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Tomarse un café en Prada o en Zara: cómo la moda también se obsesionó con la bebida de la productividad

Ya sea a través de exclusivos accesorios virales o cafeterías pensadas para consumidores aspiracionales, la cultura del café despliega todo su simbolismo en una industria siempre alerta de fenómenos para explotar

Entre los múltiples accesorios que Matthieu Blazy incorporó en la colección Métiers D’Art de Chanel el pasado diciembre, destacó un bolso con forma de vaso de café para llevar. Teniendo en cuenta que aquel desfile se celebró en el metro de Nueva York, no parece tan fuera de lugar. Nada nos homogeneiza tanto como el café, -una bebida universal-, y viajar en metro –el medio de transporte de las masas-. El bolso de Chanel emulaba uno de esos vasos blancos con tapa oscura que las redes sociales han glamurizado en los últimos años gracias a la eclosión de cafeterías de especialidad, conscientes de que presentar el café de manera aesthetic es casi tan importante como hacerlo bueno.

Otro gigante del lujo que ha hecho un guiño a este inesperado complemento es Balenciaga. La firma lanzó el año pasado un bolso-taza a la venta por 4.800 euros. Bautizado con el nombre de 9AM Clutch, el diseño no tardó en convencer a Lauren Sánchez, la mujer de Jeff Bezzos, quien fue fotografiada la pasada primavera paseando por las calles de Los Ángeles con el accesorio. Ya en 2021, Virgil Abloh subió a la pasarela en el desfile masculino otoño-invierno 2021 de Louis Vuitton un bolso donde el emblemático monograma de la firma francesa se presentaba en un diseño con forma de vaso de café, una propuesta de edición limitada que ahora se vende en plataformas de segunda mano por 2.800 euros. Otro ejemplo lo encontramos en Jacquemus. La marca fundada por Simon Porte Jacquemus va un paso más allá y directamente tiene a la venta en su tienda online y en su espacio físico en París, varios vasos de café en formato viaje, disponibles en diferentes colores y con un precio de 65 euros. Algunos de los modelos ya están agotados.

En opinión de Carmen Baniandrés Gómez, docente del área de moda de UDIT (Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología), “el auge de este tipo de productos no sólo viene desde una perspectiva irónica, sino también de la situación económica actual”. En la moda, esa situación económica está marcada por la crisis del lujo, sector que ha ralentizado su crecimiento en los últimos meses. Detrás de esta coyuntura hay varios motivos pero, según Baniandrés, uno de ellos es “la saturación de los productos de lujo”. Ante esta situación, “los principales consumidores del lujo, huyendo de los logos y de las tendencias de la industria de la moda de lujo, se han refugiado o han orientado sus intereses económicos hacia experiencias y productos totalmente exclusivos y únicos”, comenta. Por otro lado, el bolso-vaso se podría incluir en lo que la docente define como “la gran tendencia del accesorio del accesorio: es decir, el Labubu colgado del bolso o las botellas Stanley”, argumenta como una de las explicaciones tras esta clase de diseños inspirados en el café para llevar.

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Pero no solo el lujo ha encontrado en el universo del café un símbolo con grandes posibilidades de venta. Adidas tiene una línea específica que gira en torno a esta bebida. Pull&Bear lanzó en 2025 una cápsula en colaboración con Bialetti, icónica marca de cafeteras. La firma española de joyas Singularu, muy enfocada a la Gen Z, incluyó en su colección del último verano un colgante con la frase Coffe day, mientras que la marca de zapatos HUNE, también orientada al público más joven, organizó un Coffee Club el pasado octubre en Madrid como formato de presentación de sus novedades. Y el sello de ropa de abrigo Canadian Classics optó en diciembre por celebrar en la capital una Coffee Party, una tendencia al alza para quien se ha cansado de salir de fiesta por la noche.

En el ámbito de la belleza, el café como reclamo ha irrumpido con fuerza de la mano de Hailey Bieber. La empresaria y modelo, gurú de la cosmética para las generaciones más jóvenes, apostó por el café como hilo conductor de unos de los grandes lanzamientos de Rhode en 2025. La estadounidense incluyó entre sus exitosos productos de maquillaje, un nuevo tono de labial y colorete denominado Espresso. Para la promoción de este nuevo producto, la propia Hailey posó tomando una taza de café con el logo de Rhode en primer plano y en todas las creatividades de la marca, tanto en redes sociales como en su e-commerce, el café ocupa un sitio destacado.

