España eleva la soledad a asunto de Estado: así es la estrategia nacional para combatirla
Una de cada cinco personas se siente sola. El Consejo de Ministros aprobará este martes un marco estatal que incide en la detección temprana e incluye propuestas como los taxis sociales


Por primera vez, España cuenta con una estrategia estatal para prevenir y combatir la soledad no deseada, “uno de los fenómenos sociales de mayor relevancia” en el país y a nivel internacional. Así consta en el Marco estratégico estatal de las soledades, un documento que el Consejo de Ministros aprobará previsiblemente este martes. El texto, al que ha tenido acceso EL PAÍS, aspira a ser una hoja de ruta común para todos los niveles de la Administración —nacional, autonómico y local— de aquí a 2030 para abordar esta realidad de manera transversal en todas las etapas de la vida. Y para orientar las políticas públicas.
Por ello, el Ministerio de Derechos Sociales, que ha liderado la elaboración de la estrategia, propone una batería de líneas de actuación y recomendaciones, que no son vinculantes, pero dibujan el camino para avanzar. Por ejemplo, poner en marcha un sistema estatal de indicadores: reforzar la detección temprana en los ámbitos educativo, sanitario y social, o promover medidas para facilitar el acceso a la cultura de personas con necesidades de apoyo, con recursos como taxis sociales o servicios de acompañamiento.
“Hay dos tipos de soledad: la de tu tiempo para ti contigo, y la soledad en la que sientes que no encajas en ningún grupo. La soledad no deseada es como un cuartito oscuro donde entras y es muy difícil salir; son heridas que no se atendieron a tiempo y que se van acumulando”, opina una persona migrante, que sabe lo que es sentir soledad no deseada y cuyo testimonio consta en la estrategia.
Su elaboración es fruto de un proceso colaborativo en el que han participado ministerios, autonomías, entidades locales y sociales y 33 expertos. Entre ellos, hay personas que la han vivido en carne propia, como una persona mayor que decía: “De joven buscaba la soledad y la disfrutaba, era mía. Ahora, en cambio, la soledad pesa: se va una a la cama muy triste. La soledad te puede acompañar toda la vida, pero no siempre significa lo mismo”.
Son testimonios que ponen rostro a una cifra abrumadora: una de cada cinco personas se siente sola en España, según el barómetro elaborado en 2024 por el Observatorio Soledades, impulsado por la Fundación Once y que aglutina a las principales entidades que trabajan en este ámbito. Dos tercios de ellas —el 13,5% de la población—, además, desde hace más de dos años. Un sector muy amplio de la población que se dibuja en forma de U, con mayor prevalencia entre los jóvenes y entre las personas mayores.
Indicadores para medir las soledades
Las cifras no se pueden comparar con otros estudios, como el llevado a cabo por la Comisión Europea que concluyó que en 2022 en torno al 10% de las personas se sentían solas la mayor parte del tiempo en España. Usan metodologías diferentes. Por ello, entre las medidas que quiere desplegar el ministerio está la definición de un marco estatal de indicadores y fuentes de información comunes que permita medir la evolución de las soledades, sus factores asociados y el impacto de las políticas en este ámbito.
La estrategia pretende construir un tejido comunitario al que puedan agarrarse las personas que se sienten solas, y luchar contra la discriminación teniendo en cuenta factores como la edad, el género o la discapacidad. “Se requiere una mirada transversal e interseccional, que atraviese todas las políticas públicas con un mismo enfoque: salud, educación, vivienda y urbanismo, empleo, movilidad, accesibilidad, género, cultura, etc.”, se lee en el texto.
El documento se refiere a este fenómeno en plural, soledades, para visibilizar la multiplicidad de contextos y momentos vitales en que puede experimentarse. Y pone de manifiesto que hay muchas circunstancias que pueden favorecer su aparición, desde transiciones vitales (como la jubilación o la adolescencia), la discapacidad o la orientación sexual.
La “creciente relevancia” de este fenómeno ha llevado a países como el Reino Unido o Japón a “considerar esta cuestión a nivel ministerial, impulsando estructuras específicas para dotar de coherencia, visibilidad y continuidad la acción pública en este ámbito”, se lee en la estrategia. En España, hasta ahora la respuesta ha sido local y autonómica, donde, por otra parte, descansan gran parte de las competencias. Pero la foto del país presenta un escenario plural, aunque “aún fragmentado”, según consta en el documento, con “desigualdades territoriales, enfoques heterogéneos y ausencia de mecanismos estables de coordinación” entre distintos niveles de la Administración.
Por ello, el texto dedica un apartado específico a la gobernanza y el Consejo de Ministros también aprobará lo que se ha llamado Mesa interinstitucional de soledades, un órgano colegiado con naturaleza de grupo de trabajo que estará presidido por quien ostente la secretaría de Estado de Derechos Sociales y en el que habrá representantes de 12 ministerios y 10 miembros de la sociedad civil, entre otros integrantes. Se reunirá al menos una vez al año.
Entre sus funciones, está la de favorecer la integración de la perspectiva de las soledades en el diseño, planificación y el seguimiento de las políticas públicas de la Administración General del Estado, “desde una mirada preventiva, relacional y comunitaria”.

La estrategia, que contempla un seguimiento de evaluación para medir su grado de desarrollo de aquí a 2030, no plantea medidas vinculantes para las autonomías —se recalca que se respeta la “diversidad competencial”—. Y tampoco va acompañada de una dotación económica específica. El objetivo de las propuestas es mejorar la coordinación entre administraciones y dibujar una hoja de ruta común, una guía.
