El gran pecador Urdangarin no me cae mal
Pagó por muchos pecados que ocurrieron ancestralmente en la familia en la que se integró, fue el tonto utilizable por su ínfimo papel en la corte


Vuelvo a leer, por pura supervivencia mental, dos libros excelsos del demonizado Savater titulados La infancia recuperada y Criaturas del aire. También el comienzo de Historias de Nueva York de mi amigo Enric González. Dice así: “Si hubiera podido elegir habría visto por primera vez los muelles del Hudson hacia 1960 y habría descubierto una ciudad en la que no había almuerzos sin tres martinis, ni taxistas sin corbata, se fumaba sin filtro y Times Square era Babilonia, no una encrucijada ruidosa envuelta en anuncios luminosos. Aquella de 1960 era una ciudad joven y cínica, arrogante, intacta”. Me cuenta Enric en otra tarde venturosa, como siempre, que va a publicar Historias de París. Yo anhelo su visión humorística, sentida, original de cualquier sitio en el que haya vivido o malvivido. Sus libros son un oasis en medio de infinitas crónicas en los periódicos sobre la nadería, tan mal escritos como pensados, navegando en la concepción subvencionada de que unos son los buenos y los otros, los malos.
Y me incorporo a la realidad televisiva, aunque esta sea casi siempre puerca. Veo en Lo de Évole a un fulano que fue castigado, inmerso en una corrupción que es la habitual entre el poder. Pero no me cae mal. Me parece un tío educado, sufridor, al que le cayó un marrón encima sin que él fuera inocente. Pagó por muchos pecados que ocurrieron ancestralmente en la familia en la que se integró, fue el tonto utilizable por su ínfimo papel en la corte. Pero repito, no era el monstruo que imaginamos todos. Me ocurren cosas raras con la familia real. Hace unos meses, en la penumbra de un bar me presentaron a una anciana encantadora (imagino que estuvo educada desde niña para eso), de nombre Sofía, y que ha sido la eterna esposa de un rey impresentable. Esa señora estaba poseída de clase, amabilidad y cortesía.
Évole ha creado un universo comunicativo y magnético. Pero imagino que también debe de estar esclavo de las sumisiones. Me parecieron lamentables sus entrevistas al jefe de todo esto, un tal Florentino Pérez, y a una dama poderosa que solo puede provocarme grima llamada Montero. Pero él actúa en una cosa asquerosa, sangre y salsa, llamada televisión, con una personalidad notable.
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