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La investigación de EL PAÍS eleva ya a más de 3.000 las víctimas de pederastia en la Iglesia española

Este diario entrega un sexto informe con nuevos testimonios a la Conferencia Episcopal, al Vaticano y al Defensor del Pueblo que acusan a 50 clérigos y laicos en España y a otros 24 en América

Manuel Montoro, víctima de abusos en el seno de la Iglesia, el 13 de abril.PACO PUENTES

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es

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Ya hay más de 3.000 víctimas de pederastia contabilizadas en la Iglesia católica española, según el conteo que EL PAÍS lleva a cabo desde 2018, con todos los casos conocidos por más de un millar de testimonios que ha publicado o transmitido a diócesis y órdenes, y por sentencias judiciales, admisión de la propia institución y noticias en los medios. Cuando empezó su investigación hace casi ocho años, solo había 34 casos oficialmente conocidos, pero ahora llegan ya a 3.081 víctimas, tras sumar las que salen a la luz con un nuevo informe de este diario, el sexto en cinco años, que contiene una recopilación de testimonios recabados en los últimos dos años.

El número de clérigos y laicos acusados se eleva a 1.613. Supone el 1,46% de los 110.000 curas y religiosos que ha habido en España desde 1940, según las estadísticas de la Iglesia. La macroencuesta del Defensor del Pueblo de 2023 estimó que un 1,13% de la población española había sufrido agresiones sexuales en el ámbito de la Iglesia, porcentaje equivalente a 440.000 personas, con un margen de error de entre 350.000 y 530.000.

Es el sexto dosier de este tipo que elabora este periódico desde 2021 y que, como en los casos anteriores, ha sido entregado al Vaticano, a la Conferencia Episcopal Española (CEE) y al Defensor del Pueblo, para que investiguen las acusaciones. Además de los cientos de casos publicados, EL PAÍS ha recogido en estos informes 841 testimonios en 1.800 páginas. Comenzó a realizarlos para que las víctimas tuvieran una respuesta, ante la imposibilidad de publicarlos todos y porque en muchos casos se encubrían a nivel local y no eran conocidos en el Vaticano.

No obstante, en cinco años, la Iglesia no ha respondido sobre ellos ni sobre los numerosos casos sospechosos de encubrimiento de obispos y superiores religiosos. Con Francisco, el Vaticano decidió mantenerse al margen y delegar la respuesta y la gestión en la CEE, que ha priorizado sobre todo la opacidad y la negación del problema. Por primera vez León XIV, que el 6 de junio llega a España, tiene sobre la mesa uno de los informes elaborados por este diario y debe decidir sobre esta cuestión aún pendiente. Además del sexto informe, EL PAÍS ha vuelto a enviar los cinco anteriores al secretario de la sección disciplinar del dicasterio de Doctrina de la Fe, monseñor John Joseph Kennedy.

Este sexto informe recoge un total de 58 testimonios, de 48 hombres y de 10 mujeres, que acusan a 50 clérigos y laicos en España. Todos son hombres, salvo dos monjas. De ellos, 10 ya habían sido señalados con anterioridad. Además, en esta ocasión EL PAÍS ha realizado por primera vez un dosier con 21 testimonios de ocho países de América contra 24 acusados, que también ha sido enviado al Vaticano. Más de la mitad de los casos son en Colombia. En ambos trabajos se ha incluido un anexo sobre los Heraldos del Evangelio, con el extenso testimonio de un antiguo miembro de esta organización ultraconservadora, nacida en Brasil, que señala abusos en España y varios países latinoamericanos.

Todos los casos conocidos en España cuantificados por este diario se pueden consultar en su base de datos pública, la única existente en España, pues la Iglesia siempre se ha negado a dar cifras y su único intento, un informe que llamó Para dar luz en 2024, se reveló un fiasco. Había dejado fuera cientos de casos y estaba lleno de errores.

Los testimonios han sido recabados, una vez más, entre las miles de personas que han escrito a este diario al correo electrónico abierto en 2018. Surgen nuevas historias que en realidad cuentan lo mismo de siempre: diócesis y órdenes que tapan casos; traslado de acusados, algunas veces, al extranjero; nula atención a las víctimas; y traumas callados durante años. Solo salen a la luz cuando quienes lo han sufrido dan la cara y alzan la voz.

