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Un estudio demuestra que correr maratones no causa daños cardíacos a largo plazo (al menos en los hombres)

La muerte de un hombre en la última media maratón de Madrid reinstauró el debate sobre posibles riesgos cardiovasculares de las grandes pruebas de resistencia

Los corredores toman la salida para comenzar la media maratón de Madrid, en abril de 2025. Chema Moya (EFE)

La muerte de un hombre de 38 años, uno de los dos participantes que entraron en parada cardiorrespiratoria en la última media maratón de Madrid, celebrada el pasado mes de abril, volvió a instaurar en la esfera pública el debate sobre los posibles riesgos para la salud cardiovascular de las grandes pruebas de resistencia (maratones, ultramaratones, triatlones, ironman, etc.). La atención mediática que generan estos sucesos, unida a la aparición de algunos estudios que alertaban de la existencia de una hipotética dosis segura máxima, más allá de la cual los efectos adversos del ejercicio para el corazón podrían superar a sus beneficios, despiertan de forma puntual la alerta sobre la práctica de unas pruebas deportivas que cada vez ganan más adeptos.

Sin embargo, un estudio reciente, publicado en la revista Jama Cardiology, ha concluido, tras un seguimiento de 10 años a 152 corredores aficionados de maratón masculinos, que correr los míticos 42 kilómetros de la prueba no causa ningún daño cardíaco a largo plazo. Como explica a EL PAÍS Johannes Scherr, médico jefe del Centro Universitario de Prevención y Medicina del Deporte del Hospital Universitario Balgrist (Zúrich, Suiza) y uno de los autores del estudio, históricamente esta preocupación se ha visto alimentada por varias observaciones “que, a primera vista, pueden parecer lesivas”. Por un lado, muchos atletas muestran signos agudos de una reducción de la función del ventrículo derecho, la cavidad que bombea sangre a los pulmones, tras esfuerzos extremos de resistencia. Por otro lado, una gran proporción de corredores de maratón presenta aumentos marcados de biomarcadores cardíacos, especialmente de la troponina, estrechamente vinculada a la isquemia y al infarto de miocardio.

“Fue natural plantear la hipótesis de que un maratón o un esfuerzo extremo pudiera causar una lesión miocárdica”, sostiene Scherr. Sin embargo, su investigación demuestra que la reducción de la función del ventrículo derecho y el incremento de los niveles de troponina son transitorios y regresan a sus niveles normales aproximadamente entre uno y tres días después de la realización de la maratón; y que esos cambios puntuales en la función cardíaca no dejan huella a largo plazo. “Nuestros datos ofrecen un fuerte mensaje de tranquilidad para la gran mayoría de los corredores aficionados de maratón varones: el entrenamiento repetido y la participación reiterada en maratones no se asociaron con un deterioro relevante a largo plazo de la función del ventrículo derecho a lo largo de 10 años. Desde el punto de vista clínico, esto es importante, porque sitúa el patrón agudo poscarrera en un contexto mucho más benigno a largo plazo”, argumenta.

Como añade Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), el corazón, en ese sentido, funcionaría y respondería igual que cualquier otro músculo sometido a un gran esfuerzo. “Si a un maratoniano le analizan cómo funciona el cuádriceps al acabar una carrera, verían que el cuádriceps está hecho polvo. ¿Eso significa que el maratón ha sido malo para el cuádriceps? No, todo lo contrario. Todo sobreesfuerzo tiene transitoriamente una serie de efectos sobre el músculo, pero este estudio refuerza la idea de que esos efectos no son deletéreos a largo plazo”, reflexiona.

Explica Johannes Scherr que los resultados se basan únicamente en corredores varones porque parten de un estudio inicial (Be-MaGIC), realizado en 2009 en la Universidad Técnica de Múnich, en la que Scherr ejercía entonces como médico adjunto principal del Departamento de Medicina Deportiva Preventiva y Cardiología. “Dado que también investigamos parámetros que podrían verse potencialmente influidos por el ciclo hormonal femenino, y con el fin de evitar imprecisiones diagnósticas, acordamos en aquel momento, junto con el comité de ética, incluir solo corredores hombres”, se justifica el investigador, que no obstante, al revisar la literatura científica, considera “muy probable” que los resultados del estudio se puedan generalizar a las mujeres.

El ejercicio físico destapa problemas cardíacos

Recuerda Alfonso Valle, presidente electo de la Sociedad Valenciana de Cardiología, que cada año se producen en España 30.000 muertes súbitas: “Se muere mucha más gente de manera súbita sin hacer deporte que haciendo deporte”. Para el experto en cardiología, lo que ocurre en muchas ocasiones es que este tipo de pruebas físicas destapan problemas cardíacos preexistentes y que no habían sido detectados previamente. “A partir de los 35-40 años pueden aparecer placas en las arterias coronarias que no dan síntomas, pero que se pueden romper en mitad de un gran esfuerzo y provocar un infarto. En gente más joven, la muerte súbita suele deberse a problemas estructurales del corazón no diagnosticados”, señala.

Su opinión la comparte Ignacio Fernández Lozano, que recuerda que entre dos personas de 45 años, una sedentaria y otra que corre maratones, la que tiene más riesgo de sufrir un infarto o un evento cardiovascular es la que no corre. “Ahora bien, el que corre tiene más riesgo cuando está corriendo. Igual que cuando practica sexo. Cualquier actividad que aumente la frecuencia cardíaca, la tensión arterial y que provoque que el corazón tenga una demanda mayor, pues es susceptible de aumentar los eventos cardiovasculares si existen factores de riesgo”, apunta.

En ese sentido, los expertos sí que alertan por la fiebre desatada por estas prácticas deportivas de alta exigencia entre personas de más de 40 años, ya que un porcentaje significativo de ellas ya tiene placas coronarias. “Esta tendencia social de que haya más personas mayores corriendo, que en el fondo es positiva, aumenta por otro lado la incidencia de eventos cardiovasculares”, sostiene el presidente de la SEC.

“Cuando viene un paciente y me dice que quiere correr una maratón, yo le pregunto: ¿Usted se va a apuntar al Grado para ser ingeniero de telecomunicaciones? Es una forma de hacerles reflexionar, porque mi sensación es que hemos perdido completamente el respeto a lo que implica hacer una maratón”, añade por su parte Alfonso Valle. En el caso de que alguien se haya planteado empezar a correr maratones como propósito, el cardiólogo destaca la necesidad de un entrenamiento gradual y, sobre todo, de un chequeo médico previo (electrocardiograma, test de esfuerzo, medición de la tensión, el colesterol y los factores de riesgo cardiovascular) para revisar que el corazón está preparado para el esfuerzo que se le va a exigir. “Nos gastamos una pasta en las zapatillas, pero el corazón no nos lo miramos”, señala Valle.

El experto en cardiología deportiva, no obstante, recuerda que para estar sano no es necesario hacer una maratón ni un triatlón. “La maratón es para cuerpos entrenados y con capacidad para terminarla. Para el resto, con hacer deporte moderado (salir una hora con la bici o a correr cuatro o cinco veces a la semana y hacer algo de ejercicio de fuerza) es suficiente”, concluye.

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