Luis Tosar y Claudia Salas se adentran en un grupo neonazi en ‘Salvador’: “Como sociedad, en algún momento lo vamos a pagar”
La serie de Netflix creada por Aitor Gabilondo y dirigida por Daniel Calparsoro ahonda en el auge de la extrema derecha con una combinación de acción y drama


La vida de Salvador, un técnico de emergencias sanitarias, se pone del revés cuando, durante el enfrentamiento entre dos grupos radicales, descubre que su hija pertenece a una asociación neonazi. Los trágicos acontecimientos de esa noche le llevarán a ahondar en los motivos que llevaron a su hija a acercarse a gente con unas ideas opuestas a las que él trató de inculcarle. Mientras que Salvador se enfrenta a su propio fracaso como padre, la serie Salvador, recién estrenada en Netflix, se adentra en el fracaso de la sociedad al completo.
Creada por Aitor Gabilondo (Patria, Yo, adicto, Vivir sin permiso) y dirigida por Daniel Calparsoro (Hasta el cielo, Cien años de perdón), la serie de ocho episodios combina thriller y drama para ahondar en una realidad compleja y con muchas aristas. “El espíritu de la serie es intentar abrir un espacio de debate y reflexión que no fuera nada maniqueo, que fuera lo más representativo posible de todos los personajes. Sería absurdo contar una historia sobre grupos neonazis y que no hubiera un intento de comprender por qué está pasando lo que está pasando”, dice el actor protagonista, Luis Tosar (Xustás, Cospeito, Lugo, 54 años), en una entrevista a mediados de enero en Madrid.
Su personaje vive todo un viaje emocional en el que va descubriendo respuestas que no esperaba y su perspectiva va cambiando una y otra vez. La serie propone a su protagonista, y al espectador, un reto: ponerse en el lugar del otro para intentar entender. Para Tosar, este ejercicio es más sencillo de realizar desde la ficción: “Hay demasiada intoxicación informativa, demasiados mensajes interesados. La selva mediática y las redes de información provocan un caos absoluto. La ventaja de la ficción es que colocas a personajes que son reconocibles para el espectador, viven cosas que pueden ser más o menos cercanas, y desde ahí puedes llegar a descifrar ciertas situaciones. Es un ejercicio que necesitamos para resolver problemas que empezamos a tener y que van a ser muy difíciles de afrontar si dejamos que sigan ahí. Si que haya chavalitos en grupos ultras nos parece una cosa normal, como sociedad en algún momento lo vamos a pagar, porque no es una cuestión de discurso solo, tiene consecuencias reales”.

Claudia Salas (Madrid, 31 años) interpreta a Julia, miembro del mismo grupo ultra que la hija de Salvador y madre soltera. La actriz explica que lo primero que hizo para encarnar este personaje fue eliminar todo juicio que pudiera tener sobre ella. “El juicio te limita, te distancia, no te permite entrar. Ojalá el espectador cuando vea esto también pueda eliminar ese juicio, porque lo que propone Salvador es generar el debate, la reflexión, despertar a quien esté despistado. Como sociedad no podemos mirar a otro lado, relajarnos y pensar que esto solo le puede ocurrir a un segmento de la población, con precariedad económica… Hay mil instrumentos de captación”, explica.
Los personajes de Tosar y Salas tienen un gran peso dramático, con un pasado que les pesa. Él trata de superar las consecuencias de un alcoholismo que le costó problemas en el trabajo y en su vida familiar. Ella perdió la custodia de su hija y solo puede verla en contadas ocasiones. A la carga dramática de la historia, que se va desvelando poco a poco, se añade un capítulo inicial lleno de acción que fue un reto físico para los intérpretes. “Ha sido uno de los rodajes más divertidos en los que he estado. Había muchas energías muy diferentes pero muy bien conectadas”, recuerda Tosar.

Además de entretener, en Salvador también se hace un esfuerzo por explicar fenómenos sociales como el funcionamiento de los grupos ultras desde el nivel más superficial hasta sus tentáculos ocultos, o los incels, otro asunto que también se ha visto reflejado en series recientes como Adolescencia o Machos alfa. “Es una serie que se ha hecho con la intención no de adoctrinar o marcar un ideario panfletario, sino retratar un fenómeno que está ocurriendo, que lleva años fraguando y puede provocar muchos problemas a futuro”, dice Tosar.
“El miedo al otro se está convirtiendo en la tónica dominante de nuestra sociedad y eso es muy peligroso. Necesitamos espacios de diálogo. Y si cuando uno enciende los telediarios lo único que ve es hostilidad para el foráneo, como vemos ahora en Minneapolis todos los días, como vemos con un señor como Trump... Si ese es el ejemplo, entonces el fracaso social es absoluto. Me encantaría que Salvador fuera un antídoto para trabajar en sentido contrario”, reflexiona. “Hay un silencio colectivo brutal”, añade Claudia Salas. “Pero no solo con los otros, también con nosotros mismos. Muy poca gente reflexiona qué está haciendo en esta sociedad como individuo y qué puede aportar”.
Si cuando uno enciende los telediarios lo único que ve es hostilidad para el foráneo, como vemos con un señor como Trump... Si ese es el ejemplo, entonces el fracaso social es absolutoLuis Tosar
Pese a la complejidad del asunto y las fuertes raíces que tienen estos grupos en la sociedad, la serie es optimista a través de sus protagonistas. Tosar cree que la clave para empezar a construir una sociedad mejor está en el diálogo. “Pero el tema es que la gente no quiere hablar de nada, no le interesa lo que diga el otro. Lo único que hacemos es construir una sociedad en la que a la gente le importa un huevo lo que le ocurre al vecino, y eso es una sociedad destruida. El sentimiento de comunidad brilla por su ausencia. Lo primero que surge en una red social es vituperar al contrario, o ni siquiera al contrario, solo al que está enfrente, incluso como una cuestión preventiva. Y eso es muy peligroso porque hay gente que cree que no tiene consecuencias, pero sí las tiene”, reflexiona.
“Yo convivo con gente que ideológicamente no tiene mucho que ver conmigo, pero no necesariamente tenemos que llevarnos a hostias. Hay límites por los que no voy a pasar, la xenofobia, la transfobia, la homofobia, pero en lo ideológico hay miles de matices en los que uno puede convivir. Otra cosa es lo que trasciende el respeto por el ser humano y los derechos de los seres humanos. Pero es interesante ver por qué ocurre, porque quizás puedas hacer algo al respecto”, concluye.
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