En la era de la productividad, la sobreexposición y el cansancio crónico, el café se erige como un símbolo de estatus, incluso de éxito para quienes entienden el éxito como triunfo profesional. Las marcas están glamurizando el ritual de tomar café, dando alas a una narrativa en la que esta bebida, en general al alcance de todos, aparece reconvertida en un producto de “lujo asequible”. Una estrategia que reviste de un halo de exclusividad a lo cotidiano, como ha sucedido con el bum de la ropa deportiva devenida en uniforme de las clases altas.

Prada, marca pionera en abrir un café

Los lazos de la moda con la cultura del café se han estrechado también de otra manera. Fusionar la experiencia de compra con el acto social de tomar un café se ha convertido en algo recurrente en el mundo de la moda desde hace ya algún tiempo. Pionera en muchas cosas, Prada fue de las primeras en atraer clientes utilizando este concepto. Hace más de una década abrió un café, diseñado por el cineasta Wes Anderson, dentro de la Fundación Prada de Milán y tras el éxito del establecimiento, meca de los amantes de la moda y del diseño, poco a poco ha ido abriendo nuevos espacios bajo el nombre de Prada Caffé. El último fue inaugurado hace solo unas semanas en Harrod’s (Londres). Una forma de acercarse a nuevos clientes que no pueden permitirse ropa o complementos de la firma italiana pero sí un café Prada. Eso sí, a casi seis libras el Espresso y 11,50 el croissant. Para Baniandrés, esta estrategia responde a la necesidad de las firmas de lujo de seguir siendo relevantes en el imaginario colectivo: “Estos cafés, si bien siguen teniendo costes más altos que los habituales de especialización y que, de por sí, pueden considerarse un lujo cotidiano, la realidad es que son una experiencia a la que muchos más consumidores aspiracionales pueden acceder y disfrutar” y añade que son estos “consumidores aspiracionales” quienes “más mistifican estas marcas y mantienen vivo su estatus (…). Esa aspiración a tener un producto de una firma de lujo, a estar próximo a esta y a su universo, hasta hace poco era más común en el maquillaje y la perfumería. Ahora, aunque estos siguen siendo relevantes, la gastronomía ha ganado poder”.

Aparte de consolidar y afianzar la imagen de marca, la cercanía con el mundo del café también ha sido impulsada por los cambios de consumo puestos en marcha por la Generación Z. De acuerdo con los datos de Lincoln & York, una consultora de café afincada en Reino Unido, el 40% de los consumidores de entre 18 y 34 años beben más café fuera de sus casas que nunca. Según los datos, los más jóvenes están redibujando la forma de consumir la bebida, con preferencia por las opciones frías o heladas, incluso en invierno.

El éxito de marcas como Chamberlain Coffee, el sello de cafés de sabores fundado por la youtuber Emma Chamberlain, reflejan estos cambios en los hábitos de consumo. Adidas, Lacoste o Coach han sabido capitalizar este interés y se han sumado a la fiebre cafetera a lo grande. En el caso concreto de Coach, su plan es de lo más ambicioso. Tal y como recogía el pasado julio el portal The Business of Fashion en un artículo, la marca de bolsos y ropa está abriendo numerosas cafeterías en centros comerciales de Estados Unidos con el objetivo de acercarse a la Gen-Z. Y en España, el caso más llamativo lo encontramos en Zara y su Zacaffé, ubicado en la tienda masculina de la marca en la calle Hermosilla, en Madrid. El buque insignia de Inditex abrió el espacio en noviembre de 2024 y muy pronto se viralizó en redes sociales. En la actualidad, cuenta ya con cinco cafeterías repartidas por distintos países del mundo. “Que haya una cafetería en la tienda puede prolongar la estancia en la misma y esto funciona especialmente bien en tiendas de fast-fashion donde, como su propio nombre indica, todo sucede de una manera más rápida, incluidas las decisiones de compra”, apunta Carmen Baniandrés.

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