Santería vs. ICE: los inmigrantes en Miami que buscan protección en su fe ante la ofensiva de Trump
En el sur de Florida, personas de las comunidades del Caribe se encomiendan en rituales de diferentes religiones de origen africano para evitar ser detenidos y deportados


Antes de ir a su audiencia de asilo en la corte de inmigración, Andrés, un santero cubano radicado en Miami, consultó a los orishas —espíritus divinos o deidades de la religión yoruba—. Tenía que conducir hasta el tribunal en Orlando, en el centro de Florida, y había visto en las noticias que las autoridades migratorias estaban arrestando personas al salir de las audiencias, y también en las carreteras en paradas de tráfico, así que se preparó. Hizo una ofrenda de animales para la deidad Shangó y el día de la audiencia, antes de salir de su casa en Hialeah, mezcló frijoles, azúcar y otros granos en una bolsa de papel marrón que se pasó por todo el cuerpo de la cabeza a los pies, mientras rezaba para que “ojos malos no lo vieran, boca no le hablara y pies no lo alcanzaran”.
“Ojos malos para nosotros es la policía, obviamente”, explica Andrés, de 33 años, que entró a Estados Unidos por la frontera con México en 2021 y recibió un documento conocido como I-220A con el que no ha podido regular su estatus. “Pedí salir ileso de ahí, que el juez tuviera ojos, pero no me mirara”.
Y dice que así fue. El día de la audiencia no había un solo agente del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en el tribunal. “Aquello estaba desolado. El juez fue maravilloso, entró bien sonriente”. Andrés, que pidió no revelar su apellido por su situación migratoria, fue el último de la audiencia, en la que había unas 20 personas, y al salir, su esposa lo recibió llorando. “Pensaba que me habían sacado por otra puerta y ya no iba a aparecer más. Pero con mi fe, siempre adelante, salí victorioso, gracias a Dios”.
Historias como la de Andrés se repiten cada vez con más frecuencia en el sur de la Florida, donde confluyen grandes diásporas de países donde las religiones de origen africano —como la yoruba, lucumí o el palo mayombe— tienen profundas raíces. Muchos inmigrantes en situación irregular están recurriendo a la fe en busca de protección ante el terror que ha provocado la ofensiva antiinmigrante de la Administración de Donald Trump, de acuerdo con santeros, babalawos —sacerdote masculino en la religión yoruba— y religiosos.
El Gobierno ha suspendido todos los procesos migratorios para ciudadanos de una lista de países que incluye a Cuba, Venezuela y Haití, las mayores diásporas de Miami, y ha cancelado protecciones temporales y programas humanitarios de cientos de miles de personas, que han quedado atrapadas en un limbo legal, sin autorización para trabajar ni vías claras para regular su estatus.

El miedo se manifiesta en las botánicas de Miami, pequeñas tiendas de artículos religiosos donde se venden imágenes de deidades sincretizadas, plantas e insumos ceremoniales, así como remedios contra el mal de ojo o para amarrar parejas, y a las que muchos acuden para consultar a los espíritus.
Yusney Trujillo, dueño de Botánica Orisha, en Hialeah, dice que la mayoría de sus clientes en los últimos meses han sido personas que están buscando protección ante la incertidumbre y el miedo debido a su estatus migratorio.
“En todos los tiempos las personas se han consultado por tres temas importantes en la vida: salud, dinero y amor. Ahora, en la etapa que estamos viviendo, la gente está más preocupada por inmigración que por quedarse sin trabajo o tener un problema de salud”, dice Trujillo.
“Todo el mundo tiene miedo. Hay personas que tienen cita en la corte y tienen miedo de ir y que ahí se los lleven, o de que los pare la policía. Algunos trabajan en fábricas y ahí se mete también ICE. Vienen buscando protección a modo de fe”, explica.
Algunos le dicen que están buscando “espantar a la policía del camino”, porque “no tienen licencia, y a la menor infracción, ya. Es nada más tener un poco de mala suerte y que te pare la policía”, agrega.