Participación de la ciudadanía y urbanismo social
El documento se articula en torno a cuatro ejes: transversalidad de las soledades en las políticas públicas; tejido social y desarrollo comunitario; detección, acompañamiento relacional y apoyos de proximidad, y concienciación social, conocimiento e innovación. Cada uno de ellos tiene objetivos específicos y estos, a su vez, van ligados a líneas de actuación a nivel estatal y a orientaciones o recomendaciones para las comunidades autónomas y entidades locales. Las propuestas, por tanto, son muy diversas.
Entre las líneas de actuación planteadas a nivel estatal destacan el desarrollo de estructuras estables de participación ciudadana en el diseño y evaluación de políticas en este ámbito, y de políticas de urbanismo social orientadas a la creación de espacios públicos “inclusivos, seguros y accesibles que favorezcan la interacción social y contribuyan a prevenir las soledades, con especial atención a zonas rurales y territorios desfavorecidos”.
También se prevé el impulso de “modelos de vivienda colaborativa”, como el cohousing, mediante su integración en la planificación y en los instrumentos estatales de vivienda, autonomía personal y cuidados, “como alternativas y complementos a los recursos residenciales y domiciliarios”. Y el “impulso del voluntariado como parte del ecosistema de apoyos de las situaciones de soledad”.
Además, se contempla el refuerzo de los servicios y apoyos de proximidad. Entre las líneas de actuación, consta la promoción de medidas que eviten la ruptura de vínculos importantes, incluyendo los que se generan con los animales de compañía, durante situaciones de vulnerabilidad o cambio vital. Esto quiere decir, por ejemplo, que una persona sin hogar podría ir con su mascota a un albergue (hay entidades que ya están incorporando protocolos en ese sentido).
También se prevé el desarrollo y pilotaje de recursos multiservicios de proximidad basados en la transformación de centros de día y residenciales en dispositivos abiertos al territorio. Es decir, que recursos tradicionales puedan ofrecer servicios flexibles: un comedor comunitario en un centro de día para los mayores del pueblo; un servicio de comidas preparadas desde ese mismo centro con reparto a domicilio; o actividades de ocio y culturales en las residencias.
Detección temprana
El Gobierno también impulsará criterios comunes para la detección temprana de situaciones de soledad desde los sistemas sanitario, educativo y de servicios sociales. Algo que también se plantea para las comunidades autónomas, al proponer que se refuerce la detección temprana desde estos tres ámbitos a través de figuras profesionales de referencia. No se trata de crear nuevas estructuras, sino de aprovechar modelos ya existentes en algunas autonomías. En el ámbito sanitario, por ejemplo, la enfermera gestora de casos. En educación, el coordinador de bienestar y protección presente en los centros educativos.
Juan Vela, coordinador del Observatorio Soledades, explica que esta “debe ser una de las prioridades” porque “hay un cortafuegos entre el recurso y la persona que lo necesita”. Según explica este experto, “al ser una competencia municipal o autonómica”, cada administración tiene una forma de abordarlo, “en algunos a través de la red pública, en otras a través de médicos de atención primaria, en otras a través de comercios u ONG de barrio, pero la detección es fundamental”.
En el ámbito autonómico, la estrategia plantea que se desarrollen políticas de accesibilidad universal y que se impulsen modelos de convivencia y vivienda colaborativa. También, la promoción de medidas que faciliten el acceso a la oferta cultural, social y cívica de las personas con necesidades de apoyo. La idea es garantizar que quienes necesiten acudir con un acompañante, ya sea un intérprete, un asistente personal o un cuidador, puedan hacerlo, y se contempla el uso de taxis sociales o solidarios, algo que ya funciona en algunos municipios y zonas rurales para que personas con movilidad reducida puedan ir, por ejemplo, al teatro, al cine o a un centro cultural con el apoyo de transporte cuando lo necesite.
Asimismo, se contempla el desarrollo de recursos accesibles de apoyo y escucha (telefónicos, digitales, presenciales), como complemento al acompañamiento presencial. Algo que ya funciona en distintos territorios, que cuentan con dispositivos de apoyo emocional o incluso incluyen, en modalidades más avanzadas de teleasistencia, apoyo conversacional. Pero no está en todas las regiones.
Referentes de barrio
La estrategia también insta a desarrollar figuras locales de apoyo y conexión comunitaria: dinamizadores, conectores sociales, referentes de barrio. La idea es que ayuden a detectar el aislamiento, activar redes y acompañar en la vida cotidiana, en coordinación con los servicios municipales. En algunos casos también puede complementarse con voluntariado formado, pero la idea es que la base sea profesional.
No existe un modelo único, ni mucho menos, pero sí hay experiencias previas. Vela, del Observatorio Soledades, explica por ejemplo que en Barcelona, “un referente a nivel europeo”, existen lo que se conoce como “radars, que trabajan en cada barrio para generar un tejido comunitario de apoyo, y son personas significativas, puede ser el frutero, el farmacéutico”. La construcción de ese tejido es “uno de los grandes retos.”
Lo que queda patente en el documento es que no se trata de un problema individual, aunque muchas veces se haya abordado así, estigmatizando a quienes se han sentido solos, sino que se trata de un fenómeno social, multicausal, que para nada es homogéneo, y que incide en el bienestar, la salud, la participación social y la calidad de vida de quienes lo sufren.
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