Uno de ellos es Manuel Montoro. Ahora tiene 50 años. Su vida no ha vuelto a ser la misma desde su adolescencia, cuando denuncia haber sido agredido sexualmente en la parroquia de Begíjar, en Jaén, entre 1992 y 1993, por el cura P. G. R. El caso ha sido denunciado en la diócesis de Jaén, que aún lo está investigando. El sacerdote, contactado por este diario, niega los hechos.

Este cura llegó a la localidad para sustituir al sacerdote habitual en sus vacaciones de verano. “Abusó de mí, fue solo una vez, pero los hechos son graves”, relata Montoro. Asegura que ocurrió en un dormitorio que recuerda con las camas y las colchas de color naranja, cuando tenía entre 16 y 17 años. “Me desnudó forzosamente. No sé cómo ni por qué acabamos los dos en la casa parroquial. Recuerdo todavía su sudor y el asco que sentí al verme con los pantalones bajados mientras él me abrazaba. Yo estaba de pie y él sentado en la cama. De repente, se puso un poco nervioso y paró lo que estaba haciendo”, expresa. Asegura que lo contó en aquel momento a un sacerdote con el que mantenía una relación cercana: “Esperaba protección y ayuda, sin éxito. Al cumplir la mayoría de edad me envió a un monasterio ecuménico en Francia, alejado de mi entorno familiar y en una situación vulnerable”.

En 2024 lo denunció ante el Defensor del Pueblo y en diciembre de 2025 presentó un escrito en la Oficina de Protección de Menores de la diócesis de Jaén. Pero, cuatro meses después, no ha recibido más información. Este obispado indica que el caso está en estudio y está “recabando testimonios e información para ver qué verosimilitud tiene, si es o no cierto”. En Jaén hay otra acusación a un cura de Linares, J. F. J., entre 1967 y 1969. Según esta persona, tras denunciarlo en el obispado, el sacerdote fue enviado a Centroamérica. La diócesis asegura que no tiene constancia del caso.

Uno de los casos más graves que salen a la luz es el del colegio de sordos de La Purísima, en Madrid, de las Franciscanas de la Inmaculada, abierto en 1967 y donde las víctimas son niños vulnerables. Este diario ya recabó en 2021, en su primer informe, un testimonio de un exalumno contra un sacerdote del centro, A. Y. V., y ahora surge una nueva acusación. Esta vez de un antiguo profesor del colegio, Gonzalo de Ena, de 82 años: “No lo denuncié en su momento, no supe reaccionar, no tenía esa consciencia, eran otros tiempos muy difíciles, no se hablaba de esos temas. Si hubiera tenido la mentalidad que tengo ahora, evidentemente lo denunciaría”.

Recuerda a la perfección su paso por el colegio entre 1978 y 1979: “Como yo dominaba el lenguaje de signos y el abecedario con la mano, entré”. Con los estudiantes estableció una buena relación. “Poco a poco me fui dando cuenta de que había un problema terrible. Era el capellán, el factótum, el hombre todopoderoso de la congregación de monjas. Tenía un chalet en la sierra de Madrid y allí abusaba de los niños cuando los llevaba a su casa a realizar ejercicios espirituales”, asegura. Los menores tenían entre 10 y 14 años.

A. Y. V. falleció en 2021, a los 92 años. “Los niños estaban aterrorizados. Me decían que le tenían mucho miedo, que era muy malo y que les hacía cosas feas en el chalet. No concretaron si eran tocamientos o penetraciones, pero me hicieron saber que allí ocurría algo realmente grave y no me quedó ninguna duda de que se trataba de abusos sexuales”, cuenta De Ena. “Al menos cinco o seis chavales me lo dijeron”, relata.

Celia Tena, superiora general de las Franciscanas de la Inmaculada, preguntada por EL PAÍS sobre el caso, incluido ya en el primer dosier de 2021, asegura que entonces a la orden no le fue remitido nada: “No nos ha llegado ninguna notificación”. Si es así, de nuevo queda en entredicho la gestión de las acusaciones de abusos de la Conferencia Episcopal, responsable de remitir a cada orden los casos que le competen.

Otro caso relevante de este sexto dosier es el del carmelita descalzo José Luis Zurita Abril, fallecido en 2021: ya había sido acusado por otras dos personas, en anteriores informes de este diario, en el colegio Virgen del Carmen de Córdoba entre 1971 y 1973. La orden admite el caso, que asegura que conoció a través de EL PAÍS en 2022, según confirma el que era entonces responsable de la orden: “Se puso en marcha la investigación pertinente, resultaron comprobados tres o cuatro casos más”. Por estas razones, como en otros casos, se cita el nombre completo del acusado.