Ese miedo tiene una base concreta en Florida, donde cientos de cuerpos policiales han firmado acuerdos con las autoridades federales, conocidos como 287(g), que les permiten arrestar a personas en estatus irregular, incluso en ciudades como Miami, Doral y Homestead, donde vive una alta concentración de inmigrantes.
Trujillo dice que “hay mucha gente trabajadora, personas buenas que lo que quieren es ganarse el dinero honradamente y no tienen ningún problema, ni una multa, que van de su casa al trabajo”, y tienen miedo.
Él les hace una consulta donde le cuentan sus problemas, “parecido a un médico o un psicólogo”, en una ceremonia de adivinación con caracoles, para ver “lo que Eleguá —el orisha mensajero— les destina” y qué hacer “para burlar la vista de Inmigración”. El remedio depende de cada persona, de su signo y la profecía que salga, explica Trujillo. Puede ser una limpieza, un baño, o una ofrenda. “Hay muchos tipos de obras con diferentes plantas, semillas, y frutas. Es algo muy amplio. Yo he tomado medidas drásticas para evitar que el ICE los encuentre y he hecho trabajos para evitar la justicia que hasta ahora han sido efectivos”.
Más allá de las prácticas específicas, a diferencia de otros credos, las religiones de origen africano conciben la fe como una acción ante la adversidad, explica Ernesto Pichardo, babalawo cubano de Miami que fue protagonista del caso que en los años noventa llevó a la Corte Suprema a fallar contra la ciudad de Hialeah por prohibir el sacrificio ritual de animales, al considerar que la medida violaba la libertad religiosa de la santería.
“Esta no es una religión pacífica en ese sentido. Esta religión es de acción. Cuando hay una situación, vas para que los santos y los muertos te hablen. Ellos te responden con un plan, una guía de lo que puedes hacer. Hay una esperanza porque estás haciendo algo específicamente para el padecimiento. No te quedas de brazos cruzados”, explica.

“Nuestra identidad responde a las necesidades comunes de subsistencia y padecimientos de los esclavos, que se libraron de vivir en una plantación, pero siguieron siendo marginados, sin ventajas económicas, sin acceso a la medicina. Vas a consultarte porque tienes una crisis en una de esas categorías. Inmigración ahora es una nueva categoría de problema que está reemplazando la urgencia de las demás”, agrega.
Pichardo critica las reacciones de los grupos religiosos ante “un problema de esta magnitud”, que han sido, en su opinión, “esconderse, callarse la boca y no dar la cara”. También dice que trató de advertir a los políticos locales desde el inicio de la agenda antiinmigrante de Trump, pero no le hicieron caso.
Pichardo señala que el giro en la política migratoria ha golpeado especialmente a los cubanos, históricamente acostumbrados a mayores protecciones. “Inicialmente había un pensamiento generalizado de que este enfoque que le estaba dando la administración Trump no iba a afectar la inmigración de los cubanos. Tenemos una generación que se ha criado escuchando que salir de Cuba e irse a la yuma, especialmente a Miami, es la esperanza. Ahora se los están llevando a todos, al que está haciendo los trámites también. La protección se acabó, es una inseguridad total y completa”, agrega.
Hasta 2017, los cubanos gozaban de la política de pies secos/pies mojados, que les permitían quedarse y ajustar su estatus. Pero entre 2019 y 2022, miles recibieron el formulario I-220A, que no permite acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, dejándolos en un limbo legal aún pendiente de resolución en los tribunales.
Entre ellos está Andrés, quien comparte sus conocimientos de santería en redes sociales, donde se hace llamar Papo Oni Shango y tiene decenas de miles de seguidores. Dice que a diario lo contactan muchas personas que le piden “trabajos y amuletos para evitar la policía y a inmigración”.

Dice que no tiene miedo. “Yo sé que me amparan mis Orishas, me amparan mis espíritus. El único miedo que tengo es que mi familia se quede sola. Yo soy el sustento de mi familia”.
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