviamente, una agitadora profesional, y la mujer que conducía el auto era muy desordenada, obstruía y se resistía, y luego atropelló violenta, voluntaria y brutalmente al oficial de ICE, quien parece haberle disparado en defensa propia”. Tricia McLaughlin, la subsecretaria de Asuntos Públicos del DHS, dijo de Good que era una “alborotadora violenta”, que había “utilizado su vehículo como arma” contra los oficiales.

Se desconoce, hasta hoy, que alguno de los agentes enfrente cargos criminales o algún tipo de medida disciplinaria. El vicepresidente Vance, que estuvo en Minneapolis hace unos días, dijo que el agente que le disparó a Good gozaba de “inmunidad absoluta”, y que en caso de que los oficiales sean juzgados, no será de parte del “tribunal de la opinión pública”. Ante la ausencia de una investigación federal confiable del incidente, las autoridades de Minnesota declararon que emprenderán su propia investigación independiente.

Aunque los asesinatos de dos ciudadanos estadounidenses son los que han sacudido al país durante las últimas semanas, las prácticas violencias de ICE han sido constantemente señaladas, más desde que en septiembre el mexicano Silverio Villegas-González, quien se resistió a un arresto, muriera por un disparo de un agente de ICE durante un operativo a las afueras de Chicago. La respuesta oficial fue parecida a las de ahora: lo tildaron de ser un “inmigrante ilegal delincuente”, que había impulsado su auto contra los agentes del orden, quienes dispararon al “temer por su vida”. McLaughlin, portavoz del DHS, dijo que el agente “siguió su entrenamiento, empleó la fuerza apropiadamente y aplicó la ley correctamente para proteger al público y a las fuerzas del orden público”.

Las otras catacumbas que ICE mantiene apartadas del ojo público son sus centros de detención, donde este año han muerto al menos seis migrantes. Durante los primeros días de 2026 se reportó el deceso bajo custodia del cubano Geraldo Lunas Campos, de 55 años, quien, según un informe de la oficina forense, murió por homicidio, mientras las autoridades del DHS insisten en que sufrió “problemas médicos”. A pesar de que un testigo vio cómo al cubano lo esposaron y fue sometido por varios guardias que le practicaron una llave de estrangulamiento, la segunda versión del Gobierno es que Campos intentó suicidarse y “resistió violentamente al personal de seguridad”.

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