El nuevo testimonio sitúa los abusos en Cádiz, donde el religioso fue trasladado desde Córdoba. Relata cuatro agresiones entre 1987, cuando tenía 12 años, y 1989. “Era prior y párroco en la diócesis, parecía muy amable, cantaba y hablaba muy bien, era un embaucador”, relata un hombre de 51 años que prefiere mantenerse en el anonimato.

“Un día nos citó a un amigo y a mí en el convento de la parroquia de los Carmelitas Descalzos de Cádiz, a la hora de la siesta. Con mucho sigilo nos llevó a la cripta de la iglesia, donde están enterrados los frailes. Allí había un sofá, nos invitó a sentarnos, yo pensé que íbamos a limpiar o a vestir los santos, pero Zurita se desnudó y empezó a besarse con mi amigo, al que ya había citado más veces, sin yo entonces saberlo. Este también se desvistió y se dejó masturbar por el cura. El sacerdote me cogió la mano para que le masturbase, yo retiré la mano porque no tenía ni idea de relaciones sexuales”, narra. Según cuenta, empezó a llorar. Entonces, Zurita se asustó y les ordenó que se marchasen. Luego refiere nuevas agresiones, con violación, durante viajes a un santuario en Granada, a Córdoba y a Guadalupe, en Extremadura. Esta persona nunca contó nada a sus familiares: “No me atrevía. Además, en cuanto nos hacíamos un poquito más grandes, sabíamos que a Zurita dejábamos de interesarle, alrededor de los 16 años nos liberábamos”. Luego el religioso fue trasladado a Málaga.

Otro testimonio contra este clérigo es el de A. E. D. M., uno de los dos de Córdoba: “Me tomó como una especie de alumno predilecto hasta que una noche se metió en mi cama y a partir de ese momento me obligaba a masturbarlo, él me masturbaba a mí”, expresa. Asegura que después también lo violó. Indica que sucedía tanto en el dormitorio del internado como en su cuarto. “Aquello trastocó mi vida. Se repetía semanalmente, un día a la semana, sin saber yo cuándo, sorpresivamente. Vivía con esa ansiedad”, recuerda.

En los maristas vuelven a aparecer en este sexto informe dos religiosos que acumulan numerosas acusaciones, dos de los casos más graves destapados por EL PAÍS. Uno es el de Cesáreo Gabaráin, famoso compositor de canciones de misa, como Tú has venido a la orilla y Juntos como hermanos, que no pertenecía a la orden pero era capellán en sus colegios. El otro es el marista Marino González.

González fue cambiando de colegio durante seis décadas por toda España. Un nuevo testimonio corrobora que en 2011 seguía llevando menores a una casa en su pueblo, Albillos (Burgos), con la excusa de prepararlos para el ingreso en ICADE, donde presumía de tener contactos. Los maristas, consultados por este diario, admiten solo 7 víctimas. En la contabilidad de EL PAÍS constan 17.

Cesáreo Gabaráin acumula también 17 acusaciones, según la contabilidad de este periódico, entre 1959 y 1978, desde que tuvo su primer destino como capellán en la escuela guipuzcoana de Antzuola hasta que fue expulsado del colegio madrileño de Chamberí. El nuevo testimonio es de su primer destino, en Antzuola, en 1969.

Se repiten otros nombres ya acusados con anterioridad, como Victoriano Labiano, alias Vitori, en Logroño. A las tres acusaciones anteriores, se suma un testimonio que relata cómo llevaba chicos a un piso en la calle del Cristo, en el Casco Antiguo de la ciudad. También vuelve a aparecer J. A. R., en el mismo lugar, el seminario menor diocesano de Las Viñas, Teruel, contra quien hay nuevas acusaciones de abusos entre 1971 y 1974. La anterior era de 1967.

En este sexto informe de nuevo hay casos de clérigos que van y vienen del extranjero, con acusaciones de agresión sexual en España y otro país. Es el caso de J. G. Z., un sacerdote cántabro que es acusado en Cuba, en la localidad de Sancti Spíritus, entre 1996 y 1998, y también en Cantabria en los años noventa. Ha seguido activo hasta 2025, cuando fue relevado de toda responsabilidad por razones de edad, afirma la diócesis de Santander, que asegura que no tiene constancia de ninguna denuncia.

Algunas de las personas que han contactado con este diario han sido reparadas económicamente. Es el caso de un varón de 65 años, que prefiere mantener su anonimato. La Compañía de Jesús le ha pagado 13.500 euros por los abusos que denuncia entre 1970 y 1975 en el colegio San Ignacio de Loyola de Las Palmas. “Fue el padre Luis F. Moore, yo tenía 9 años. Acabé un día en su despacho para que me pusiese el termómetro porque me encontraba mal. Iba a meter la mano en mis partes íntimas, pero no llegó a más porque le paré los pies”, explica. A partir de ahí, asegura, se obsesionó con él: “Entraba en las duchas del colegio y nos miraba”. Cuenta que hace poco, en una comida de antiguos alumnos, siete personas más admitieron que sufrieron tocamientos por parte del religioso.

En este sexto informe vuelven a surgir acusaciones en dos colegios de los jesuitas que ya acumulan numerosos casos, revelados por EL PAÍS: el de Santiago Apóstol de Vigo, con 12 religiosos acusados, y el de Sarrià, en Barcelona, con siete.

Focos de pederastia en los colegios jesuitas de Vigo y Barcelona

En el centro catalán son acusados ahora dos hermanos ya señalados anteriormente, el padre Josep Antoni Garí y el hermano Emilio Benedetti, que ya tiene 14 denuncias. Pero aparecen dos nuevos nombres nunca mencionados hasta ahora. Uno es J. A. S., que según el relato de un exalumno fue trasladado a Ecuador tras la protesta del padre de otro menor. A la orden no le consta que una denuncia fuera la razón del traslado, pero confirma que este jesuita permaneció de 1958 a 1968 en el país sudamericano: en Quito, Guayaquil y Portoviejo. También estuvo entre 1972 y 1973 en Inglaterra. El otro es el padre J. A. M. E., acusado por un exalumno entre 1966 y 1967. La Compañía admite que hubo dos quejas sobre él en 2012 en una colonia de verano que organizó en Bolivia, país donde había vivido un año entre 1991 y 1992. Fueron dos chicas que viajaron allí como voluntarias, y a raíz de ello fue apartado del contacto con menores como medida cautelar.

En el colegio de Vigo, el exalumno D. V. V. afirma haber sufrido abusos entre 1969 y 1970 cuando tenía 13 años por parte del hermano I., profesor de química, un nombre desconocido hasta ahora que, según relata, tenía un estudio de fotografía donde cometía los abusos. “En aquella institución todo esto era normal y nosotros, simplemente, unos niños inocentes faltos de cariño”, reflexiona.

Hay ocasiones en las que las víctimas denunciaron, pero chocaron con la prescripción, como en la inmensa mayoría de los casos. Es lo que le ocurrió a una mujer de Asturias que fue a la Guardia Civil en 2016 a acusar al sacerdote J. L. R. F. de abusos sexuales entre 1986 y 1987, cuando ella era menor de edad, según consta en la denuncia a la que ha tenido acceso este diario. Su caso demuestra cómo falla el sistema: si el delito está prescrito, aunque haya denuncia, ninguna autoridad judicial informa a la Iglesia y en este caso el sacerdote en cuestión sigue con su actividad.

J. L. R. F. aparece actualmente en la web del obispado de Oviedo en una parroquia asturiana, nombrado en 2019. Según la denuncia, abusó de la víctima en Villaviciosa en varias ocasiones en el domicilio familiar de esta y en un campamento de verano que organizaba la parroquia en Sabero, León. “Un día estábamos todos viendo una película en el piso de abajo y una compañera vino y me dijo: ‘J. L. quiere que subas’. Tuve que subir, me encerró en su habitación y abusó de mí por primera vez. De una forma brutal: porque yo era una niña de 11 años y no había visto un pene en mi vida. Me silenció, me hizo pasar a ese cuartucho poniéndose un dedo en los labios, diciendo con gestos: esto es un secreto”, relata la víctima. Cree que el presunto abusador tendría unos 30 años.

Preguntada por ello, la diócesis de Oviedo no ha aclarado si este cura actualmente está en activo. Asegura que no tenían conocimiento de los hechos e invita a la víctima a ponerse en contacto con el obispado para poder investigarlo.

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